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jueves, 11 de agosto de 2016

Pappé: “El sionismo fue construido mediante la expropiación de tierras” (Pt. 2)

Por Khalil Bendib traducido por María Landi

Ilan Pappé es un intelectual e historiador israelí, autor de una vasta obra en la cual denuncia al sionismo y la represión constante del Estado de Israel contra el pueblo palestino. En la actualidad es profesor de historia en la Universidad de Exeter, Reino Unido, luego de ser expulsado dela Universidad de Haifa debido a su postura crítica y sus reveladoras investigaciones.

Rebelión

-Usted dice que la limpieza étnica está en el ADN mismo del Estado judío, que el cambio no puede venir desde dentro y que tendrá que venir, como en Sudáfrica, desde el exterior. De ahí la necesidad de un movimiento mundial para obligar a Israel, o para forzar un cambio de régimen en Israel, como usted decía. Díganos más sobre esta idea del cambio de régimen (que en Estados Unidos tiene una connotación más bien negativa).

-Por supuesto. Lo vinculo a otra forma en que el lenguaje correcto es falseado por la gente. Creo que cuando las masas salieron a manifestar en Egipto y en Túnez, en el mundo árabe y en otras partes, y exigían que cayera el régimen, la mayoría de nosotros se identificó con ellas. Pensamos que era un movimiento masivo no violento de personas que le decían a sus gobiernos: ustedes no son democráticos, son autoritarios; queremos que su régimen cambie.

Pero el único cambio de régimen que funcionó, como sabemos, fue el que fue derrocado por la fuerza aérea y el poder estadounidense junto con sus aliados en Irak y Afganistán. Y las consecuencias terribles de esto se pueden ver hoy en día. Por otro lado, hemos visto la caída de regímenes autoritarios en América Latina y Europa del Este. El cambio de régimen no siempre fue un ataque sangriento de fuerzas extranjeras contra la voluntad del pueblo. Así, cambio de régimen por sí mismo no es un término negativo. Depende de qué régimen se cambia y cómo se lo cambia.

Y acabo de decir que esto es ahora un discurso legítimo entre los estrategas en EE.UU., entre los que diseñan las políticas; y ellos dicen –aunque yo, como tú, tengo muchas dudas sobre su sinceridad– que les gustaría ver a los regímenes no democráticos volverse democráticos. Dejando de lado el cinismo en ciertos casos, es sorprendente que, de nuevo como en el caso de la ideología, cuando alguien plantea esa posibilidad acerca de Israel, inmediatamente lo acusan de que quiere ver la destrucción del pueblo judío. Pero es mucho peor que eso.

Soy consciente de la correlación de fuerzas; incluso con la mayor ayuda exterior, cambiar la realidad en Israel no sería un proyecto fácil. No sería fácil convencer a los millones que viven allí –hoy ya en la tercera generación– de que renuncien a los privilegios, al poder que tienen. Por supuesto, la presión internacional puede ayudar a lograrlo. Pero aún más que eso, tenemos que darnos cuenta de que generar la presión internacional desde el exterior, como cualquier palestino te dirá, es un proceso muy largo y lento.

Y mientras esperamos que la presión exterior se materialice, el ritmo de destrucción sobre el terreno se ha acelerado. Estamos frente al peligro de que, aun cuando tengamos éxito en reclutar esa presión internacional eficaz, quedará muy poco que salvar en la práctica. Y debido a eso, creo que también es importante tener metas realistas para el movimiento que lucha desde dentro.

Hemos creado un movimiento por un solo Estado, al que llamamos TODS (The One Democratic State) en todala Palestinahistórica, incluyendo Ramala, Yaffa, Haifa. Creemos firmemente – palestinos/as y judíos/as–que debemos lograr también pequeños avances hacia un cambio de régimen. Si no podemos obligar al gobierno a cambiar sus leyes de apartheid, sus políticas de limpieza étnica o de genocidio en Gaza, debemos tratar de crear enclaves que muestren que existe una forma alternativa de vivir, que vamos a seguir resistiendo estas políticas como un movimiento masivo.

No es sólo la presión exterior lo que va a funcionar. Creo que es muy importante establecer una meta realista, y que sea viable, para las personas que luchan en la base. Si tú escuchas ala Autoridad Palestina, la única meta por la que las y los palestinos deberían luchar es por un bantustán en Ramala. Esto no despierta la imaginación de nadie, como se puede ver. Ni aterroriza a los israelíes; por el contrario, están muy contentos con semejante objetivo final de la lucha palestina.

No ofrece nada a las y los judíos progresistas que comprenden que viven en una sociedad colonialista pero que sigue siendo su tierra natal, y querrían vivir en una sociedad más justa. Así que creo que el cambio de régimen aquí no es algo para esperar sólo del exterior. Es algo que se quiere hacer también desde adentro, aun si sólo se puede avanzar muy lentamente, paso a paso. Eso une a la gente, le da un objetivo claro, y la aleja de los falsos paradigmas de la paz, como la solución de dos estados.

-Usted acaba de mencionar el término apartheid y el paralelo entre Sudáfrica y Palestina, que de hecho es tan novedoso como inspirador para el futuro. Pero Chomsky, en este libro Sobre Palestina le responde que las cosas no son tan simples y que en Sudáfrica un par de cosas eran diferentes: el asentamiento de los colonos no buscaba, como en Palestina, reemplazar a la población nativa; y en Sudáfrica la intervención militar cubana en los años ochenta contribuyó a la derrota del apartheid, incluso militarmente, mientras que el equivalente no se da en Palestina. ¿Qué responde a estas dos críticas de Chomsky?

-Tiene razón, y hay muchas otras diferencias entre los dos estudios de caso. Pero creo que Chomsky y yo diferimos en una línea tenue –y creo que fue el difunto Edward Said quien definió mucho mejor de lo que yo podría hacerlo esa línea tenue que hay entre un análisis académico y el análisis de un activista. Desde un punto de vista académico, hay muchos aspectos de la realidad de Sudáfrica que son diferentes de la de Palestina; podría mencionar la falta de cualquier equivalente al lobby judío en el caso de Sudáfrica; puedo mencionar también el Holocausto como un elemento decisivo en la historia de Palestina, y no hay nada equivalente a eso en el caso de Sudáfrica.

Y por supuesto, hay diferencias entre la forma en que el régimen de apartheid se manifestó en Sudáfrica y la forma en que el paradigma o la estructura de la limpieza étnica funciona en Israel. Pero éstas son minucias que en realidad no socavan la comparación fundamental, que es la más importante.

Hay tres cuestiones aquí que creo que sólo se pueden entender si uno ve su papel no sólo como erudito que compara dos estudios de caso, sino como un activista que quiere inspirarse en una lucha exitosa y trasladar ese éxito a una lucha que hasta ahora no lo ha tenido.

Los tres puntos son los siguientes: A) La imagen internacional dela Sudáfricadel apartheid y la imagen internacional de Israel. En muchos aspectos, lo que Israel está haciendo es mucho peor que lo que hizo Sudáfrica. Esto ha sido reconocido por líderes sudafricanos y por muchas personas de conciencia en todo el mundo.

Así que ¿por qué no recibimos el mismo tipo de condena internacional, siendo Israel un Estado delincuente, como en el caso de Sudáfrica? Y una de las razones por las que no podemos hacerlo, es porque todavía no hemos hecho lo suficiente para lograrlo. No es imposible: el movimiento BDS ha demostrado en su corta historia, con sus increíbles logros hasta el momento, que podemos hacerlo; definitivamente podemos hacerlo.

B) La inspiración que la generación más joven de activistas, especialmente en Occidente, recibió de la lucha a favor del Congreso Nacional Africano, del movimiento anti-apartheid; eso es muy importante. Yla Semanadel Apartheid Israelí (IAW) ha transformado las universidades norteamericanas y europeas en espacios donde los voceros oficiales israelíes no son bienvenidos. Y esto no se podría haber hecho si nos hubiéramos atenido a un tipo de comparación meramente académica entrela Sudáfricadel apartheid e Israel.

Esto sólo se puede hacer cuando la gente entiende que la misma energía que enfureció a las personas decentes en Occidente acerca de las realidades de Sudáfrica puede enfurecer hoy a la gente sobre la situación de Palestina. Y no hubo ninguna necesidad de inventar la rueda, a pesar de que muchos estudiosos hayan demostrado que el apartheid en Israel es un poco diferente del apartheid en Sudáfrica.

C) En tercer lugar –y para mí el punto más importante–, algo que tiene que ver con los apellidos y los nombres de pila. El apellido familiar es “racismo”. El apartheid sudafricano era una sociedad racista. Israel es una sociedad racista. Sí, tienen diferentes nombres, pero pertenecen a la misma familia. Y esa familia es un paria, al menos oficialmente, en todo el mundo, excepto en un caso. Y no se puede poner de relieve este excepcionalismo sin mostrar el último caso de excepcionalismo que fue desafiado con éxito.

Y creo que por eso es tan importante no atenerse siempre a los datos minuciosos, a la comparación erudita, estricta de categorías y subcategorías, y permitirse a veces dejarse llevar por la energía que proviene de las activistas. Esa energía a veces se da cuenta intuitivamente, no de forma académica, de lo que es y lo que no es comparable; de lo que es fuente de inspiración y lo que no lo es. Por eso estoy editando un libro –que espero que salga muy pronto; la elaboración llevó mucho tiempo por varias razones técnicas– que compara a Sudáfrica con Israel. Soy el editor de esa recopilación.

Se trata de una colección de artículos editados por Publicaciones Zed en Londres. Y allí los estudiosos muestran las diferencias de una forma mucho más detallada de la que Noam describe en el libro. Sin embargo, lo que creo que es común a todos estos estudiosos es la comprensión de que hacer un estudio comparativo con Sudáfrica les abrió los ojos sobre las posibilidades en Palestina, cambió la forma de abordar la realidad de Palestina.

De hecho, es el modelo sudafricano, o el estudio de caso, lo que nos permitió deshacernos de la solución de dos estados, no sólo como una solución imposible, sino también muy peligrosa. Y no creo que se podría haber desarrollado esta perspectiva sin entender cómo funcionó el movimiento colonialista en Sudáfrica.

NdR: Pinchando aquí puede acceder a la primera parte de esta entrevista.

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