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miércoles, 29 de abril de 2020

Abril 1920-2020: Centenario imperial

Por Redacción Diario Sirio Libanés

Hace cien años, Francia y Gran Bretaña hicieron efectivo su reparto del Cercano Oriente sobre las cenizas del derrotado Imperio Otomano. Así comenzó una nueva etapa colonial cuyas nefastas consecuencias aún aquejan a la región.

Las potencias coloniales vencedoras de la Primera Guerra Mundial se repartieron el botín de guerra sin importar las terribles consecuencias de tales acuerdos que siguen pesando en la región hasta hoy.

Fue en abril de 1920, en San Remo, cuando Francia y Gran Bretaña hicieron efectivo su control colonial del Cercano Oriente, y no cuatro años antes, como se cree con demasiada frecuencia.

París y Londres anclaron sus garras coloniales en el Levante y la Mesopotamia hace hoy cien años. Sin embargo, este centenario estará muy poco marcado, porque la memoria colectiva asocia tal proceso con el Acuerdo Sykes-Picot, celebrado cuatro años antes (1916) entre los dos negociadores que le dieron su nombre.

Estos acuerdos secretos, firmados durante la Primera Guerra Mundial, no fueron implementados  sino hasta que fueron aprobados por la conferencia internacional en San Remo en abril de 1920. De este modo Francia y Gran Bretaña obtuvieron Siria y Líbano, para el primero, y Palestina e Irak, para el segundo.

Sykes-Picot

El centenario del acuerdo vio en 2016 toda una serie de eventos y publicaciones dedicadas a Sykes-Picot como el pacto fundador del Medio Oriente moderno. Sin embargo este lo fue de modo parcial ya que sus especificaciones no se cumplieron en un cien por ciento, pero si lo suficiente como para sumir a la región en un nuevo proceso colonial, bajo un formato edulcorado con el título de “mandatos”.

El acuerdo preveía, dos grandes divisiones, una para cada una de las potencias, que a su vez se subdividían en dos áreas, una de “control exclusivo” y otra de “zona de influencia”.

Así Londres obtenía el control sobre las regiones de Bagdad y Basora de Iraq, con un área de influencia mucho más grande, que incluía casi todo el actual Irak, más Jordania y el sur de Palestina.

En cuanto a París, su control directo se habría ejercido en la costa mediterránea sirio-libanesa, incluyendo el norte de la costa siria, es decir la zona de Alejandreta o Iskenderun, que luego fue entregada a Turquía en la década del ‘30. A su vez, el “área de influencia” de Francia también habría sido mucho más grande, incluyendo la totalidad de la actual República Árabe Siria más una porción del norte de Irak. 

En lo referido a Palestina, se tomó parte de ella al norte de Jerusalén a la que se le asignó un estatus internacional, lo que dejaría el terreno listo para su futuro de ocupación bajo un nuevo verdugo en el marco del, por entonces ya avanzado, proyecto sionista.

Doble juego de piratas

Estos acuerdos franco-británicos de mayo de 1916 violaron el compromiso hecho antes por Londres y París con los movimientos nacionalistas árabes, que establecerían un reino árabe, con capital en Damasco, sobre el territorio de las ex provincias liberadas del Imperio Otomano, sin incluir la Península Arabiga.

A cambio de este compromiso de las potencias europeas, una insurrección árabe nacida en la Península Árabe en junio de 1916, contribuyó efectivamente a la campaña aliada contra el ejército otomano.

Pero mientras tanto la gestión del lobby sionista en Londres ya se encaminaba a dar frutos y en noviembre de 1917, mediante un ambiguo apoyo de Gran Bretaña, el cual pese a su nulo valor legal , serviría luego para brindar impulso a las ambiciones sionistas sobre Palestina.

La llamada Declaración Balfour (fechada el 2 de noviembre de 1917) fue una manifestación pública del gobierno británico durante la Primera Guerra Mundial, para anunciar su apoyo al establecimiento de un “hogar nacional” para el pueblo judío en la región de Palestina. Dicha declaración fue incluida en una carta firmada por el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía local, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. El texto fue publicado en la prensa el 9 de noviembre de 1917.

De esta forma, el Reino Unido contradijo los compromisos contraídos previamente por Londres y París con los árabes.

Más tarde la potencia inglesa se desligó de estas promesas contradictorias y, al igual que Francia, estableció su administración militar en Oriente Medio, donde, en octubre de 1918, el Imperio Otomano capituló tras su derrota en la guerra como aliado de la Alemania del Kaiser.

Conferencia de San Remo

Al finalizar la guerra, se formó en 1919 la “Liga de las Naciones”, primer organismo multilateral y antecedente de la actual ONU, pero que basado en los artículos del Tratado de Versalles, en sus primeros años sirvió como apoyo a los objetivos imperialistas de París y Londres en el Cercano Oriente.

Es en este marco que tuvo lugar una conferencia, del 19 al 26 de abril de 1920, en la ciudad de San Remo, un centro turístico italiano, a unos cuarenta kilómetros de Mónaco, elegido por la calidad de su infraestructura hotelera.

Allí, las delegaciones de Francia, Gran Bretaña, Italia, Bélgica, Japón y Grecia que representaban el Comando Supremo Aliado, hicieron caso omiso al hecho de que la independencia de un reino árabe ya había sido proclamada en Damasco el mes anterior, sobre la base de una constitución respetuosa de los derechos de las minorías.

Lo único que importó a los participantes de San Remo fue la definición de los “mandatos” que la Liga de las Naciones confiaría a Francia y Gran Bretaña en la región.

La supuesta filosofía de tales mandatos era apoyar a los estados interesados en su camino hacia la independencia, pero su realidad fáctica fue la imposición de un nuevo tipo de tutela colonial.

El 25 de abril de 1920, los participantes acordaron asignar mandatos de la Liga de las Naciones a Francia sobre Siria y a Gran Bretaña sobre Irak y Palestina. Al día siguiente, la conferencia validó todas sus conclusiones, en preparación para el tratado de paz que se firmaría más tarde con el Imperio Otomano.

Divide y vencerás

Desde julio de 1920, las tropas francesas se mudaron de Beirut a Siria para derrotar a los nacionalistas en Damasco. Luego, sobre las ruinas del proyecto independiente árabe, y siguiendo su el axioma de “divide y vencerás” el proyecto neocolonial francés se distinguiría por fomentar la disgregación social a partir especialmente de un intento de reforzar identidades religiosas y/o sectarias.

De esta forma, los franceses intentaron dividir administrativamente a Siria entre un “Gran Líbano”, un “Estado de Damasco”, un “Estado de Alepo”, un “Estado de los Alauitas” y un “Estado de los Drusos”. No fue hasta luego de la segunda guerra mundial que el pueblo sirio pudo acabar finalmente con gran parte de ese proyecto cantonizador a partir de la independencia de la República Árabe Siria (1946) mientras los nacionalistas libaneses habían hecho lo propio en Beirut (1943) dando lugar a la República del Líbano.

Por su parte, la ocupación británica también tuvo que hacer frente a un levantamiento nacionalista en Irak, finalmente aplastado en octubre de 1920. Luego en 1922, Londres estableció el estado de amortiguación de Transjordania (posterior Emirato primero -1946- y luego Reino de Jordania desde 1950) entre sus dos zonas de mandatos de Palestina e Irak, al tiempo que incorporó la “Declaración Balfour” en su propio mandato sobre Palestina.

A la vez, otro dato no menor fue el sostenimiento bajo control inglés, mucho más extenso en el tiempo, del área en el extremo sureste de Irak frente al Océano Indico, es decir en el Golfo Pérsico. Ello fue merced a su alto interés comercial y gracias a pactos británicos preexistentes con las élites árabes dominantes en el área.

Esa zona tuvo luego su independencia recién en 1961 como un estado extirpado del control de Bagdad, dando lugar a la creación del Estado de Kuwait.

Un siglo y la lucha sigue…

Así fue como Francia y Gran Bretaña “oficializaron” su presencia en la región, a plena luz del día, y avalados por el blanqueo diplomático en 1920 en San Remo, en lugar de en las oscuras reuniones secretas de 1916.

Las consecuencias de tal dictado siguen pesando hasta hoy, con los modernos estados de la región luchando por sobrevivir de forma soberana e independiente, haciendo frente a cada nuevo embate del imperialismo del siglo XXI y la infección del terrorismo impuesto inventado, introducido y apoyado por Washington y sus históricos aliados europeos (Londres y París) así como otros tantos regionales de entre los que se destaca el gran forajido internacional y agente desestabilizador de la región que es el régimen de ocupación de Palestina, con sede en Tel Aviv. 

Una lección para meditar al cumplirse este amargo centenario.

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