Masivas protestas en Siria tras aumento de hasta un 40% en el combustible
El régimen de Damasco aumentó el diésel un 40% y la nafta un 28%, desatando movilizaciones en al menos seis gobernaciones de un país que lleva más de una década asfixiado por el terrorismo económico estadounidense y por la guerra terrorista impuesta contra el Estado Sirio.
Protestas masivas estallaron en múltiples ciudades y gobernaciones de Siria después de que las autoridades de Damasco anunciaran el 13 de septiembre un aumento de hasta el 40 por ciento en el precio del diésel y del 28 por ciento en la nafta. Los manifestantes quemaron neumáticos y bloquearon durante horas la autopista internacional Damasco-Alepo a la altura de Maarat al-Numan, en el sur de Idlib.
Las movilizaciones se extendieron por las gobernaciones de Idlib, Alepo, Hama, Deir Ezzor, Raqqa y Hasakeh. En varias localidades, los manifestantes impidieron el paso de camiones cisterna y exigieron la renuncia del ministro de Energía, Mohammad al-Bashir. Se trata de gobernaciones con una población eminentemente sunnita que, en su momento, fueron presentadas como la base de apoyo natural del actual régimen de facto de Ahmed Sharaa.
Según el propio al-Bashir, Siria produce actualmente unos 102.000 barriles de petróleo diarios, pero necesita 325.000 para cubrir la demanda interna, lo que obliga al país a depender de importaciones para cubrir la diferencia. El Comité Permanente de Precios de Productos Petroleros emitió un boletín de precios "temporal", fijando la nafta de 95 octanos en 195 libras sirias por litro (alrededor de 1,60 dólares) y la de 90 octanos en 185 libras (1,52 dólares). El diésel registró la suba proporcional más pronunciada.
El régimen justificó el aumento en tres factores: el alza global de los costos energéticos derivada del cierre del estrecho de Ormuz tras el inicio de la guerra estadounidense-israelí contra Irán en febrero; los ataques ucranianos contra refinerías rusas; y la parada técnica de la refinería de Baniyas, cuya capacidad se busca elevar de 80.000 a 130.000 barriles diarios. El Ministerio de Energía añadió que la Compañía Siria de Electricidad adeuda unos 1.700 millones de dólares a la Compañía Petrolera Siria por suministro de gas y otros recursos energéticos.
Las explicaciones técnicas chocan con una realidad que los sirios viven en carne propia: la población permanece empobrecida después de más de una década de las llamadas "sanciones" estadounidenses diseñadas para estrangular económicamente al Estado Sirio. Las esperanzas de que la situación económica mejorara tras el levantamiento parcial de esas sanciones —presentado por Washington como un gesto hacia el "nuevo gobierno" de Damasco— se han desvanecido. La inflación se agravó desde la caída del gobierno de Assad, y los aumentos de combustible impactan directamente en el transporte, la agricultura, la industria y la calefacción, en un país donde millones de personas ya viven por debajo de la línea de pobreza.
Mientras tanto, parte del petróleo que transita por Siria ni siquiera está destinado al consumo local. Tras el cierre del estrecho de Ormuz, algunos productores del Golfo comenzaron a transportar crudo por vía terrestre a través de territorio sirio hasta el puerto de Baniyas, pero ese petróleo es exportado hacia Europa y otros mercados, no volcado al abastecimiento interno.
La paradoja es elocuente: la "nueva Siria" funciona como corredor de tránsito energético para otros, mientras su propia población no puede pagar el combustible.
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