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jueves, 19 de marzo de 2026

Siria ya no tiene quien la describa

Por Pablo Sapag M.

El espeso, incómodo y vergonzante silencio que desde hace quince meses se impone sobre lo que viene ocurriendo en Siria, empezando por una sucesión de masacres sectarias sin precedentes desde 1860, llama poderosamente la atención estos días, ya que la región de la que toma su nombre el Estado, que no es otra que la de Siria Natural, vive una de las mayores crisis de seguridad de su historia contemporánea.

Durante casi catorce años la República Árabe Siria salía, un día sí y otro también, en los medios de comunicación de todo el mundo. Ello no quiere decir que entre principios de 2011 y finales de 2024 se difundiera lo que realmente allí estaba pasando. Propaganda no es sinónimo de información y salvo contadas excepciones, lo que se publicaba era lo primero y no lo segundo.

Siendo así y consumado hace quince meses el cambio de régimen estatal agitado por esa misma propaganda, lo que viene ocurriendo desde entonces no solo era previsible, sino obligado. La contracara de la propaganda es siempre la censura, esa que busca ocultar las verdaderas causas, objetivos y consecuencias de aquello que con afán persuasivo se venía buscando y proclamando a los cuatro vientos.

El espeso, incómodo y vergonzante silencio que desde hace quince meses se impone sobre lo que viene ocurriendo en Siria, empezando por una sucesión de masacres sectarias sin precedentes desde 1860, llama todavía más la atención estos días. Y así es porque la región de la que toma su nombre el Estado, que no es otra que la de Siria Natural y no “Medio Oriente” u “Oriente Próximo”, vive una de las mayores crisis de seguridad de su historia contemporánea. La razón es que ha quedado en medio del fuego cruzado entre la alianza atacante sionista-occidental y un centroasiático Irán a la defensiva.

Se oculta también que para atacar sin pausa Beirut, el Valle de la Beqaa e invadir nuevamente por tierra el Líbano, la entidad sionista-occidental está utilizando el territorio de la República Árabe Siria adicionalmente ocupado a partir del mismo 8 de diciembre de 2024, cuando se produjo el cambio de régimen estatal sirio. Son más de 600 kilómetros cuadrados extra, incluido el estratégico Jabal Sheij, lo que los occidentales, tan dados a una muy onanista propaganda semántica-onomástica, llaman Monte Hermón.

De acuerdo a esa maestría persuasiva, a nadie debería extrañar que no tardando impongan un cambio de nombre a la propia República Árabe Siria. Total, si de alguno de los adjetivos se tratase o el último se considerase como nombre propio, a efectos esencialmente fonéticos sería cuestión de sustituir y/o eliminar alguna que otra letra, dependiendo del purismo lingüístico o la intención política de cada cual. De hecho, la forma de transcribir oficialmente el nombre de Siria ha variado antes y después del cambio de régimen estatal de acuerdo a decisiones más políticas que idiomáticas, aunque también.

Esa pequeña y sutil modificación sería más que suficiente para reflejar nominal y fielmente la consolidación y orientación sectaria específica del nuevo régimen estatal en construcción. Lo del sustantivo sería un poco más complicado, aunque dada la actual y creciente influencia de las monarquías autocráticas del Golfo ¿por qué no? La jordana no sirve. En origen, no ahora, demasiado qawmi, demasiado siria. Ahí no funcionaría el cambio de letras.

Desde el 8 de diciembre de 2024 la entidad sionista también controla el espacio aéreo de la República Árabe Siria, lo que permite a Israel atacar al Líbano a placer con aviones, drones y misiles, no solo desde su límite norte –el asignado por los británicos o el auto adjudicado- y el Mediterráneo.  Ahora también desde un flanco oriental, que durante décadas les estuvo vetado dado el poder militar y la autonomía política del anterior régimen estatal sirio. Eran los tiempos en los que se decía aquello de que en la región no se podía lograr una paz honorable y digna sin el concurso de Siria, sobre todo después de 1978, cuando Egipto reconoció y estableció relaciones diplomáticas plenas con la entidad sionista. Hasta entonces se decía eso de “no se puede hacer la guerra sin Egipto”. En fin.

Se omite también que la agregación de milicias, muchas de ellas yihadistas, que componen las fuerzas armadas del nuevo régimen estatal en construcción han sido movilizadas masivamente a las fronteras de esa parte de Siria con Iraq y Líbano, lo que casualmente o no favorece la estrategia sionista-occidental en su enfrentamiento con Irán y sus aliados iraquíes y libaneses.   

No news, good news?

Llama la atención especialmente que de esa movilización de tropas del nuevo régimen estatal sirio apenas informen medios árabes que se han definido editorialmente desde el panarabismo y el pansirianismo. Caso emblemático es el del rotativo libanés Al Akhbar (Las Noticias), que durante años mantuvo una sección fija titulada “Siria”, en la que todos los días se publicaban varias informaciones sobre lo que ocurría en la República Árabe Siria. Desde hace unos días ya no existe más. Ahora, además de las de Líbano y Palestina, sus informaciones se ordenan de acuerdo a las etiquetas de Oriente Árabe, Magreb Árabe, Península Arábiga y Cuenca del Nilo. Quedan así condenadas a lo meramente anecdótico o a la total irrelevancia tanto la República Árabe Siria como la Siria Natural. Ambas subsumidas en otras categorías que responden a intereses distintos a los de la población de una y otra. Descriptores de fantasía y político-propagandísticos acuñados en cancillerías y oscuros “escritorios” o secciones de los servicios de inteligencia occidentales.

Siria también ha ido desapareciendo paulatinamente de Al Mayadeen, canal de televisión y portal noticioso que tanto empeño profesional dedicó a cubrir la crisis siria desde 2011 y hasta la imposición del cambio de régimen estatal. Pasan días enteros y recientemente incluso semanas, sin que se publique ninguna información sobre lo que sucede en Siria. Los primeros días que siguieron al 8 de diciembre de 2024, Al Mayadeen seguía identificando sus informaciones sobre Siria con la bandera del anterior régimen estatal, la blanca, negra y roja con dos estrellas adoptada en 1958, cinco años antes de la llegada del partido Baaz al poder. Poco después dejó de publicar bandera alguna asociada a informaciones sobre la República Árabe Siria.

Un abanderado llamado… WhatsApp 

De acuerdo a los hechos, entendía Al Mayadeen que la enseña verde, negra y blanca con tres estrellas impuesta en dos fases por el Reino Unido y Francia (en 1916 y 1932, respectivamente), había sido adoptada sin mediar consulta popular o cambio constitucional legal y democrático alguno, por mucho que apenas días después del cambio de régimen estatal la aplicación de mensajería WhatsApp la convirtiera «urbi et orbi» en oficial.

De esta forma, la empresa dirigida por Mark Zuckerberg cambiaba automáticamente y con carácter retroactivo el emoji con la bandera de la República Árabe Siria. Lo hizo sin esperar siquiera a que las autoridades instaladas en Damasco por las potencias que forzaron el cambio de régimen estatal –incluida Rusia- adoptaran ninguna decisión formal respecto a un símbolo que debe proyectar la voluntad manifiesta de la población de un Estado y la historia y legado del mismo.

Tampoco hablan ya mucho de Siria los adláteres de think tanks o “centros de estudios” financiados por poderosos grupos de presión, regímenes occidentales o autocracias de la Península Arábiga a Anatolia.  Seudo académicos y supuestos periodistas a sueldo –en realidad activistas- que durante catorce años situaban a Siria como el centro del mundo hoy han pasado página, omitiendo incluso los informes actuales de un Observatorio Sirio de los Derechos Humanos que antes era referencia obligada. Tal vez porque siendo una organización de raigambre islamista, como todos los demás “revolucionarios” sin pedigrí yihadista, hoy ha quedado fuera del nuevo poder validado y sostenido desde Moscú a Washington y de París a Ankara, pasando por Doha, Riad y Abu Dhabi.

Como mucho y en banales eventos aquí y allá, correveidiles y propagandistas emboscados hablan de las disyuntivas de la “revolución” en presencia de los representantes del nuevo régimen, más de alguno, sobre todo los de la misma filiación sectaria que las autoridades instaladas en Damasco, lo fue orgullosamente del anterior hasta el mismo 8 de diciembre de 2024.

Sufridos recaderos, esbirros, costaleros, mamporreros, sicarios, o mozos, ni más ni menos, que de dos regímenes estatales contrapuestos. Personajes que en chats de WhatsApp justifican sus contorsiones, felonías, contradicciones o “sacrificios” por haberse encontrado en una “encrucijada personal” o haber sido “arrollados por la Historia” o la marea de una “revolución” de la que se lucran personalmente. Independientemente de su régimen, diligentes cafiches del Estado de ayer, de hoy y de siempre.  

Por todo eso es que fuera de la propia Siria apenas se sabe que 2025 fue el año con más muertes violentas desde 2018 o que en lo que va de 2026 decenas de civiles han sido asesinados en ajustes de cuentas sectarios o crímenes propios de una delincuencia común desbocada que ha situado a Siria como el país con más criminalidad de la zona y uno de los diez más peligrosos del mundo, de Deraa a Alepo y de Idlib a Deir ez-Zhur.     

Ley seca en Damasco

También se ignora la subida de un 600% (seiscientos por ciento) de las cuentas de la luz en un país con el 91% de la población bajo el umbral de la pobreza según la ONU, o el desguace de Tamico, la farmacéutica estatal que proporcionaba a la población remedios baratos, hoy crecientemente sustituidos por fármacos turcos de mayor precio, que no valor. Eso, o la imposición de códigos de vestuario o la reciente prohibición definitiva a la venta libre y consumo en bares, restaurantes y cafeterías de Damasco de cualquier bebida alcohólica.

Se ha hecho a través de una ordenanza que señala, geo localiza y enclaustra sectariamente a los cristianos y “sus” botillerías en los barrios de Qasaa, Bab Touma y Bab Sharqui –donde solo se podrá vender pero no consumir-, obviando otros muchos, como Taballeh, Jaramana, Mezzeh, Abu Rummanhe, Malki, Barzeh, Kfar Soussa, Shalaan, Jedid Dimashq, Muhajereen, Jabal Qasioun y un largo etcétera hasta completar casi toda la geografía damascena. Lugares en los que también siempre se vendió y consumió alcohol y donde, cómo no y antes que cualesquiera otros, desde tiempos inmemoriales viven y circulan cristianos, como poco, tan sirios como los demás. De paso la ordenanza impone a musulmanes de distintas corrientes una visión única sobre un tema que en Siria jamás fue materia de controversia y mucho menos de semejante reglamentación.

Incierto futuro para el ‘araq Al Mimas o Saba, la cerveza Afamia o los caldos de Viña Al Jarjour, producidos en el oeste sirio. Desenlace previsible si se atiende a que las potencias concertadas para el cambio de régimen y, en consonancia con ellas las autoridades instaladas en Damasco, han dejado de hablar de sirios sin apellidos. Lo que se usa hoy es aquello de “mayoría” y “minorías”, obviamente sectarias, que no políticas. El lenguaje siempre va por delante y avisa de lo que viene, que ya llegó.

Con tanto vacío, tanto mutismo, tanta ley del hielo y tanta luz de gas, eso de “Siria es el corazón latiente del mundo árabe”, proclamado por Nasser, suena harto extemporáneo. También aquello de que “todo ser humano civilizado tiene dos patrias: la suya propia y Siria, cuna de la civilización”, atribuida alternativamente a intelectuales locales y extranjeros. Lo que prevalece hoy es el silencio, al que sucede el olvido y a este…        

 

 

 

► Pablo Sapag M. es investigador y Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile y de otras universidades de América Latina, Europa y Oriente Medio. Es autor de “Siria en perspectiva” (Ediciones Complutense), cuya nueva edición con lo sucedido los últimos dos años en Siria, Líbano y Palestina puede encontrarse en formato e-book (aquí ) o formato físico (aquí ).

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