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Editorial
martes, 27 de mayo de 2014

El Papa en Tierra Santa

Por Yaoudat Brahim

El Papa Francisco, de visita a Palestina, ha dado algunas señales acerca de lo que piensa con respecto al conflicto en la región. Ha descripto su estancia en Belén como una visita al "Estado de Palestina", lo cual reitera el reconocimiento del Vaticano a este derecho esencial de los palestinos de establecer su estado independiente. Terminó visitando la tumba del fundador del sionismo que originó la tragedia del pueblo pelestino. Política, Religión y algo más.

El Papa Francisco, de visita a Palestina, ha dado algunas señales acerca de lo que piensa con respecto al conflicto en la región. Ha descripto su estancia en Belén como una visita al "Estado de Palestina", lo cual reitera el reconocimiento del Vaticano a este derecho esencial de los palestinos de establecer su estado independiente. De ello se desprende su apoyo a la solución de dos estados. Su rezo frente al muro del apartheid construido por los israelíes marca, aunque simbólicamente, su rechazo al mismo. Su almuerzo con varios niños palestinos que han sufrido la opresión de la ocupación y el sufrimiento en sus cárceles expresa una sensibilidad humana hacia una pequeña muestra de millones de palestinos que han vivido, nacido, sufrido y muerto en campos de concentración llamados campamentos de refugiados. Su elección de cómo arribar a Belén demuestra su rechazo a la ocupación y su voluntad de no otorgarle legalidad a la presencia israelí en Jerusalén. Todas estas actitudes han provocado el malestar israelí y el rechazo de los fundamentalistas judíos especialmente los colonos.

El Papa ha dicho que su visita es de carácter religioso, pero no pudo escapar de la dolorosa realidad que vive el pueblo palestino y tomó la iniciativa de invitar a los presidentes palestino e israelí a rezar en el Vaticano, donde se espera que plantee alguna sugerencia para la solución definitiva y global del conflicto.

En este sentido, el Vaticano siempre sostuvo una postura basada en ciertos conceptos religiosos para la solución de la cuestión de la ciudad de Jerusalén. Pretende obtener garantías internacionales para que la ciudad, capital de Palestina, usurpada por los israelíes en 1967, sea declarada como una ciudad internacional abierta a los seguidores del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo.

Esta postura choca de llano con las pretensiones israelíes que sostienen que es su capital eterna e indivisible, y contradice al mismo tiempo las aspiraciones palestinas de recuperarla como la capital de su propio estado.

El Vaticano concuerda, hasta cierto punto, con los israelíes en tratar la cuestión de Jerusalén desde una visión religiosa, mientras que los palestinos abordan la cuestión desde una concepción nacional e histórica. Esta concepción religiosa pretende negar la historia  e imponer las creencias religiosas para solucionar un problema de índole político. Ello explica la preferencia de Israel de que haya del lado palestino un grupo islámico que hegemonice los derechos de los palestinos para que la discusión sea entre pares. Prefiere que se imponga Hamas en Palestina y triunfen los grupos islamistas en los países árabes, lo cual acabaría por transformar la cuestión nacional palestina en una cuestión religiosa, y por ende se sentarán a discutirla jerarcas religiosos y no dirigentes nacionales.

Se circunscribe en esta opción, buscada y anhelada por Israel y financiada por Occidente, la decisión del Papa Francisco de invitar a dos argentinos a acompañarlo en su viaje, uno de religión judía, el rabino Abraham Skorka y el segundo de religión islámica, Omar Abbud. Su presencia es "una señal extremadamente fuerte y explícita" dijo el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi.

Skorka visitó durante esta gira los Territorios Palestinos y una zona musulmana de Jerusalén, mientras que Abbud acudió al Muro de las Lamentos y al monumento de Yad Vashem dedicado a las víctimas del Holocausto.

Sin entrar en consideraciones acerca de la representatividad de los mencionados dentro de sus respectivas comunidades religiosas, esta invitación puede ser interpretada por los israelíes como una manifestación clara de que el Vaticano entiende la cuestión palestina como una cuestión religiosa. Las intenciones del Papa Francisco son sanas y tienden a buscar una solución a un conflicto crucial que es la madre de todos los conflictos en aquella región. Sin embargo, estas intenciones terminan mezclando términos políticos con religiosos y étnicos y sin haber querido, pueden ser utilizadas por los poderes políticos, especialmente la fuerza de ocupación en Palestina en actitudes funcionales  a sus propósitos.

Los intentos de borrar el aspecto nacional de la cuestión palestina y convertirla en cuestión religiosa son un objetivo permanente de Israel y las potencias occidentales. Es de esperar que utilicen las buenas intenciones del Papa para avanzar en esta tarea. Israel ha intentado siempre condicionar las negociaciones con los palestinos y los árabes en general al exigir que se le reconozca su condición de estado judío. De allí su apoyo a la invasión a Irak que terminó por sepultar, aunque momentáneamente, el aspecto nacional de las aspiraciones de los iraquíes y convertirlos en seguidores de esta o de aquella comunidad religiosa. De allí también, su apoyo para consolidar la influencia del movimiento religioso Hamas y debilitar la dirigencia laica del pueblo palestino y de allí se entiende su apoyo actualmente a los grupos extremistas taqfiristas en Siria.

Para Israel no hay mejor que AL Qaeda y sus derivados. Son dos caras de la misma moneda. Ambos quieren convertir la región en un escenario de lucha religiosa. Y ambos están chocando con una realidad insoslayable cuya tergiversación no durará mucho tiempo. Por más que se esfuercen, el pueblo palestino no será ni musulmán ni cristiano, y seguirá siendo pueblo palestino compuesto por creyentes cristianos, musulmanes y judíos. Por más que traten de tapar la realidad, no todos los judíos abandonaron sus países y fueron a vivir a Israel porque no todos los judíos son israelitas o sionistas y muchos de ellos, marginados, no están a favor del estado israelí. Por más que tergiversen la historia, la ciudad de Jerusalén seguirá siendo más antigua que las tres religiones y seguirá siendo una ciudad construida por los antiguos palestinos, los cananeos jebuseos.

Los planes de convertir la cuestión palestina en cuestión religiosa darán a los millones de musulmanes, cristianos, y judíos de todo el mundo derechos inexistentes en Palestina porque los únicos dueños de estos derechos son aquellos que la han poblado desde los albores de la historia hasta el presente en forma continua e ininterrumpida, hayan sido judíos, cristianos, musulmanes o ateos.

El Papa argentino ha entrado en la arena de este conflicto impuesto a la región. Anhelamos que tenga la necesaria prevención política para no caer en el barro de las pretenciones israelíes o de las grandes potencias que no tienen ni el más mínimo interés en lograr la paz y restablecer los derechos de los palestinos a tener su estado o a retornar a sus hogares.  El hecho de haberse convertido en el primer pontífice en visitar y depositar flores ante la tumba del fundador del sionismo y padre de la idea del estado de Israel, Theodor Herzl, no forma parte en nuestra opinión de las medidas de prevención y de cuidado en ese sentido.

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