En Siria, los secuestros de mujeres y niñas alauitas avivan los temores de la comunidad
Una reciente investigación del New York Times reveló aterradores casos reales de secuestros de mujeres y niñas pertenecientes a la comunidad islámica alauita desde la toma del poder del actual régimen a partir de diciembre de 2024. Los periodistas se reunieron y hablaron con decenas de personas con conocimiento directo de los casos, incluidas mujeres y niñas que tras haber sido víctimas pudieron regresar a casa.
Desde que el actual régimen de facto derrocara al presidente Bashar al-Assad a finales de 2024, familias angustiadas y activistas que intentaban ayudar han alertado repetidamente en las redes sociales sobre la misteriosa desaparición o el secuestro de mujeres y niñas de la comunidad islámica alauita.
El régimen encabezado por Ahmad al-Sharaa ha negado la ola de secuestros con tinte sectario sobre la comunidad alauita, afirmando que solo ha confirmado un caso.
Sin embargo, una reciente investigación publicada el 3 de abril por el periódico estadounidense New York Times, basada en decenas de entrevistas con mujeres alauitas que afirman haber sido secuestradas, sus familiares y otras personas involucradas en sus casos, reveló que estos secuestros han sido frecuentes y a menudo brutales.
Los periodistas, Ben Hubbard y Laura Boushnak, se reunieron y hablaron con decenas de personas con conocimiento directo de casos de secuestro, incluidas adultas y niñas que habían regresado a casa tras haber sido víctimas directas de dicho crimen.
Destacamos los puntos salientes de la investigación.
Testimonios I
Una joven de 16 años salió de su casa en el noroeste de Siria el pasado mes de mayo pasado para ir a una tienda y desapareció. Semanas después, un desconocido anónimo llamó a su angustiada familia y les dijo que tenía a la adolescente y que la liberarían si pagaban miles de dólares de rescate, según declararon cuatro personas involucradas en el caso.
La familia pagó el rescate y la joven regresó en agosto, más de 100 días después de su secuestro. Relató a sus allegados que la habían mantenido retenida en un sótano húmedo y que desconocidos la drogaban y violaban con regularidad, según atestiguaron las cuatro personas. Un examen médico reveló otra impactante noticia: regresó a casa embarazada.
El Times verificó el secuestro de 13 mujeres y niñas alauitas, además de un hombre y un niño. Cinco afirmaron haber sido violadas. Dos regresaron embarazadas.
La familia de una mujer declaró haber enviado 17.000 dólares a los secuestradores, quienes nunca la liberaron, y proporcionó capturas de pantalla de las demandas de rescate y las transferencias de dinero.
Una joven de 24 años relató haber estado retenida durante tres semanas en una habitación inmunda donde varios hombres la violaron, la golpearon, le raparon la cabeza y las cejas, y la cortaron con cuchillas de afeitar. Sus familiares también pagaron a los secuestradores y, en este caso, consiguieron su liberación, según cuatro personas involucradas en el caso.
Activistas sirios afirman tener conocimiento de decenas de secuestros similares, pero los detalles son difíciles de confirmar porque las víctimas y sus familias temen a las represalias si se atreven a hablar.
La mayoría de las personas que hablaron con el Times lo hicieron bajo condición de anonimato por temor a represalias del régimen o de los secuestradores. Por esta misma razón, el periódico estadounidense no revela la identidad de la mayoría de las personas secuestradas.
El Times corroboró los testimonios de las personas secuestradas y sus familiares, así como las publicaciones en redes sociales que anunciaban sus secuestros y liberaciones, los mensajes de rescate enviados por los secuestradores y las entrevistas con personal médico y humanitario que hablaron con las personas secuestradas tras su liberación.
Foto 1: La zona rural de Jableh, en el noroeste de Siria, fue escenario de algunos de los actos de violencia sectaria que causaron la muerte de unas 1.400 personas, la mayoría civiles alauitas, en marzo de 2025.
Ocultando la tragedia
Corroborando que la exposición de esta grave temática social y de seguridad configura una grave amenaza para el implantado régimen de Sharaa que oculta su origen sectario y extremista, muchas de las mujeres y niñas secuestradas, junto con sus familiares, afirmaron que el “gobierno” no había tomado en serio sus casos.
Nour al-Din Baba, portavoz del Ministerio del Interior, declaró en una entrevista que no podía responder a las conclusiones del Times a menos que proporcionara los nombres de los casos verificados, a lo que el periódico se negó. El funcionario afirmó que los embarazos no prueban los secuestros y que los mensajes de rescate pueden ser falsificados. «¿Dónde están las pruebas de todos esos rescates?», preguntó.
Añadió que respaldaba la investigación gubernamental publicada en noviembre, la cual examinó 42 secuestros denunciados y concluyó que solo uno de ellos era "real".
En los demás casos, explicó, las mujeres “se dedicaban a la prostitución u otros delitos, se fugaron con sus parejas o huyeron de problemas familiares”. Ellas y sus familias, afirmó, alegaron entonces haber sido secuestradas para evitar el estigma social.
Testimonios II
Las víctimas de secuestro y sus familiares ofrecieron una versión muy diferente: múltiples casos de mujeres y niñas secuestradas por hombres armados en la calle, sea cerca de sus casas o mientras hacían recados.
Declararon haber sido secuestradas por otros sirios o por extremistas extranjeros que llegaron al país durante los 13 años de guerra impuesta, con el objetivo de un cambio de régimen estatal en pos de un estado uniconfesional de corte sectario takfirí.
Muchas mujeres y niñas denunciaron que sus captores habían insultado a los alauitas, afirmando que consideraban que tenían derecho a robar y violar, una postura propagada, incluso en redes, por extremistas takfiríes tipo ISIS, que conforman la principal base de sustento del régimen de Sharaa.
Una mujer de 33 años fue secuestrada por cuatro hombres armados el verano pasado, según su propio testimonio y el de otras dos personas implicadas en su caso. Al igual que otras personas secuestradas, recordó que sus captores le preguntaron si era alauita. Ella respondió que sí y ellos le contestaron que iban a "pasarlo bien", recordó. "Querían humillar a los alauitas", afirmó.
Foto 2: “Querían humillar a los alauitas”, recordó una mujer que afirmó haber sido secuestrada el verano pasado.
Rima Flihan, directora ejecutiva del Lobby Feminista Sirio, una ONG que ha dado seguimiento a casos de secuestro, afirmó que la venganza sectaria fue el motivo de los raptos. “Es un acto sistemático que tiene como objetivo a esta comunidad”, declaró. “Están intentando hacerla vulnerable”.
El Times también documentó cinco casos de mujeres alauitas desaparecidas que permanecen sin vida, aunque no fue posible determinar si fueron secuestradas.
Una de ellas, Etab Jadid, de 41 años, desapareció en mayo tras comprar helado cerca de la costa mediterránea de Siria, según su madre, la Sra. Rabiha Shabbah. La familia denunció su desaparición a la policía, pero no ha recibido ninguna información ni tampoco ha sido contactada por los secuestradores.
Foto 3: Lugar donde desapareció Etab Jadid, 41, en mayo luego de comprar un helado
Foto 4: Madre de Etab, Rabiha Shabbah
Foto 5: La Sra. Shabbah muestra fotos de su hija desaparecida
El Times no pudo confirmar de forma independiente todos los detalles de los casos. Sin embargo, estos coincidían o presentaban similitudes notables con otros documentados por reconocidas organizaciones de derechos humanos. Amnistía Internacional declaró en julio que contaba con informes fidedignos de 36 secuestros similares y había documentado ocho casos.
En agosto, una comisión de la ONU afirmó haber documentado seis casos de este tipo y haber recibido informes fidedignos de docenas más que aún estaban siendo investigados.
El Lobby Feminista Sirio ha contabilizado 80 mujeres y niñas alauitas desaparecidas desde principios de 2025, según la Sra. Flihan. De entre ellos, 26 casos fueron secuestros confirmados, incluyendo mujeres que sufrieron abusos físicos o psicológicos, añadió.
Otros 10 han regresado a casa, 3 siguen desaparecidas y el paradero de las otras 13 sigue siendo incierto, indicó, y agregó que el régimen no ha brindado apoyo a quienes han regresado. «Más que reconocerlas como sobrevivientes, las están avergonzando», afirmó.
Criminalización de las víctimas
Todas las familias que hablaron con el Times declararon haber denunciado sus casos a las fuerzas de seguridad. Si bien algunas mujeres y niñas fueron tratadas con agentes comprensivos, muchas afirmaron que el personal de seguridad las había tratado con desdén o las había acusado, sin pruebas, de consumir drogas o de haberse fugado con sus novios.
Algunos agentes de seguridad les dijeron a las familias de las que habían regresado que mintieran sobre lo sucedido.
Walaa Ismael, de 24 años, declaró que fue secuestrada en mayo cerca de la universidad donde estudiaba en la ciudad de Homs, en el centro del país. Sus captores exigieron un rescate de 15.000 dólares, pero la liberaron después de que activistas difundieran la noticia de su desaparición en internet y su madre viuda les dijera que no podía pagar.
Foto 6: Walaa Ismael, 24, en el huerto de su familia en el noroeste de Siria
La Sra. Ismael describió a sus secuestradores como criminales motivados por el dinero, no por el sectarismo. Tras su regreso, contó que los agentes de seguridad le dijeron a su familia que dijeran que había estado visitando a una amiga. «Dije que no», recordó su madre, Iktimal Salamah. «Publiqué un video para contarle a todo el mundo lo que había pasado».
En una entrevista, un investigador policial que habló bajo condición de anonimato, dijo que había trabajado en diez casos de secuestro denunciados y que nueve de ellos habían sido «falsos». Uno era real, y la mujer había regresado embarazada. «Le destrozó la vida», afirmó.
Muchas de las mujeres y niñas que han regresado dicen sufrir traumas que han afectado su educación, sus carreras y su sueño. Algunas se han separado de sus maridos y unas pocas han salido del país, temiendo que sus secuestradores vuelvan a por ellas.
Una joven de 19 años estuvo retenida durante unos días el verano pasado por un takfirí extremista extranjero, según relataron ella y otras tres personas con conocimiento de su caso. Desde entonces, afirma, sufre de depresión, ha perdido la afición por el deporte y ha abandonado sus planes de ir a la universidad.
«Antes salía con mis amigos, pero ahora no quiero salir de casa», declaró. «Me da miedo la gente que me rodea».
Foto 7: Una joven de 19 años que afirmó haber caído en depresión, tras perder su pasión por el deporte y abandonar sus planes de ir a la universidad, luego de que hubiera sido retenida durante unos días el verano pasado por un yihadista extranjero
La joven de 16 años, que estaba embarazada, contó a sus allegados que sus captores le habían dado pastillas para dormir y habían permitido que desconocidos la violaran. Fue liberada tras el pago de un rescate de unos 2500 dólares y regresó con su familia, unos humildes jornaleros agrícolas.
El aborto es ilegal en Siria, incluso en casos de violación. Aun así, ella quería tener al bebé.
«Es mi hijo», dijo. «¿Qué hizo de malo?». En febrero, dio a luz a una niña sana.
Limitada comprensión del contexto, pero valioso reporte
La pluma del Sr. Hubbard que habla de “minorías y mayorías”, intenta aligerar el marco socio-cultural, acercándolo a la narrativa occidental y la sesgada visión de los medios hegemónicos sobre la realidad de la milenaria sociedad multiconfesional siria.
De esta forma menciona que los secuestros se producen en un contexto de “profunda desconfianza entre los alauitas, que representan aproximadamente una décima parte de la población de Siria, y el nuevo gobierno” al que erróneamente le atribuye un supuesto apoyo pleno de lo que identifica como una “mayoría sunnita” que a su vez, visibiliza a todos los alauitas como asociados con el régimen estatal derrocado.
Sin embargo, más allá de la burda simplificación derivada de la narrativa hegemónica occidental sobre Siria, el reporte del Times no deja de mencionar la ola de violencia sectaria desatada en marzo de 2025 en el noroeste de Siria, que dejó cerca de 1400 muertos de la comunidad alauita, según confirmó una investigación de la ONU que determinó que fuerzas de seguridad asociadas al régimen de Damasco participaron en los asesinatos.
Por otra parte, hechas estas salvedades, es valioso el trabajo periodístico y la cobertura testimonial recogida por los periodistas del New York Times, en virtud de la gravedad de los sucesos y la escasa o cuasi nula difusión de esta tragedia para la sociedad siria, que se ha podido ver tanto en los medios sirios, como regionales o globales.
A la fecha, casi exclusivamente las instituciones de la migración que son representativas de la comunidad islámica alauita con el apoyo de algunas ONGs sirias o internacionales, son quienes se han dedicado a difundir la persecución sectaria en general y este flagelo contra las mujeres en particular, que por desgracia solo es una demostración más de un destructivo proceso que busca hacer blanco sobre la sociedad siria en su conjunto, abonado por un fomento del sectarismo y la violencia criminal. Un proceso sumamente funcional a los objetivos de las agendas extranjeras de fragmentación y cantonalización para la dependencia.
► Nota: Ben Hubbard es el jefe de la corresponsalía de Estambul del New York Times y cubre Turquía y la región circundante. Su compañera Laura Boushnak estuvo a cargo de las fotografías. La nota original en inglés, disponible en este enlace .
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