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sábado, 18 de julio de 2020

Elecciones Legislativas en Siria: Entrevista a Pablo Sapag

Por OPEMAM

El Profesor y analista especializado, Pablo Sapag, responde a una incisiva y completa entrevista del Observatorio Político Electoral del Mundo Árabe y Musulmán (OPEMAM) de España.

En el marco de las elecciones a la Asamblea Popular Siria, programadas para el día 19 de julio de 2020, Daniel Aguilar Viñas, miembro de OPEMAM , entrevistó a Pablo Sapag, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, analista internacional y autor de Siria en perspectiva (Ediciones Complutense, 2019).

ENTREVISTA

-Al igual que en los comicios de 2012 y 2016, las elecciones legislativas del próximo día 19 vienen marcadas por las acusaciones de fraude por parte de un amplio sector de la oposición exiliado en gran medida fuera de las fronteras sirias ¿Cuál es su opinión en relación a estas críticas? ¿Piensa qué los comicios son parte de un movimiento orquestado y planificado por parte de Al Assad para legitimarse y asentarse en el poder? ¿O por el contrario constituyen una oportunidad para iniciar la reconstrucción del país y avanzar hacia un escenario de mayor estabilidad y apertura?

-Las elecciones parlamentarias del día 19 de julio se celebran de acuerdo a lo mandatado por la Constitución siria del año 2012 y al cumplirse los cuatro años de legislatura de los parlamentarios elegidos en los anteriores comicios de 2016. Se trata entonces de un proceso preestablecido, previsible y rutinario en el marco de la institucionalidad interna siria y en ese sentido se demuestra la impermeabilidad del sistema político sirio a las presiones y al ruido que pueda haber fuera de Siria.

En estos comicios, como en los anteriores, participan opositores internos, tanto del ámbito partidario como independientes. Otros opositores internos extra sistémicos lo hacen de manera indirecta por acción u omisión, o bien influyendo en la elección de quienes figuran como independientes en las listas o bien llamando a la no participación.

Así ha sido siempre y más aún después del cambio de Constitución en 2012. De ahí que la posición del tercer bloque de opositores, el de los que viven fuera de Siria, tenga más incidencia fuera que dentro de Siria, donde su capacidad de influencia es políticamente muy limitada por no decir nula y militarmente residual y anecdótica.

En realidad, una de las claves de estos comicios es que debido a la pandemia del COVID 19 se tuvieron que posponer en dos ocasiones ya que inicialmente se celebrarían en abril y luego en mayo. Ese retraso obligado por las estrictas medidas adoptadas en Siria para evitar la expansión de la pandemia en un país con su sistema sanitario destruido en cerca de un 50%, perjudica más que beneficia al Gobierno y al partido que lo sostiene.

Ha sido justamente en los tres últimos meses cuando la economía siria ha sufrido su mayor deterioro de los últimos diez años, con una acusada devaluación de la lira siria frente al dólar y al euro y un proceso inflacionario descontrolado y ni siquiera padecido cuando el país vivía un conflicto armado hoy ya absolutamente residual.

El cerrojazo económico que supusieron las medidas para reducir el impacto de la pandemia, con toques de queda de hasta 18 horas los fines de semana y de 12 a diario -durante el conflicto armado nunca hubo toques de queda de iure aunque obviamente sí de facto- combinado con las nuevas medidas coercitivas impuestas a Siria por EEUU y la UE y la crisis financiera del vecino Líbano, explican ese acusado deterioro económico.

A ello hay que sumar el creciente desajuste entre oferta y demanda experimentado desde 2018 debido a que un sector industrial sirio bajo mínimos se vio incapaz de atender la demanda creciente por el retorno a Siria de cerca de un millón de sirios desplazados en Líbano, Jordania y otros países.

Toda esta compleja situación económica y financiera afecta principalmente al Gobierno y a sus sostenedores en el Parlamento y en particular al partido Baaz. A tal extremo que hace algo menos de un mes se designó un nuevo primer ministro -Husein Arnus por Imad Khamis- al que posiblemente sustituirá otro una vez que los resultados electorales aclaren el panorama político interno y den ciertas certidumbres para los próximos cuatro años.

Sólo una vez que eso ocurra podrá retomarse la reconstrucción física del país, iniciada tímidamente en 2018 y que se paró en seco por las razones ya apuntadas.

-Además, desde el punto de vista informativo, estas elecciones son prácticamente inexistentes porque apenas se habla de ellas... ¿Opina que van a ser consideradas ilegítimas internacionalmente?

-No se habla nada de ellas en los medios occidentales precisamente para deslegitimarlas de antemano. Por eso se desconoce el hecho de que responden a la rutina institucional de Siria, con todo lo que ello significa ahora y significará para los próximos cuatro años. También se ignora la realidad de una oposición mucho más compleja y variada de lo que se cree y las verdaderas claves políticas internas de Siria.

Sin embargo y en la práctica, el desconocerlas no tendrá ya ningún efecto dentro de Siria. El Estado sirio se impuso hace tiempo en términos militares pero EEUU y la UE siguen actuando como si nada de eso hubiese pasado. Como si a través de su apoyo a Siria Rusia no hubiese vuelto a ser un gran actor internacional. Rusia ha vuelto a través de Siria y lo ha hecho para quedarse. Desconocer todo eso que es tan evidente sobre el terreno es inaudito.

Hasta hace seis meses atrás y aunque sin muchas expectativas, en Siria todavía había quienes buscaban un acercamiento a esos actores occidentales. Por voluntad propia o error de cálculo producto del desconocimiento de la realidad siria esos actores hoy han quedado totalmente fuera de la ecuación.

A Siria la obligaron a elegir y ahora ya sólo mira a Rusia, China, Irán, India, Sudáfrica, Brasil, Argentina o la República Checa. Todos esos estados sí reconocen el proceso político sirio y son socios de Siria en la reconstrucción y en el ámbito internacional, como algunos de ellos lo han sido durante el conflicto armado.

Esa es la realidad sobre el terreno, que es lo que cuenta, más aún después de un conflicto armado. En Siria las relaciones internacionales siempre se han entendido desde el multilateralismo por lo que el que una parte -que no toda la comunidad internacional- se desentienda del proceso electoral y político sirio no tiene mayor incidencia, menos aun cuando esas posiciones están muy desconectadas no sólo de la realidad interna, también de la regional y global en las que se han consolidado otros actores distintos a los del bloque que representa EEUU y sus aliados.

-Entrando en materia estrictamente electoral, ¿Piensa que el partido Baaz de Al-Assad conseguirá una mayoría holgada en el parlamento como la mayoría de pronósticos vaticinan o podría haber alguna sorpresa? ¿Cómo percibe la relación de fuerzas en la escena política siria de cara a las elecciones?

-En estas segundas elecciones desde que en 2012 se eliminó el artículo 8 de la anterior Constitución que daba al Baaz el carácter de partido hegemónico -que nunca único-, el Baaz conseguirá nominalmente la mayoría de los escaños de la Asamblea o Consejo Popular. Digo nominalmente porque en sus listas hay muchos independientes y representantes de las variadas corrientes que hay en un partido por necesidad hoy más pragmático que ideológico dado el retroceso del panarabismo clásico y de un socialismo que necesariamente debe adaptarse a la situación de post conflicto armado.

Los candidatos baazistas han sido elegidos por primera vez en un sistema de primarias que ha arrojado varias sorpresas respecto a la posición de partida que tenía la dirección. Por otro lado, y en la llamada Lista de Unidad Nacional, los baazistas comparten papeleta con representantes de otros nueve partidos, desde miembros del Partido Social Nacional Sirio (nacionalista pansirio que ha crecido mucho durante la crisis) al Partido Comunista de Bagdash, pasando por varias fuerzas nasseristas y socialistas.

Al hacer esa lista, que es solo electoral pero no de acuerdo de gobierno -se elabora en función del desigual peso distrital de cada fuerza-, y teniendo en cuenta que esta vez habrá más independientes que nunca, se han hecho ajustes que reflejan los nuevos equilibrios, no solo en el seno de un partido Baaz muy desgastado estos años, sino entre este y otras fuerzas políticas y los independientes.

Habrá una entrada en el Parlamento de políticos más jóvenes, otros vinculados a las estructuras de poder informales que hay en Siria y que han jugado un papel determinante en la crisis de estos años -mujtars, líderes religiosos y tribales- y los representantes de una nueva élite empresarial no tradicional que ha nacido y crecido durante el conflicto armado y a la que las crisis financiera del Líbano desde octubre de 2019, la pandemia por Covid19 y sobre todo las nuevas sanciones de EEUU y la UE han terminado por consolidar al tiempo que otros actores empresariales más tradicionales resultaban desplazados.

Las elecciones y lo que salga de ellas oficializarán un cambio importante en la estructura de poder siria. Se dejará atrás un parlamento cuya misión era enfrentar un conflicto armado para dar lugar al parlamento de la reconstrucción y el anclaje definitivo de Siria en un ámbito internacional donde EEUU y sus aliados europeos no son relevantes frente a otros actores estatales con los que muchos de los candidatos que se presentan por primera vez tienen buena interlocución y en su caso intereses compartidos.

Todas esas necesidades y realidades reflejan la composición de las listas de unos y otros.

-Por otro lado, teniendo en cuenta que el sistema electoral sirio solo permite una pequeña horquilla de representación para la oposición tolerada, la famosa cuota asignada a los candidatos independientes, ¿qué personalidades independientes destacaría entre las que se presentan? ¿Se permite entrever alguna señal de apertura del régimen a otras fuerzas políticas?

-En estas elecciones hay muchos candidatos jóvenes, que no pertenecen a elites tradicionales sino a la transformación radical experimentada por Siria durante estos ochos años de conflicto armado.

También participa un nuevo partido opositor interno creado estos años, El Camino para el Cambio Pacífico, liderado por Fateh Jamus. Se trata de una fuerza que presenta dos candidatos en circunscripciones importantes y que ha coincidido en propuestas con el Partido Voluntad Popular, fundado por el opositor interno y excomunista Qadri Jamil, y con el Partido Social Nacional Sirio de Ali Haidar. De hecho, hace unos años esas fuerzas crearon el opositor Frente para el Cambio y la Liberación.

Por otro lado, cabe destacar la presencia en las listas desde líderes sociales ajenos a estructuras partidarias a periodistas e intelectuales que estos años han soportado una enorme presión por mantenerse leales al Estado, que no necesariamente al gobierno.

También hay ex combatientes que representan a los desmovilizados y a los miles de mutilados. Por otro lado, los nuevos empresarios que nacieron y crecieron durante un conflicto armado tan singular como el sirio, donde los intermediarios han jugado un papel esencial, tanto en lo político como en lo económico.

Hay, por último, candidatos que en 2016 no consiguieron renovar su acta parlamentaria pero que tienen mucho que decir, por nombrar solo a una, la arquitecta cristiana María Saadeh, que también representa el peso que las mujeres tienen en las listas de varias circunscripciones.

Ese parlamento debería acompañar con sus leyes y controlar a un gobierno que en los últimos años se ha vuelto más tecnócrata y en el que destaca la reciente incorporación del ex gobernador de Homs Talal Barazi. Oriundo de Hama, empresario de éxito, de confesión sunní -como la mayoría de los miembros del gobierno sirio-, de perfil tecnócrata y con buenas relaciones transversales, fue nombrado hace un par de meses ministro de Comercio Interior y Protección al Consumidor.

Se trata de un cargo muy sensible para intentar controlar los precios a partir de iniciativas puramente estatales, como la expansión de la distribuidora estatal Suria Litiyari, la promoción de los mercados populares en los que productores y consumidores se encuentran sin intermediarios o la expansión de los productos subsidiados y cuya venta está controlada a través de la llamada bitáqat electrónikat (tarjeta electrónica inteligente).

Junto a ello están las negociaciones que puede mantener con los poderosos comerciantes al por mayor para que frenen la especulación. De acuerdo a la composición del Parlamento Barazi podría ser nombrado primer ministro, entre otras cosas por sus buenas relaciones con los Emiratos Árabes Unidos, que ya iniciaron el deshielo con Damasco reabriendo hace más de un año su embajada en la capital siria. Es una opción, aunque hay otras.

-En estos momentos la nación siria vive una de las peores crisis económicas de su historia. En el último año la cesta básica se ha encarecido en un 111%, la OMS alerta de que más del 85% de los sirios vive bajo el umbral de pobreza y por sí fuera poco en las últimas semanas hemos asistido al vertiginoso desplome de la libra siria, agravándose aún más la situación de vulnerabilidad de millones de personas que arrastran las consecuencias de un conflicto que dura ya casi 10 años. ¿Cuál cree que puede ser la influencia de este contexto en el devenir de los próximos comicios?

-De hecho, ese ha sido el gran tema de la campaña electoral. La preocupación número uno de los sirios es cómo enfrentar la difícil situación que usted señala. Todas las demandas van en ese sentido porque el sueldo medio hoy en Siria no llega a los 40 euros, habiendo perdido los sirios de manera dramática un poder adquisitivo devorado por la devaluación de la lira y la inflación.

Ha habido críticas muy duras al Parlamento y al gobierno salientes. Hay un rechazo generalizado a la corrupción y al acaparamiento de productos que han hecho algunos empresarios e intermediarios comerciales, a los que en Siria se llama mercaderes o comerciantes, a veces en un tono despectivo y acusatorio, sobre todo cuando la crítica se refiere a los precios de productos 100% sirios que no deberían experimentar subidas tan acusadas como los de importación. Ello puede desincentivar la participación, que también es un dato importante a la hora de validar implícitamente esa nueva estructura y reparto de poder que salga de los comicios.

-Siguiendo el hilo de la devaluación de la libra Siria y la inestabilidad económica que atraviesa el país, en los últimos días se han podido escuchar en la prensa internacional diversas voces que indican un aumento en el malestar general de la población y en las críticas hacía el gobierno incluso entre sectores y regiones que durante estos años le han mostrado mayoritariamente su apoyo ¿Piensa que estos acontecimientos pueden suponer el resurgimiento de protestas sociales masivas imitando a los movimientos que en 2011 dieron lugar al origen de las revueltas?

El malestar ha sido creciente, pero al mismo tiempo se descomprime al canalizarse abiertamente. Los mismos medios de comunicación públicos dedican buena parte de su programación a revelar los abusos en la fijación de precios, la corrupción de determinados funcionarios o el aprovechamiento de empresarios y comerciantes. Hay un gran debate sobre cualquier medida que el gabinete saliente adopta para hacer frente a la emergencia.

Ello ayuda en parte a descomprimir esa tensión. La recuperación de la lira respecto al dólar y el euro un 15% desde que a mediados de junio se fijó un nuevo tipo de cambio oficial y se adoptaron otras medidas, también contribuye si no a eliminar el malestar, a contenerlo.

Otro tanto puede decirse de la destitución del primer ministro hace unas semanas, que permitió ganar tiempo hasta que las elecciones ofrezcan la radiografía de la nueva estructura de poder política y económica.

En Siria, por otra parte, saben que algunos de los males actuales son circunstanciales, entre otras cosas como resultado de la pandemia y el consiguiente cierre de fronteras y ralentización económica. No estamos ante un escenario parecido al de 2011, ni en términos puramente sirios ni en lo que se refiere al contexto internacional.

-Y de ser así, ¿opina que la injerencia de actores externos y la instrumentalización de los movimientos civiles conduciría de nuevo hacia un repunte de los enfrentamientos bélicos y de la violencia cómo ocurrió en 2011 o esta vez el gobierno se mostraría receptivo a atender y canalizar las demandas de los ciudadanos sin tener que asistir a la agudización de acciones bélicas?

-Como antes, aunque de carácter mucho menor, ha habido manifestaciones parciales, sectoriales y localizadas, no conectadas entre sí y hoy sin capacidad alguna de militarizarse tal y como ocurrió en el pasado.

Por otro lado, el hecho de que la seguridad haya vuelto a casi todo el territorio sirio compensa una situación que se ve agravada por situaciones que los sirios saben puntuales, como la pandemia o las restricciones del vecino Líbano. En cuanto al Estado, hoy después de lo vivido estos años hay mayor cintura que antes para enfrentar situaciones que de ninguna manera se desconocen.

En cuanto a los intentos de desestabilización exterior, existen, pero hoy adoptan una forma distinta a la de los años precedentes, por ejemplo, a través de las medidas económicas coercitivas. La violencia, sobre todo cuando es alentada desde fuera, tiene un ciclo que no es fácil repetir de manera inmediata.

Por un lado, los estados que participaron en la desestabilización de Siria ya jugaron la carta militar, con el costo económico y político que ello representa. Por otro, los propios sirios saben el precio que se ha pagado en vidas y haciendas y seguramente hoy recelan mucho más que antes de determinados cantos de sirena que vienen del exterior, más aún al comprobar que pase lo que pase en Siria o se adopten las medidas que se adopten, la hostilidad no decrece.

Muchos sirios interpretan y asumen que el problema de EEUU y sus aliados no es tanto con Assad como con el propio Estado sirio y los sirios, que se resisten a la fragmentación, la sectarización y el vasallaje.

Contrariamente a lo que algunos esperaban, la intervención tan abierta en Siria de potencias regionales y globales ha agudizado el tradicional nacionalismo sirio, sobre todo en su forma puramente siria.

-Los opositores críticos con Al-Assad esgrimen que durante el comienzo de las protestas sociales en 2011 el gobierno reprimió con violencia a los manifestantes porque poner fin a la revolución social que había comenzado y dar pie al inicio de un enfrentamiento bélico era el escenario en el que el líder alauita y sus partidarios podrían defender mejor sus intereses y aferrarse al poder. En el caso de que las críticas hacia el gobierno y las protestas sociales fueran en aumento como se ha comentado en la pregunta anterior, ¿cree que Al-Assad intentaría nuevamente aferrarse al poder a través de la violencia o cedería ante la presión social como hicieron en su día líderes cómo Mubarak o Ben Ali?

-Bashar al Assad representa a un sistema de poder complejo, en ningún caso de tipo familiar, sectario o de monopartido -hoy ya ni siquiera hegemónico-. Representa un consenso entre los pocos terratenientes que aún quedan en Siria después del proceso revolucionario iniciado en 1963, los industriales y comerciantes, sindicatos obreros y campesinos y una mayoría de clérigos de distintas confesiones -empezando por los ulemas sunníes- que en sintonía con la mayoría de la población no desean bajo ningún concepto la confesionalización del Estado, contraria a la esencia de la sociedad siria, que es multiconfesional.

Si esa amplia alianza encontrase a otra figura representativa, entonces Assad terminaría su mandato en 2021 y no se presentaría a la reelección única que marca la Constitución de 2012. A día de hoy, sin embargo, no creo que vaya a ser el caso, entre otras cosas porque el sistema semi-presidencial sirio no pone todo el foco sobre el Jefe del Estado, que tiene algunas competencias ejecutivas, pero no todas, no lleva el día a día.

Ese sistema le fue impuesto a Siria durante la ocupación francesa por lo que los sirios lo conocen desde hace décadas y saben que en muchos casos la figura del Presidente es más representativa que ejecutiva y a la hora de buscar responsabilidades lo hacen en otra parte, como se está viendo ahora con la crisis económica, donde hay críticas muy duras, públicas y abiertas a ministros y otros miembros del Gobierno.

En todo caso, habrá que ver cuánto respaldo obtienen en las elecciones los nuevos poderes fácticos económicos y qué capacidad de influencia posterior tienen en una estructura política tan compleja y con tantos equilibrios como la descrita.

-Por otra parte, en lo concerniente a los enfrentamientos bélicos aún continuados en Idleb, ¿Cómo van a incidir las hostilidades presentes en esta provincia noroccidental en el desarrollo de las elecciones?

-La situación en Idleb no tendrá ninguna influencia, incluso en caso de que puntualmente se recrudezcan allí las acciones armadas. Es un foco residual, una provincia pequeña y periférica de la que el Estado ya recuperó cerca del 40% y sobre todo las vías de comunicación y en particular el estratégico cruce entre las autopistas M4 y M5 en Saraqib, fundamental para la reconstrucción y la reactivación económica.

Los habitantes de Idleb que se encuentren fuera de la Gobernación podrán votar en colegios habilitados al efecto en otras zonas del país. Los que están allí y en caso de que quisieran hacerlo obviamente no serán autorizados a votar ni por el gobierno local que dirige la rama de Al Qaeda en Siria (Hayat Tahrir al Sham/Jabhat al Nusra) ni por las fuerzas de ocupación turcas.

-Por último, el pasado martes 7 de Julio, durante una votación en el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China votaron en contra de prorrogar el uso de pasos fronterizos para enviar ayuda humanitaria desde Turquía hacia regiones fuera del control gubernamental. Mientras tanto EEUU y sus aliados han incrementado recientemente las sanciones económicas hacia el país mediterráneo. Como viene ocurriendo desde el comienzo del conflicto sirio y cómo ocurre en todos los conflictos alrededor del mundo, el precio de los juegos de poder y de estos movimientos de piezas en el tablero geopolítico lo paga la población civil a la que se condena al exilio, el hambre, la violencia y la muerte. ¿Cree que la solución a la situación que asola a la población siria pasa por un gobierno con Al Assad al frente que dirija las transformaciones en las estructuras de Estado a través de convocatorias de elecciones como las del 19 de Julio y de progresivas modificaciones legislativas que conduzcan hacía una mayor apertura democrática? ¿O por el contrario piensa que irremediablemente cualquier intento por mejorar la calidad de vida de los sirios y sirias pasa por la salida de Al-Assad del país y el inicio de la reconstrucción del país bajo la dirección de otras fuerzas sociales y políticas?

-Reducir la crisis siria a Bashar Al Assad no solo es una simplificación, impide entender lo que ha pasado, lo que pasa y lo que posiblemente pasará en Siria. La sociedad siria es multiconfesional y el grueso de la oposición externa representa el ideario de la Hermandad Musulmana, que quiere confesionalizar el Estado.

El islam político en Siria dejó de ser una fuerza política legal cuando se sublevó por las armas. Ocurrió en 1964 y luego entre 1973 y 1982. A partir de 2011 cooptó unas protestas con reivindicaciones tan legítimas como sectoriales, desconectadas y a veces contradictorias entre sí que también se radicalizaron al extremo de terminar siendo engullidas por el yihadismo más extremo que se ha visto a nivel mundial.

Paradójicamente ello se debe a que el sistema político sirio institucional e informalmente permite la existencia de distintas fuerzas políticas y el accionar de actores extra sistémicos muy importantes y necesarios en un estado joven, como los mujtar, los líderes religiosos y tribales.

Es decir, la única fuerza política real fuera del sistema era la Hermandad Musulmana que teniendo cuadros en el extranjero y apoyo exterior -algo que no gusta a los sirios, celosos de su independencia por razones históricas- genera muchos anticuerpos en muchos sirios de toda condición, más aún cuando la Hermandad no ha logrado superar la contradicción permanente que supone ofrecer respuestas políticas desde una denominación religiosa que es una más de las muchas que cohabitan en Siria desde tiempos inmemoriales.

La clave de la política siria pasa por ahí. Históricamente las fuerzas o políticos que son capaces de atender a la realidad multiconfesional siria son los que obtienen, por acción u omisión el respaldo del pueblo sirio para quienes la garantía estatal a la multiconfesionalidad social es la verdadera línea roja. Eso ya se ha dirimido estos años.

De no contar con un apoyo suficiente por acción u omisión -y en un conflicto armado ello es todavía más decisivo- el sistema que representa Bashar Al Assad no habría podido soportar semejante presión externa. A partir de ahí el Estado continuará con reformas iniciadas el mismo 2011 y que no por silenciadas fuera de Siria han dejado de tener cierta incidencia en el radical cambio interior experimentado por un país sometido a nueve años y medio de conflicto armado brutal del que nadie sale indemne.

Sobre el terreno ha habido cambios significativos que van desde el empoderamiento aún mayor de las mujeres sirias -hablamos de decenas de miles de viudas que hoy sostienen hogares- al reconocimiento del valor de determinadas estructuras informales de poder pasando por la transformación completa de la economía siria y sus actores.

Si la mayoría de los sirios de a pie se han tenido que reconvertir, cambiando de ocupación, de lugar de residencia y de hábitos, lo mismo está haciendo el Estado y lo seguirá haciendo, aunque solo sea por pura inercia.

Creo que el inmovilismo reside más bien fuera de Siria y en particular en aquellos que no entienden cuáles son las verdaderas claves de la estructura social, religiosa, cultural y política sirias. En Siria nunca tuvieron mucho que decir, ahora mucho menos, sobre todo si se han quedado anclados no ya en la Siria anterior a 2011, sino en la caricatura que Francia dibujó y proyectó de Siria durante la ocupación (1920-1946), sino antes.

Parafraseando al intelectual cristiano árabe Edward Said, un retrato orientalista propio de la tradición maniquea y binaria del pensamiento occidental del que beben teorías igualmente pueriles y alejadas de la realidad como el "choque/alianza de civilizaciones".

Dentro de Siria y después de lo que ha ocurrido estos años, pocos creen ya que pueda haber algún punto de encuentro entre esa forma sectaria y desenfocada de acercarse a Siria y la realidad interna, cotidiana e histórica de un país que hoy por una necesidad derivada de la fuerza de los hechos busca consolidar su alianza con socios más fiables y comprensivos de su realidad al tiempo que se desconecta de aquellos que han alentado su desestabilización.

Casi diez años de conflicto armado de gran intensidad alimentado desde el exterior lo cambian todo. En ese contexto se producen estas elecciones y las que vengan de acuerdo al cronograma sirio.

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