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miércoles, 13 de febrero de 2019

Trilogía de obras de Edward Said (I)

Por Martin Alejandro Martinelli (*)

Análisis e influencia de tres obras claves de la bibliografía del intelectual palestino Edward Said.

 

Parte I (continúa en Parte II y Parte III )

Orientalismo, Cultura e imperialismo y La cuestión palestina

El objetivo de este artículo es analizar en conjunto la obra de Edward Said, así como su influencia. Esta ha recibido el reconocimiento internacional por uno de sus libros principales, como el que se conmemora y pone en nuevas valoraciones este año, el cual forma parte de una trilogía que componen además Cultura e imperialismo y La cuestión palestina, dos afirmaciones más teóricas y la presentación de un caso que hace cuatro décadas era ignorado a escala mundial.

Orientalismo

El orientalismo es una noción con la que se buscó explicar la respuesta de Occidente (entendido como Estados Unidos y Europa) al islam y la experiencia de la civilización musulmana. Tanto es así que desde la academia, los medios y Hollywood, se representó una imagen y se construyó una idea de Oriente. Dichos medios masivos han desempeñado un papel preponderante en el siglo XX y lo que va corrido del XXI, hasta el punto de que esa información fragmentada se presenta como una descripción objetiva de la realidad. Las imágenes y conceptos que se divulgaron acerca del Medio Oriente y el «mundo árabe» estuvieron al servicio de la política exterior occidental y el imperialismo que impulsaban.

Luego de la disolución de la Unión Soviética, y por consiguiente del «comunismo» enemigo, el nuevo «otro» fueron tanto el islam como los musulmanes. De ese modo, se deshumanizó toda una cultura mediante la estrategia de representar a los países donde la mayoría de la población es islámica como terroristas, salvajes y despóticos. Se resignificó así una antigua demonización (Murphy, 2005).

Según las propias palabras de Said, el orientalismo es un estilo de pensamiento basado en la distinción ontológica y epistemológica que se establece entre Oriente y Occidente. En tal sentido, numerosos escritores han aceptado esta diferencia esencial entre Oriente y Occidente para confeccionar teorías, novelas, descripciones sociales e informes políticos relacionados con Oriente, su gente, sus costumbres, su «mentalidad» o su destino.

En líneas generales, la acepción de orientalismo más admitida es la académica, etiqueta que sirve para designar una gran cantidad de instituciones de este tipo. Alguien que enseñe, escriba o investigue sobre Oriente es un orientalista, y lo que él hace, orientalismo. Orientalismo, por un lado, se trata de poner en discusión el término, y comenzó con los imperialismos británico y francés decimonónicos.

El orientalismo es la más grandiosa de todas las narrativas, un discurso (o metadiscurso) global que representa a Oriente. Los textos orientalistas, por una parte, ayudaron a crear conocimiento y la realidad supuesta que describieron, y por otra parte, esto convergió en el colonialismo y le sirvió como plataforma. Este libro, que se convirtió en una corriente de pensamiento, estableció jerarquías en relación con lo político y el poder, dado que demostró los vínculos entre el orientalismo y el imperialismo.

Las críticas hacia esta obra destacada fueron que estaba reducido al Medio Oriente y dejaba de lado lo que podría denominarse los demás orientes: chino, indio o del Sureste Asiático, a la vez que el análisis era muy general. Y principalmente, que no ofrecía una resistencia al eurocentrismo —analizado, entre otros, por Samir Amin—, al tiempo que no reconocía a predecesores de las ideas que planteó, tales como Tibawi, Abdel Malek o Panikkar.

Retomaremos aquí en primer término a Tibawi, quien propuso que el orientalismo moderno se basó en imágenes medievales del islam y buscó diseminar la idea de una supuesta inferioridad árabe. Y en segundo lugar, a Abdel Malek, que esbozó una idea persistente: el hombre europeo, blanco y cristiano, se puso desde la antigüedad griega como la medida de todos los hombres en todas partes. En los diferentes aspectos, el Oriente sería el pasado, estático, monolítico y ahistórico; el estudio del árabe como lengua muerta lo ejemplifica. En suma, esto absolvería de culpa al colonialismo, al que se le acusa de un pretendido atraso en las regiones conquistadas (Sardar, 2004, pp. 100-132).

Pese a esto último, debemos señalar que el orientalismo es tanto una disciplina como un discurso de poder, e incidió para perpetuar el dominio de Occidente sobre las demás regiones del globo. Esa visión, que estuvo acompañada de la visión eurocéntrica, continúa en la actualidad, aun cuando con un pensamiento cada vez más crítico.

Cultura e imperialismo

En Cultura e imperialismo, otra de sus obras más destacadas, y como continuación de su libro más conocido, Orientalismo, Said le otorga un papel notable a la novela como constructora de sentido. Así pues, el orientalismo es un modo de relacionarse con Oriente, basado en el lugar especial que este ocupa en la experiencia de Europa Occidental.

Allí analiza el siglo XIX, época en que el pensamiento relativo a la identidad resultó estratégico en las culturas imperialistas. Estas influyeron a escala mundial, condicionadas por nociones alusivas a «ser inferior», «razas sometidas» y «pueblos subordinados». En esa misma centuria, la oposición Oriente-Occidente estuvo realzada por el racismo y el colonialismo irradiados desde Europa. La distinción entre Occidente-Oriente predominó en la literatura, la pintura y la música europeas decimonónicas. Esa imagen de Oriente con su despotismo, sensualidad y fecundidad maravillosos, se usufructuó para justificar el colonialismo. De acuerdo con los pensadores europeos, Oriente quedó establecido como sinónimo de lo exótico, lo femenino y lo originario.

Así las cosas, surgió un abismo entre las dos identidades culturales supuestas al promoverse la orientalización de Oriente y lo oriental, al igual que un fuerte sentimiento de identidad cultural amurallado. Este estuvo esencializado hasta el grado de hacer de Oriente el gran otro de Europa, junto con África y América (Said, 2001, pp. 40-41).

En ese sentido, los imperialistas proyectaron la idealización de una superioridad «blanca» o europea, expresada en la «carga del hombre blanco» o la mission civilisatrice. La academia europea generalizó la concepción de una supuesta supremacía a través de su interpretación de las diferencias humanas. Las exploraciones en África, la conquista de América, el colonialismo y la esclavitud son acontecimientos ocurridos en ese contexto histórico (Martinelli, 2013).

(Continúa en Parte II y Parte III )

Nota (*): Martin Alejandro Martinelli es Doctor en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nacional de Luján, especializado en Historia y Política del Cercano Oriente.

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