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lunes, 03 de febrero de 2020

La Impostura del Siglo

Por Cátedra Libre de Estudios Palestinos Edward Said

Declaración de la Cátedra Libre de Estudios Palestinos Edward Said (Filosofía y Letras, UBA) con motivo del llamado “Acuerdo del Siglo”.

LA IMPOSTURA DEL SIGLO

El llamado “Acuerdo del Siglo” propuesto por la Administración Trump es un paso más en la conquista de la Palestina histórica y la legitimación de la limpieza étnica y el régimen de apartheid.

Desde el 2 de noviembre de 1917 cuando mediante la llamada Declaración Balfour el Reino Unido prometiera a la Organización Sionista británica un hogar nacional en Palestina, Occidente, de la mano de esa potencia colonial primero y de los Estados Unidos después, ha venido avanzando en la conquista del territorio de la Palestina histórica, la expulsión de la mayoría de sus habitantes no judíos y el asentamiento de población extranjera para sustituir a la comunidad local.

En forma sostenida los países occidentales negaron el ingreso de extranjeros a su territorio -incluidos los judíos- alentaron el asentamiento en la Palestina bajo mandato británico y negaron las visas de ingreso a sus países a los judíos perseguidos por los nazis. Concluida la Segunda Guerra Mundial, Occidente, cómplice en su mayoría del genocidio de los europeos judíos a manos de los nazis, apoyó la conquista militar del 78 % de Palestina por parte del movimiento sionista y la legitimó mediante el reconocimiento al Estado de Israel, constituido en franca violación al art. 2 de la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe la conquista de un territorio de otro pueblo. Simultáneamente consintió la limpieza étnica del 80% de la población musulmana y cristiana de Palestina (los palestinos judíos no fueron expulsados) y la no aplicación por parte del Estado de Israel de la Res. 194/48 de las Naciones Unidas que reconocía el derecho de los refugiados palestinos a retornar a su hogar, derecho que también reconoce el art. 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En 1967 el Estado fundado por el movimiento sionista conquistó militarmente el resto de Palestina (22%) sometiendo a la población local a un régimen de control militar y apartheid en violación a todos los tratados internacionales de derechos humanos. Inmediatamente dio inicio a un proceso de implantación de población propia en los territorios conquistados en abierta violación al art. 49 de la convención de Ginebra, proceso promovido por todos los gobiernos israelíes, cualquiera fuera su color político y continuado aún después de los Acuerdos de Oslo de 1993.

La propuesta de acuerdo de la Administración Trump debe interpretarse en la misma clave de los hechos señalados más arriba con el agravante de ser presentada como una solución equitativa definitiva que nada recoge de las aspiraciones palestinas y busca perpetuar bajo un paraguas de legitimidad una dominación colonial sobre un pueblo histórico que debiera escandalizar y provocar rechazo en toda la comunidad internacional. Así, el llamado Acuerdo del Siglo nada nuevo tiene para ofrecer en aras de una solución justa, todo lo contrario, y tiene mucho para recordar sobre los mismos términos que impulsaron a la Declaración Balfour: imponer un arreglo externo sobre un territorio ajeno sin el concurso de la población local, la principal afectada, y así consolidar las bases de un proyecto colonizador que lleva más de un siglo. Esa pretensión de imposición de un acuerdo nefasto sobre un pueblo soberano es la expresión de la asimetría del conflicto y la deshonestidad que caracteriza a Estados Unidos como el proclamado “mediador” del conflicto. Nada de esto tampoco es nuevo en este marco y los Acuerdos de Camp David son un recuerdo doloroso de esto.

La propuesta del Acuerdo del Siglo también debe ser entendida como un paso más de la Administración Trump para consolidar los intereses de su socio estratégico, impulsado por un grupo dominante de sionistas que tomaron los principales puestos de la diplomacia y el poder estadounidense.

Es por eso que la misma debe ser leída a la luz de los acontecimientos recientes que buscaron consolidar el proyecto colonizador sionista e incluyeron el reconocimiento de las Alturas del Golán sirio como territorio del Estado de Israel o Jerusalén como la capital del estado sionista de hecho al mudar la embajada norteamericana allí. Esto solo puede responder a intereses geopolíticos o incluso económicos pero no resiste ningún tipo de defensa en el Derecho Internacional. Estas acciones, ilegítimas por donde se miren, pretenden revestirse de legitimidad con posterioridad y aquí es donde el Acuerdo del Siglo es instrumental.

Por otro lado, la propuesta de la administración Trump se sostiene en la promesa de prosperidad económica para el pueblo palestino a partir de la inyección de dinero y la creación de puestos de trabajo. Desde este punto de vista, el Acuerdo busca así recoger los frutos de las penosas condiciones de vista impuestas a los palestinos ofreciéndoles recompensas monetarias a cambio de la entrega de su tierra y derechos inalienables ancestrales. En la línea con las condiciones materiales para la imposición de un acuerdo perjudicial y amoral debe recordarse también la desfinanciación que la administración Trump impuso a la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (en inglés UNRWA) al retirar por completo el apoyo económico a esta organización en el año 2018. Esto tampoco resulta novedoso toda vez que durante un siglo las potencias coloniales intentaron comprar la voluntad del pueblo palestino con dádivas sin lograr su cometido.

La propuesta en cuestión significativamente se refiere a Jerusalén como la “capital indivisible” del Estado de Israel tal como lo declarara en forma unilateral el Estado sionista en 1980 y fuera rechazado por la Res. 476/80 del Consejo de Seguridad de la ONU. Nada más ajeno a la realidad y los entendimientos alcanzados entre las potencias sobre el estatus internacional de dicha ciudad. A cambio se pretende reconocer a un suburbio de Jerusalén, lejos de las pretensiones y derechos palestinos, como capital de un futuro Estado de Palestina.

El plan incluye el control por parte del Estado de Israel de todas las fronteras, las aguas del Río Jordán, el espacio aéreo y electromagnético así como el Mar de Gaza en el que se han descubierto yacimientos de gas. Este Estado de Palestina minusválido que se proyecta no podría tener fuerzas armadas propias ni hacer alianzas militares o adherir a organizaciones internacionales sin el consentimiento de Israel. De este modo se promete la ilusión de creación de un Estado de Palestina recurriendo a la ficción de corredores aéreos o subterráneos para la conexión de un territorio fragmentado, la mudanza de sectores de la población palestina a regiones del desierto del Neguev y con ello la consolidación de las colonias existentes. Adicionalmente sostiene que este Estado no tendría el monopolio legítimo de la violencia que define la naturaleza “estatal” de cualquier unidad territorial. Tampoco aquí se observa nada nuevo respecto de lo que se trató de imponer antes al pueblo palestino, incluso es peor. No hay ninguna posibilidad real de que un Estado pueda ser viable y sustentable en las condiciones que promueve el acuerdo.

Por todas estas razones, el llamado Acuerdo del Siglo pretende ser la estocada definitiva que busca avanzar aún más en el proceso de conquista de territorio extranjero, legalizando la anexión de Jerusalén Oriental (al Quds para los pueblos árabes e islámicos), el Valle del Río Jordán y gran parte del territorio de Cisjordania, incluyendo en el mismo a las tierras en las que se construyeron los asentamientos ilegales. Simultáneamente propone crear pequeñas concentraciones de población palestina sometidas al control militar israelí, sin continuidad ni soberanía territorial, propuesta similar en lo sustancial al sistema de bantustanes que el régimen racista de Sudáfrica pretendiera crear antes del acuerdo de paz de 1994 con el Congreso Nacional Africano. Los refugiados palestinos de 1948 y 1967 –cerca de cinco millones- no tendrían derecho a retornar a sus hogares y deberían ser absorbidos por los Estados árabes vecinos u otros países de religión islámica.

En definitiva, se trata de una propuesta de legalización de un régimen de conquista territorial mediante el uso de la fuerza, implantación de población extranjera, limpieza étnica y apartheid con la creación de mini-organizaciones paraestatales sin soberanía de ningún tipo, todo lo cual confirma que se trata de una propuesta de estatuto colonial en pleno siglo XXI, en franca contradicción con el Derecho Internacional y los valores proclamados por las naciones con posterioridad a 1945 para erradicar en forma definitiva la guerra y establecer la paz mundial.

No creemos que se trate de un acuerdo a tener en cuenta como una solución justa y definitiva para el conflicto en la región de Palestina, ni siquiera hay razones para llamarlo el Acuerdo del Siglo. Sí en cambio, pensamos que se trata de un instrumento que pretende consolidar un estado de negación de derechos, motivo por el cual lo entendemos como la IMPOSTURA DEL SIGLO hacia el pueblo palestino.

 

Buenos Aires, 30 de enero de 2020

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