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lunes, 20 de abril de 2020

Mensaje Pastoral de Monseñor Santiago

Por Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía

El Metropolita de Buenos Aires y toda Argentina de la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Antioquia emitió este domingo su mensaje a toda la feligresía en ocasión de las Pascuas.

Mensaje Pastoral de la Pascua 2020

En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

A los queridos Hijos en el Señor,

Los distinguidos Sacerdotes,

El Pueblo creyente que ama a Dios.

Con motivo de la gloriosa y bendita Pascua, elevo mi sincera súplica al glorioso Señor resucitado de entre los muertos, para que Él los cubra siempre con Su protección y cuidado divino, a cada uno de Uds., a sus familiares y sus seres queridos.

Sé muy bien que la fiesta de la Resurrección de este año fue diferente a años anteriores. Soy consciente de que el dolor está llenando sus corazones debido a las circunstancias actuales que están azotando el país y el mundo entero, principalmente por esta epidemia que ha paralizado todos los aspectos de la vida y no exceptuó a nadie, incluidas las iglesias.

Pero esto no significa en absoluto que no vivamos la Resurrección este año de una manera diferente y que la vivamos según la manera del Evangelio tal como lo vivieron los Apóstoles. Piensen en los eventos del periodo de salvación, cuando Jesús fue arrestado en el Monte de los Olivos, todos los apóstoles se dispersaron y huyeron, incluido Pedro quien anteriormente había declarado al Señor Jesús públicamente y delante de todos los discípulos, que estaba listo para ir con Él a la cárcel y a la muerte.

Jesús fue solo, confrontando a los principales sumo sacerdotes que lo insultaron y lo sentenciaron a muerte y lo entregaron a las manos de Pilatos, quien lo castigó con sus soldados, que se burlaron de Él y lo condujeron a la crucifixión, lo hicieron cargar la Cruz, luego lo clavaron en ella, mientras lo insultaban y blasfemaban, y al final en lugar de agua le dieron de beber vinagre, y después de entregar Su alma, un soldado le traspasó Su lado derecho con una lanza.

El Señor enfrentó su dolor solo, fue enterrado y ninguno de los discípulos lo acompañó, y cuando resucitó de la tumba los discípulos no estaban presentes junto con Él. En cuanto a los discípulos, estaban escondidos por temor a los judíos que los perseguían, puesto que estos habían denunciado al gobernador que los discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras los guardias dormían.

Los eventos de la resurrección nunca tuvieron lugar en una atmósfera llena de paz y seguridad, sino de miedo, dolor, tristeza y soledad. A pesar de todo esto, cuando los apóstoles estaban reunidos, Jesús se les apareció. Entró en lo de Sus discípulos estando las puertas cerradas, se paró en medio ellos y les dijo: "La paz sea con ustedes", y les mostró las manos y Su costado, es decir, las marcas de los clavos y el lugar donde lo apuñalaron, para que puedan estar seguros de que es verdad, después de esto los discípulos se regocijaron de haber visto al Señor.

Ninguna de las angustias, crisis, epidemias o amenazas puede evitar que nos alegremos con la resurrección del Señor. Hemos estado angustiados durante el tiempo de la Gran Cuaresma y durante el período de la Semana Santa en nuestros hogares por temor a una epidemia, pero esto no nos impide reunirnos en nuestros hogares como los apóstoles, para alzar nuestra oración y súplica al Señor que ha resucitado de entre los muertos para que nos proteja de esta epidemia, y proteja a todas las personas que nos rodean, especialmente a las personas sin hogar, y del mismo modo rezar por los médicos y por el personal de enfermería que trabaja y está en constante vigilancia. Podemos hacer de esta crisis una oportunidad dorada para entrar en una relación personal con Dios a través de la oración.

Cuando nuestra oración proviene del corazón y con gran anhelo de resurrección, el Señor Jesucristo entra en nuestros hogares aun estando las puertas cerradas y nos dice: "La paz sea contigo". Si no es posible para nosotros compartir el servicio de resurrección en la Iglesia, entonces, sin duda la resurrección vendrá a nosotros, vendrá a todos aquellos cuyos corazones estén ardiendo y sedientos de la resurrección.

Gloriosa Resurrección y feliz Pascua, les deseo a cada uno de Ustedes, mis hijos en el Señor.

 

+ Santiago

Metropolita de Buenos Aires y toda Argentina

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