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jueves, 05 de diciembre de 2019

Tecnocracia ya: EEUU está trabajando para orientar las protestas anticorrupción del Líbano contra Hezbollah

Por Rania Khalek (*) / Traducido por Redacción Diario Sirio Libanés

Si bien las protestas del Líbano siguen centradas en la economía y la corrupción generalizada, Washington está cada vez más decidido a explotar el movimiento como arma geopolítica en la región.

Parte 1 de un informe de dos partes

El Líbano estalló en protestas masivas en octubre. Las manifestaciones trascendieron secta y clase, y se extendieron rápidamente por todo el país. El movimiento fue impulsado por la recaudación de impuestos regresivos y la persistencia de un orden neoliberal corrupto que ha administrado mal la economía y ha vaciado el sector público al tiempo que enriquece a un puñado de élites en medio de un colapso económico inminente.

Aunque las protestas siguen centradas en los problemas de clase y la corrupción, EEUU está cada vez más decidido a cooptar el movimiento para sus propios objetivos. A la vanguardia de la agenda de Washington está derrocar a Hezbollah de la coalición gobernante libanesa y marginar al movimiento político-militar shiíta como un medio para debilitar a Irán. En su lugar, EEUU y sus representantes dentro del Líbano exigen un gobierno "tecnocrático" sin interés en resistir a Israel.

El ex embajador estadounidense en el Líbano, Jeffrey Feltman, declaró explícitamente los intereses de EEUU durante el reciente testimonio ante el Congreso y proclamó que las protestas "afortunadamente coinciden con los intereses de los Estados Unidos" contra Hezbollah. Instó a intensificar la intervención estadounidense, enfatizando "el valor de la iniciativa nacional combinada con el apoyo externo [occidental]".

Los grupos de izquierda respondieron con enojo a la retórica de Feltman, organizando una protesta frente a la embajada de EEUU y colocando un gran banner publicitario en el centro de Beirut que representa al ex diplomático sobre un eslogan que pide a Washington que deje al Líbano tranquilo.

La intromisión estadounidense en las protestas aún no es una operación a gran escala, sin embargo, ya se ha visto a través de la presencia de partidos políticos y activistas respaldados por EEUU y con apoyo de los más reconocidos equipos de la maquinaria estadounidense de cambio de régimen: la Fundación Nacional para la Democracia (NED ), el Instituto Estadounidense para la Paz (USIP) y la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID).

Juntos, estos elementos buscan popularizar el llamado a un gobierno tecnocrático y libre de Hezbollah, a través de acciones provocativas en todo el país.

Una resistencia sin líderes presiona al gobierno

Con sede en el centro de Beirut, las protestas inicialmente incluyeron a la base de la clase trabajadora de Hezbollah y activistas de la sociedad civil, simbolizando un rechazo al sistema sectario de intercambio de poder que se instaló bajo el dominio colonial francés y se reforzó bajo el acuerdo Taif posterior a la guerra civil.

A los pocos días, sin embargo, las protestas comenzaron a transformarse en una extraña mezcla, sin liderazgo, de estudiantes de clase media y media baja, junto con liberales, la sociedad civil y activistas de ONGs, partidos políticos respaldados por EEUU, pequeños grupos de izquierda, tipos hipsters y activistas anti-Hezbollah.

Si bien la gran mayoría de los manifestantes simplemente buscaban un gobierno funcional que pudiera satisfacer sus necesidades básicas, la composición actual de su movimiento y la falta de ideología entre la mayoría de los manifestantes crearon una amplia apertura para la intromisión de actores externos. Esto fue especialmente cierto para EEUU, que ha perfeccionado los métodos para cooptar movimientos de protesta antigubernamentales y manipularlos para llevar a cabo objetivos de cambio de régimen.

En el Líbano, EEUU se ha determinado abiertamente a revocar la victoria de Hezbollah en las elecciones de 2018 que le dieron una mayoría junto a sus aliados de la coalición, el Movimiento Patriótico Libre (FPM), un partido cristiano, y Amal, un partido shiíta. Esta coalición gobernante permitió a Hezbollah proteger sus intereses tradicionales, entre los cuales disuadir a Israel es primordial, sin figurar como la cara del gobierno.

Hezbollah surgió de la ocupación de Israel en el Líbano, y logró liberar el sur de la ocupación israelí en el año 2000 y nuevamente cuando los israelíes invadieron en 2006. Hezbollah también fue crucial para la derrota de ISIS, al-Qaeda y la colección de grupos extremistas sustentados por EEUU en Siria y Líbano en la guerra de poder que comenzó en 2011.

Hoy, la coalición pro-Hezbollah del 8 de Marzo representa uno de los dos principales bloques políticos que dividen el sistema político libanés. La otra es la alianza 14 de Marzo, respaldada por EEUU y Arabia Saudita.

El bloque 14 de Marzo incluye al Movimiento Futuro, encabezado por el líder sunnita y primer ministro Saad Hariri, que ha sido maneado desde que los sauditas le retiraron su apoyo financiero y lo secuestraron y torturaron brevemente. Luego está el Partido Socialista Progresista (PSP) del líder druso Walid Joumblatt, que no es ni progresista ni socialista; y las fuerzas libanesas dirigidas por Samir Geagea, un líder cristiano maronita y ex convicto señor de la guerra.

Según los cables publicados por Wikileaks, Geagea fue el principal contacto de la embajada de Estados Unidos durante los enfrentamientos de 2008 entre los dos bloques. En reuniones en la embajada, Geagea le pidió repetidamente a Washington que suministrara armas a su milicia para usarlas contra Hezbollah.

Por su parte, el bloque 8 de Marzo está compuesto por los partidos shiítas: Hezbollah, liderado por Hassan Nasrallah, el conocido y carismático líder espiritual, y Amal, encabezado por el presidente del parlamento del Líbano, Nabih Berri. El componente final de la coalición es el FPM cristiano, dirigido por el presidente libanés Michel Aoun. Desde la guerra civil, estos partidos han definido la composición política del Líbano y han influido sustancialmente en la dinámica regional.

Las protestas que han arrasado el Líbano durante el mes pasado han ejercido una enorme presión sobre la coalición gobernante, al tiempo que ofrecen aperturas políticas percibidas para sus oponentes más oportunistas, especialmente aquellos con vínculos históricos con EEUU.

Debido a las decisiones irresponsables de los políticos gobernantes que buscan enfrentarse entre sí, la situación se ha intensificado en los últimos días. Para comprender cómo se ha desarrollado la situación potencialmente explosiva, es importante examinar la génesis de las protestas.

Levantamiento contra una oligarquía fallida

El 17 de octubre, las protestas estallaron espontáneamente en el centro de Beirut en reacción a una serie de impuestos regresivos. Estos incluían un impuesto sobre Whatsapp, uno de los únicos métodos de comunicación gratuitos en un mercado de telecomunicaciones que de otro modo sería caro.

Pero los gravámenes fueron precedidos por una serie de eventos que llevaron a la inevitable explosión. A principios de octubre, los bosques del Líbano fueron devastados por incendios forestales, debido en gran parte a la negligencia e ineptitud del gobierno. El Estado, por ejemplo, no había pagado ni siquiera el mantenimiento más básico de los helicópteros necesarios para apagar los incendios.

Al mismo tiempo, la escasez de dólares estadounidenses, de la que depende la economía del Líbano, generó pánico por un colapso inminente, algo que los economistas han estado prediciendo durante años.

La ira pública se agravó por el hecho de que 30 años después de la guerra civil, el débil Estado libanés todavía no podía proporcionar servicios básicos como electricidad las 24 horas, agua potable o gestión de residuos. Esto fue el resultado del orden neoliberal que las instituciones financieras internacionales impusieron al Líbano después de la guerra civil en coordinación con las élites gobernantes del país.

Los principales partidos políticos del Líbano están dirigidos por caudillos de la era de la guerra civil que han explotado un sistema disfuncional para hacerse multimillonarios. Ellos y sus hijos hacen alarde de su riqueza en las calles y en las redes sociales.

El primer ministro Saad Hariri presenta quizás el ejemplo más visible y caricaturesco: se reveló en octubre que el niño rico había enviado USD 16 millones a su amante sudafricana.

Otro factor que impulsó las protestas fue la frustración con el sistema sectario del país, que genera corrupción y estancamiento. Según el acuerdo de reparto de poder del Líbano, el presidente debe ser cristiano maronita; el primer ministro debe ser musulmán sunnita; y el presidente del parlamento debe ser musulmán shiíta.

Esta dinámica obliga a los ciudadanos libaneses a un estado de dependencia de sus líderes de secta comunales, para los servicios, en lugar del Estado, lo que lleva a un gobierno central débil. Los diferentes líderes de la secta son extremadamente corruptos y se han enriquecido a través del nepotismo, el robo y una economía de esquema Ponzi (sistema piramidal).

El poderoso sector bancario también está politizado; se ha convertido en un enemigo de Hezbollah a través de su asociación y cooperación con las sanciones estadounidenses. Además, el jefe del Banco Central, Riad Salamah, ha aspirado a destituir al ministro de Relaciones Exteriores afiliado al FPM, Gibran Bassil, y reemplazar al actual presidente, Michel Aoun. También quiere debilitar a Hezbollah, al que él y el sector bancario ven como un imán para las sanciones de EEUU y, por lo tanto, un pasivo para sus cuentas.

Las sanciones estadounidenses recientemente impuestas ya han llevado a la liquidación de un banco libanés de propiedad shiíta, el Jammal Trust, debido a las dudosas razones de que estaba financiando la actividad de Hezbollah. (Jammal Trust era, de hecho, un aliado cercano de la embajada de EEUU y se asoció con USAID para financiar programas de alfabetización en el país).

No cabía duda de que se avecinaba una crisis económica en el Líbano, pero las sanciones estadounidenses han acelerado el proceso. Las sanciones contra Hezbollah y todo lo que se considere remotamente afiliado al movimiento político shiíta son parte de la campaña de máxima presión de EEUU contra Irán. Su objetivo es desangrar los programas de bienestar social de Hezbollah, lo que finalmente perjudica a los pobres en su distrito y también amenaza a los negocios de los shiítas adinerados.

En una economía tan precaria, unas pocas sanciones de los Estados Unidos eran todo lo que se necesitaba para empobrecer a un gran sector del pueblo libanés.

Este fue el telón de fondo de la manifestación de indignación masiva que estalló en el centro de Beirut en octubre. Al principio, un pequeño grupo de manifestantes ocupó el área. Incluyeron activistas de clase media de una protesta de 2015 contra la falta de saneamiento, así como los pobres shiítas. En el curso de su manifestación, se encontraron con un convoy perteneciente al ministro de Educación, Akram Chehayeb. Sus guardaespaldas reaccionaron con miedo y luego con exagerada agresión, disparando sus rifles al aire.

Los videos del espectáculo violento se difundieron en las redes sociales, provocando que más ciudadanos se unan a la protesta. La siguiente ola de manifestantes apuntó su ira hacia la propiedad del centro que pertenece a Solidere, la empresa de privatización y reurbanización de bienes raíces del ex primer ministro Rafiq Hariri, que se benefició enormemente después de la guerra civil al transformar las ruinas del centro en una burbuja de lujo inaccesible.

En los siguientes dos días, grupos de jóvenes enmascarados en motocicletas coordinaron eficientemente los bloqueos de carreteras en toda la ciudad, encendiendo contenedores de basura y neumáticos. Muchos de ellos eran partidarios de Hezbollah.

"Comenzamos a destruir y bloquear lo que creíamos que estaba absorbiendo el último centavo de nuestros bolsillos: Solidere", me dijo uno de ellos.

Mientras tanto, las protestas se esparcieron, llenando las calles del centro y extendiéndose a otras partes del país, atrayendo a personas de todas las clases y sectas. Pero el impulso fue de corta duración.

La base de Hezbollah desempeñó un papel importante en las protestas en las primeras etapas, con la esperanza de que las acciones callejeras brinden la oportunidad de presionar a Amal, el partido shiíta rival encabezado por Nabih Berri, el presidente del parlamento. Berri es visto como uno de los políticos más corruptos del Líbano. Los intentos de reformas de Hezbollah para ayudar a los pobres habían sido obstruidos por Amal, de ahí el intento de presionar a Berri. Amal estaba imbuido en corrupción, disfrutando de la porción shiíta del presupuesto público y provocando constantemente al distrito de Hezbollah.

Días después, los partidarios de Hezbollah de las agrupaciones estudiantiles hicieron una fuerte demostración en las protestas fuera del Banco Central. Pero luego, fueron hechos a un lado por la derecha.

Partidos alineados con EEUU se unen a las protestas

El tercer día, Samir Geagea, el líder de las Fuerzas Libanesas (LF) respaldadas por EEUU, retiró a sus cuatro ministros del Gobierno, supuestamente en solidaridad con las protestas. LF es un partido pro-estadounidense de derecha que había sido una de las milicias más brutales en la guerra civil del Líbano. Y la decisión de Geagea cambió el curso del movimiento.

Walid Jumblatt del Partido Socialista Progresista (PSP) amenazó con destituir a sus propios ministros, colocando a su partido en la oposición. Mientras tanto, los partidarios de LF y PSP se unieron a las protestas al obstruir las carreteras principales fuera de Beirut: LF bloqueó la carretera principal en Jal el Dib y otras áreas en el norte, mientras que el PSP bloqueó las carreteras en el sur.

Luego, el primer ministro Saad Hariri renunció, colocando a su partido Futuro, respaldado por Arabia Saudita y EEUU, también del lado de los manifestantes. Futuro estaba ahora en las filas de la protesta, reforzando el bloqueo de carreteras en el sur junto con miembros del PSP.

A medida que estas fuerzas intensificaron su participación, los partidarios de la clase trabajadora de Hezbollah comenzaron a retirarse del movimiento, especialmente cuando ciertos elementos comenzaron a cantar contra Hezbollah y sus armas. De repente, las protestas habían asumido un familiar y ominoso sentimiento de enfrentamiento entre los bloques 8 de Marzo y 14 de Marzo.

A lo largo de este período, el secretario general de Hezbollah, Hassan Nasrallah, pronunció varios discursos criticando las protestas como herramientas del financiamiento externo y de los partidos políticos hostiles. Su retórica solo encendió a los manifestantes y profundizó el resentimiento bien arraigado contra Hezbollah.

El multimillonario primer ministro Hariri había sido un aliado incondicional de EEUU y Arabia Saudita, e incluso posee la ciudadanía saudita. Antes de su renuncia, Hariri era parte de la coalición de gobierno de Hezbollah. Los líderes de la coalición temían que los estadounidenses atacarían a todo el gobierno y colocarían al país bajo sanciones aplastantes sin una figura alineada a Occidente como él. Decidido a deslegitimar a la coalición, Arabia Saudita obligó a Hariri a renunciar a punta de pistola en 2017, pero finalmente regresó al gobierno.

Esta vez, Hariri aprovechó las protestas para tratar de presionar a Michel Aoun para que abandonara a su yerno Gibran Bassil como canciller, a quien elementos antigubernamentales culparon por dar legitimidad a Hezbollah en el escenario internacional. Pero Aoun no cedería. Entonces Hariri renunció.

Su renuncia no solo impidió que el gobierno lidiara con la crisis económica, sino que expuso el papel de Hezbollah en el gobierno y, por lo tanto, arriesgó una nueva ronda de sanciones. El liderazgo de Hezbollah creía que la partida del primer ministro fue influenciada por los EEUU y los sauditas, y con buena razón dada la historia.

A medida que se amplió la división política, las protestas se volvieron cada vez más dominadas por miembros de la clase media y el sector de la sociedad civil y las ONGs respaldados por Occidente. Este elemento desvió las demandas iniciales de justicia de la clase trabajadora hacia un ataque total contra Hezbollah, sus armas y su liderazgo.

El cántico popular "killun yaani killun", o "todos significa todos", que inicialmente se dirigió a todo el elenco de líderes del Líbano, pronto se convirtió en un eslogan anti-Hezbollah, con manifestantes agregando, "y Nasrallah es uno de los ellos”. Pronto se produjeron enfrentamientos entre los partidarios de Amal y Hezbollah de un lado, y los manifestantes de clase media, de otro.

La Casa Blanca estuvo inicialmente cautelosa y callada sobre las protestas, sin saber a dónde podrían conducir. Pero un día después de la renuncia de Hariri el 29 de octubre, Pompeo emitió un comunicado en apoyo de las protestas y la formación de un nuevo gobierno.

De repente, una serie de panelistas y artículos de opinión se materializaron explicando cómo EEUU debería sacar provecho de la situación contra Hezbollah y, por extensión, contra Irán. Washington ve todo en el Líbano a través de una lente anti Irán, y ve a Hezbollah como un representante del gobierno de Teherán.

El Atlantic Council, un grupo de expertos con sede en Washington financiado por compañías de armas y gobiernos occidentales, así como Bahaa Hariri, el hermano de Saad Hariri, publicó un pedido para que Trump utilice las protestas del Líbano como pretexto para desarmar por la fuerza a Hezbollah. El autor fue Frederic Hof, el ex enviado especial de EEUU a Siria y miembro del Centro Rafik Hariri, que lleva el nombre del padre de Saad Hariri.

Los que habían trabajado para dirigir la llamada Primavera Árabe en dirección a la agenda de Washington volvieron a empoderarse.

Ingresando al complejo industrial de las ONG

Desafortunadamente para Washington, el núcleo del movimiento de protesta se mantuvo principalmente enfocado en la crisis económica. Aunque Hezbollah se había alejado de las filas de protesta, grupos de izquierda como el Partido Comunista Libanés, Ciudadanos en un Estado, el Movimiento Sha’ab (Pueblo) y otros elementos de orientación socialista continuaron involucrados.

En las últimas semanas, estos grupos habían estado organizando grupos de discusión y trabajando para influir en la mayor cantidad de participantes de protesta en una dirección de izquierda. Sin embargo, representan una pequeña porción de la sociedad libanesa y carecen de los recursos con que cuentan los partidos y grupos de la sociedad civil respaldados por EEUU.

Por el contrario, el Partido Sabaa rebosa de fondos. Fue fundado por Jad Dagher, un empresario libanés notoriamente sombrío que solía pertenecer a la Falange, otro partido cristiano de derecha cercano a los EEUU, que llevó a cabo infames masacres durante la guerra civil.

Dagher y su compañía DK Group fueron incorporados a la lista de sanciones de los EEUU en 2014 por supuestamente ayudar al Gobierno sirio, pero luego fueron excluídos de la lista en 2016. En promedio, la eliminación de una compañía de la lista de sanciones del Departamento del Tesoro estadounidense toma alrededor de 8 a 10 años , lo que lleva a algunos a preguntarse qué tipo de acuerdos hizo Dagher para ser borrado de la lista en solo dos.

Sabaa, que afirma tener un desdén por los partidos políticos, es considerado por la izquierda como un partido de derecha que opera bajo la apariencia de no sectarismo y liberalismo. El grupo ha mantenido una presencia significativa en la Plaza de los Mártires del centro de Beirut, estableciendo un sistema de megafonía que hizo sonar la música tan fuerte que fue difícil tener algún tipo de discusión significativa. En particular, el grupo mantuvo su nombre y logotipo ausentes de todos los materiales de protesta. Algunos activistas de izquierda con los que hablé sospechaban que Sabaa estaba usando la música a todo volumen para ahogar su capacidad de organización efectiva.

El otro gran grupo presente en las protestas del centro fue Beirut Madinati, un grupo liberal fundado por activistas de la sociedad civil y profesores de la Universidad Americana de Beirut (AUB). Este grupo surgió de las protestas de 2015 "¡Apestas!", Que se movilizaron contra la falta de recolección de basura y otras preocupaciones cívicas de la clase media.

Uno de los fundadores de más alto perfil de Beirut Madinati es Jad Chaaban , profesor de economía de AUB que trabajó en el Banco Mundial y fundó la Asociación Económica Libanesa, una mesa redonda de negocios que recibe el apoyo de USAID, Booz Allen, el Grupo del Banco Mundial y el Fundación Ford. No hace falta decir que es considerado por Washington como un aliado.

Luego están los grupos de artistas que usan lemas de las protestas de Siria, pero actualizados para el contexto libanés. Por ejemplo, el famoso canto "erhal erhal ia Bashar" (ándate andate Bashar), que se escuchó en las ciudades sirias en 2011, se reeditó con "erhal erhal ia Aoun", refiriéndose al presidente libanés Michel Aoun.

Muchas de las ONG que están presentes expresan solidaridad con las demandas económicas en el centro del movimiento de protesta. Sin embargo, estos grupos son financiados por fuerzas externas e inculcados en el discurso del liberalismo estadounidense y europeo.

Un perfecto ejemplo es Legal Agenda, una ONG libanesa financiada por la Unión Europea, la embajada de Suiza, el grupo de expertos financiado por el Gobierno alemán Heinrich Böll Stiftung y la Open Society Foundation del multimillonario anticomunista George Soros. La organización ofrece asesoramiento legal a grupos marginados, una causa noble para cubrirse. Sin embargo algunos miembros parecían estar asumiendo una línea anti-Hezbollah y me informaron que estaban convencidos de que la milicia tenía planes de usar sus armas contra los manifestantes.

Otra notable ONG es Megaphone News, un medio orientado a las redes sociales que se anuncia a sí mismo como independiente, pero que está financiado por la European Endowment for Democracy (EED), organización hermana del equipo pro cambio de régimen del Gobierno de EEUU (NED). Fundado en 2017, Megaphone ha desempeñado un papel fundamental en la producción de memes, videos y música desde el comienzo del levantamiento.

Estos diversos grupos no necesariamente comparten una agenda unificada y no siempre se llevan bien. Quizás lo único que los une es su resentimiento hacia Hezbollah.

Los izquierdistas están molestos con Hezbollah por sus políticas internas. Argumentan que el movimiento es cómplice de las políticas neoliberales que han arruinado la economía, o al menos, que no ha hecho lo suficiente para enfrentar a los jugadores notoriamente corruptos en su coalición.

También están enojados porque Hassan Nasrallah criticó las protestas como un vehículo para la influencia extranjera. Después de que estallaron enfrentamientos entre los manifestantes y los partidarios de Nasrallah, instruyó a sus electores a abandonar las manifestaciones para evitar nuevos enfrentamientos. Esto molestó aún más a los izquierdistas, ya que querían que Hezbollah continuara aportando mano de obra y recursos al movimiento.

Sin embargo, los partidarios de Hezbollah argumentan que su partido no ha estado en el poder el tiempo suficiente para cambiar nada. Insisten en una alineación estratégica con partidos como FPM y Amal para proteger su capacidad de resistir la agresión israelí. Y están convencidos de que es necesario desconfiar de la influencia extranjera en las protestas, en un país como el Líbano en el que las potencias externas están constantemente entrometiéndose.

Dada la participación de sus rivales políticos pro-estadounidenses y el sentimiento anti-Hezbollah entre algunos segmentos de manifestantes, los miembros de Hezbollah ven comprensiblemente las protestas con profunda sospecha.

En una manifestación de estudiantes de la Universidad Americana del Líbano (LAU) y la Universidad Americana de Beirut (AUB) el 26 de octubre, por ejemplo, hubo cantos a favor del desarme de Hezbollah. Otros cantaron contra Nasrallah. A los oídos de Hezbollah, esta retórica equivale a un llamado a la destrucción total de su movimiento.

En ese mismo evento, el presidente de la AUB, Fadlo Khuri, se unió a los manifestantes estudiantiles, alentándolos a continuar expresándose en las calles. El repentino apoyo de Khuri a la libertad de expresión fue una sorpresa para algunos que trabajaron bajo su administración y que lo describen como de derecha y en línea con la política exterior de EEUU.

Desde que Khuri se hizo cargo de la AUB, la facultad pro-Palestina y pro-Hezbolá se ha quejado de su implacable hostilidad. Fue Khuri, por ejemplo, quien bloqueó al profesor palestino-estadounidense Steven Salaita de asegurarse un puesto permanente en la escuela. Pero ahora de repente se ha convertido en un defensor de la libertad de expresión.

Secuestrando las protestas

La naturaleza, ideológicamente difusa y sin líderes, del movimiento de protesta del Líbano lo deja vulnerable al secuestro por parte de poderosos actores externos. Casi cualquier persona puede aparecer e inyectar su agenda en el movimiento, pero con otro nombre.

La mayoría de los participantes en el centro de Beirut dicen que odian la política, no tenían interés en los asuntos del país antes de las protestas, y parecen ser fácilmente conmovidos por cualquiera con un mensaje ingenioso. Son el público perfecto para grupos como Beirut Madinati y otros grupos de la sociedad civil que dicen tópicos vacíos y siempre parecen esquivar el tema de Israel.

Un momento revelador llegó a una semana de iniciadas las protestas, cuando un profesor estadounidense de la AUB, Robert Gallagher, tomó el micrófono en una discusión política en el centro de Beirut para pedir la creación de un gobierno paralelo. En lugar de abuchear a Gallagher, su público estalló en aplausos.

Independientemente de las intenciones de los izquierdistas involucrados, Hezbollah considera los llamados a la caída del gobierno como un intento de sus adversarios para revertir la victoria democrática del partido en las elecciones de 2018.

La línea divisoria entre los manifestantes y los críticos de las manifestaciones se ha vuelto tan extrema que las amistades han terminado. Algunos libaneses ya no están invitados a reuniones con amigos por simplemente criticar los elementos de las protestas respaldados por Occidente. Y las familias que apoyan a Hezbollah han bloqueado a familiares en las redes, por asistir a las manifestaciones.

A pesar de las diferencias internas, los partidos de izquierda siguen apoyando el papel de Hezbollah como organización de resistencia armada. Esto los diferencia de los elementos liberales y de derecha en el centro de Beirut que centran su resentimiento hacia Hezbollah en un grado casi obsesivo.

Rania Masri, una funcionaria del partido de izquierda Citizens in a State, ha insistido en que los grupos pro-resistencia permanezcan en la plaza de protesta en lugar de ceder el terreno a los grupos conservadores reaccionarios.

“¿Dejamos que otros que están involucrados decidan el discurso? ¿O tratamos de influir en el discurso? Nos consideramos (ciudadanos) responsables, por lo tanto, no seremos espectadores”, me comentó Masri. “La intervención extranjera es un hecho. La pregunta es cómo lidiar con ellos y proteger al país. Tenemos que ser sabios y no dejarles el discurso político”.

Mientras que los izquierdistas intentan mantener la línea, los partidos y activistas pro-estadounidenses afiliados a ONG y grupos de la sociedad civil han tenido más éxito en la elaboración de las demandas de protesta y en ocupar el centro de atención de los medios. Estos elementos han sido especialmente expertos en popularizar el llamado a un gobierno tecnocrático que expulse a Hezbollah de cualquier futura administración.

Mirando a Hong Kong en busca de inspiración

La demanda de protesta que ha atraído la mayor atención de los medios ha sido el llamado a la instalación de un "gobierno tecnocrático".

Activistas de grupos de la sociedad civil han estado sacando volantes impresos y carteles clamando por un gobierno tecnocrático. Algunos de los principales medios de comunicación locales propiedad de oligarcas con agendas políticas en competencia de repente comenzaron a informar, con un mensaje inusualmente unificado, que la principal demanda de protesta era por la tecnocracia.

Este llamado se extendió rápidamente entre los manifestantes no ideológicos en todo el país que han demostrado ser susceptibles a los lemas pegadizos. Pero en la práctica, ¿qué significa un “gobierno tecnocrático” en el Líbano?

No necesariamente comprendería un gobierno no político, sino uno que negaría los problemas políticos clave que enfrenta el país, especialmente Israel, los refugiados palestinos y la difícil situación de los pobres del país.

Lo que es más importante, una tecnocracia significaría un gobierno sin Hezbollah que no puede resistir a Israel o los agentes extremistas del Golfo que amenazaron al Líbano durante la guerra contra Siria. Es por eso que Hezbollah y sus aliados se han opuesto tan firmemente a reemplazar al gobierno actual.

Como era de esperar, esta demanda, que fue iniciada por partidos políticos pro americanos y equipos financiados por el gobierno de EEUU, es música para los oídos de Washington.

En su testimonio ante el Congreso en noviembre, el ex embajador de EEUU en el Líbano, Jeffrey Feltman, destacó la ventaja de la demanda: “Con los manifestantes pidiendo un gobierno tecnocrático en lugar de político, nuestros mensajes públicos pueden enfatizar nuestra expectativa de que un nuevo Gobierno libanés, el cual si busca el apoyo internacional debe abordar de manera efectiva e inmediata las aspiraciones de reforma del pueblo libanés”, dijo.

Al reclamar una tecnocracia, argumentó el veterano operativo estadounidense, los manifestantes pueden "aprovechar la próxima oportunidad electoral para despojar a Hezbollah de los socios parlamentarios que utiliza como multiplicadores de la fuerza para hacer valer su voluntad políticamente".

El Instituto Estadounidense para la Paz (USIP), una división hija del Departamento de Estado que se fundó bajo Reagan junto con el NED, se hizo eco del llamado de Feltman.

El líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, el informante de Feltman desde hace mucho tiempo, fue el primero en llamar públicamente a un gobierno tecnocrático, y lo ha seguido haciendo. Con los ojos puestos en la presidencia, Geagea culpó a Hezbollah por obstruir la formación de este gobierno tecnocrático mientras arremetía contra sus rivales cristianos del FPM, por su alianza con el partido shiíta.

El ‘influencer’ de las redes sociales, Gino Raidy , también amplificó el llamado para el nombramiento de un gobierno tecnocrático. Raidy es un blogger popular que forma parte de la junta directiva de March Lebanon, una ONG que recibe fondos de NED además de las embajadas británica y canadiense.

A través de su organización respaldada por Occidente, Raidy ha argumentado en contra de la imposición de boicots a Israel por parte del Gobierno libanés. También en su blog personal ha expresado desdén por los activistas del movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) liderado por los palestinos.

Raidy recientemente se jactó en Instagram de reunirse con un manifestante de Hong Kong en el Líbano el 11 de noviembre, el mismo día en que Nasrallah pronunció un discurso enfatizando la necesidad de que Líbano desafíe a EEUU y se abra a China.

Esta no fue la primera vez que Raidy ha expresado interés en Hong Kong. Tres días después de las protestas en el Líbano, escribió en Instagram: "Si es necesario, resistiremos como nuestros hermanos y hermanas en Hong Kong".

Las protestas de Hong Kong se han transformado rápidamente en un movimiento separatista que ha supervisado actos terroristas de violencia contra los partidarios de China, incluido el caso de un hombre quemado vivo por no estar de acuerdo con los activistas contra Beijing. También un anciano fue asesinado de un ladrillazo por la misma razón.

Muchas figuras de la oposición de Hong Kong reciben fondos de las mismas fuentes estadounidenses que Raidy, y se coordinan abiertamente con el liderazgo político de EEUU.

Raidy admitió en su blog ampliamente leído que su entusiasmo inicial por involucrarse en las protestas tuvo mucho que ver con la explotación del sentimiento anti-Hezbollah. “El momento que me hizo subir a mi auto y conducir hacia abajo para protestar, fue ver hombres y mujeres en Dahieh y Nabatieh saliendo y mostrando una clara disidencia hacia el dúo shiíta de Hezbollah y Amal”, escribió.

Antoun Issa , un académico no residente del Instituto de Medio Oriente financiado por los Emiratos, también pidió un gobierno tecnocrático, desde su Twitter : “Las demandas de los manifestantes son claras, de norte a sur, a Beirut y Bekaa. Un gobierno independiente y tecnocrático”. Poco después, Issa agitó para que Washington usara las protestas en Líbano e Irak contra Irán.

Después de su reciente renuncia, el histórico aliado de EEUU, Hariri, condicionó su participación en un futuro gobierno a que fuera tecnocrático y políticamente neutral. Mientras tanto, Hezbollah estaba presionando por un gobierno mixto con espacio para políticos y tecnócratas.

Con Hariri negándose a ceder y su insistencia en un gobierno tecnocrático, las negociaciones sobre la formación de un nuevo gabinete se han derrumbado, hundiendo al gobierno en un estancamiento a medida que se avecina una catástrofe económica.

Trayendo Ucrania a Beirut

Hong Kong no es el único caos en forma de revolución de color respaldado por EEUU que se les vende a los manifestantes en el Líbano.

El 8 de noviembre, un grupo llamado ARD.NEWS proyectó el controvertido documental de Netflix "Winter On Fire". La película presenta una vista unilateral de las protestas de Euromaidan , borrando por completo los elementos neonazis y ultranacionalistas que formaron las líneas del frente de las manifestaciones para derrocar al gobierno y reemplazarlo con una tecnocracia irremediablemente corrupta y amigable con la UE.

Este conflicto ha convertido a Ucrania en el país más pobre de Europa, haciendo que sus ciudadanos dependan de una economía de remesas y estén desesperados por irse. Se ha desatado una guerra civil en el este del país, donde EEUU ha suministrado armas al ejército ucraniano y grupos auxiliares como el neonazi Batallón Azov para luchar contra los separatistas respaldados por Rusia.

"Winter on Fire" también se ha proyectado en protestas antigubernamentales respaldadas por EEUU en Hong Kong y Venezuela. La película es esencialmente una guía práctica para cerrar efectivamente una ciudad y derrocar a un gobierno a través de protestas callejeras violentas y sostenidas. (ARD.NEWS también ha presentado al activista financiado por NED Gino Raidy en sus eventos).

El fundador de ARD, Michel Saman, es un empresario franco libanés de 28 años que dejó su empresa de viajes en Francia para participar en las protestas en el Líbano. Él y sus colegas de ARD viven principalmente fuera del Líbano. Esperan que al proyectar películas como la de Ucrania, puedan ayudar a inspirar a los manifestantes en el país, aunque no está claro qué esperan lograr.

“Y si se vuelve sangriento, vivimos afuera, volveremos en cinco años y revolución, revolución, revolución. Pero hay una posibilidad en este momento”, me dijo Saman. Agregó que el levantamiento en el Líbano ha presentado una oportunidad de mercado.

Cuando se le preguntó cómo ARD financiaba su proyecto, Saman dijo: “Hasta ahora no necesitábamos ningún financiamiento. Sí, muchas organizaciones aquí están financiadas, pero no estamos sirviendo comida. Realmente estamos educando la mente de forma gratuita. Nos cuesta $ 50 un parlante. En lugar de tomar una cerveza, solo pago $ 50 que como sabes, no es nada”.

Cuando la anfitriona del evento de ARD, Maya Acra, le preguntó a la audiencia qué similitudes vieron entre las protestas en Líbano y Ucrania, se encontró con miradas en blanco. Nadie levantó la mano para hablar durante un período de preguntas y respuestas. Semanas después, cuando el documental se proyectó en Trípoli, su impacto seguía sin estar claro.

Queda por ver si las protestas pueden ser cooptadas y redirigidas hacia objetivos de cambio de régimen centralizados por EEUU. Por ahora, siguen centrados en la economía, pero la atmósfera se vuelve más tensa cada día.

 

Fin de Parte 1. Continúa en Parte 2 en este enlace .

 

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Notas:

En la segunda parte de este informe, veremos cómo los partidos políticos respaldados por EEUU están empleando tácticas provocativas para aumentar la presión sobre Hezbollah y sus aliados, mientras que los intransigentes en Washington refinan sus planes para explotar la creciente desesperación económica de los ciudadanos libaneses promedio.

La publicación original en idioma inglés, en el sitio thegrayzone, en este enlace .

(*) Rania Khalek es una periodista independiente que vive en Beirut, Líbano y publica en su sitio http://raniakhalek.com   A su vez es co conductora del podcast Unauthorized Disclosure .

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  • Una segunda Nakba en proceso
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Editorial

El desafío del fénix

Un llamado a la reflexión de mis hermanos siriolibaneses, en medio del dolor por la tragedia de Beirut y en momentos en que confluyen y se entremezclan todos los sentimientos.

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Fachada