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martes, 03 de febrero de 2026

Rusia, Turquía, Siria y… Bashar al-Asad. Certezas e incógnitas

Por Pablo Sapag M.

Angustiados y ocupados en sobrevivir, la mayoría de los sirios no han reparado estos días en un hecho que, evidenciando la actual irrelevancia del Estado sirio y de ellos mismos, da sentido a lo que viene sucediendo, al menos, desde hace catorce meses.

Angustiados y ocupados en sobrevivir, la mayoría de los sirios no han reparado estos días en un hecho que, evidenciando la actual irrelevancia del Estado sirio y de ellos mismos, da sentido a lo que viene sucediendo, al menos, desde hace catorce meses.

Al tiempo que con desesperación la población buscaba con qué pagar unas cuentas de la luz que desde el 1 de enero de 2026 han subido un 600% (seiscientos por ciento) y una jornada más trataban de sortear la mayor ola de criminalidad y violencia étnica, sectaria y tribal desde los estertores del imperial régimen turco-otomano, el ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov ofrecía una entrevista a la televisión estatal turca TRT . Lo hacía coincidiendo con la segunda visita a Moscú en apenas cuatro meses del designado por potencias regionales y globales presidente interino de Siria. Un Ahmed al Sharaa (Abu Mohammed al Golani) al que durante años Rusia decía combatir a sangre y fuego para frenar la extensión del yihadismo, el terrorismo y otros ismos de ocasión.

Cantonalización del noreste sirio

La entrevista a Lavrov coincidió también con la consumación de la fragmentación del noreste de Siria, donde turcos, estadounidenses, franceses y rusos han impuesto la creación del discontinuo cantón kurdo de Hasakeh-Kobane (Ain al Arab). Una especie de Gaza-Cisjordania a la siria o una versión harto más modesta de la región kurda iraquí de Erbil. En todo caso, bastante menos que la ensoñación de “Rojava” y otras formulaciones de los separatistas kurdo-sirios, o no. Todo ello envuelto en propaganda de factura anglo estadounidense propicia para persuadir a un público global ayuno de cualquier conocimiento sobre Siria. De paso también a unos sirios que por ignorancia, fanatismo étnico-sectario, tribalismo, cinismo, ingenuidad o puro afán de supervivencia aceptan que les vendan una y otra vez como gran novedad histórica lo ya implementado o lo que sencillamente no existe más, como unas fabulosas reservas petroleras ya antes de 2011 menguantes y agotadas como importante fuente de ingresos estatales.

Como han destacado respetados juristas e historiadores del constitucionalismo sirio, los derechos lingüísticos y culturales de los kurdos de Siria quedaron totalmente garantizados por la ahora de facto derogada Constitución de 2012. El otorgamiento de la nacionalidad siria a casi 300 mil kurdos de origen no sirio ya fue decretada en abril de 2011 por el Presidente de Siria Bashar al-Asad. Entonces, el Estado también aceptó compartir tareas de seguridad con milicias kurdas en la Gobernación de Al-Hasakeh y especialmente en algunos barrios de las ciudades de Qamishli y Al-Hasakeh. Por ese mismo acuerdo el aeropuerto internacional de Qamishli siempre estuvo bajo control de las fuerzas del anterior régimen estatal sirio hasta su aparentemente inopinado colapso en diciembre de 2024. En definitiva, nada nuevo.     

Sobre esa cantonalización de mínimos, pero al fin y al cabo cantonalización como la diseñada por Francia en 1920 y manifestada en la bandera triestelada que le impuso a Siria en 1932 y hoy recuperada de facto, también fue preguntado Lavrov. El ministro de exteriores ruso no tuvo empacho en reconocer que «hoy en Siria están empezando a tomar forma procesos largamente imaginados con nuestros amigos turcos, en particular respecto de la integración política de las comunidades kurdas en las estructuras gubernamentales, militares y de seguridad del país».

Historia, memoria y propaganda 

Todo ello desde una perspectiva imperialista de vocación histórica compartida a partes iguales y con entusiasmo por rusos y turcos. Sigue Lavrov: «Turquía, como cualquier gran estado, tiene sus propios intereses nacionales, que defiende, entre otras cosas, apelando a la memoria histórica del pueblo turco y al legado otomano. Lo comprendemos perfectamente. Además, Rusia, como país con presencia de grupos turcos durante siglos, participa en diversas iniciativas para preservar esta memoria e historia compartidas y, en la actualidad, aprovechar esa experiencia histórica con fines políticos constructivos».

Nada demasiado distinto a lo que hace unos meses le dijo el presidente estadounidense Trump al turco Erdogan en la Casa Blanca, cuando lo felicitó efusivamente por haber sometido a Siria a sus designios, algo que Trump recordó los turcos vienen buscando desde hace dos mil años. Poco que reprochar en todo caso, porque Lavrov habló de ese oxímoron llamado “memoria histórica”. Un constructo que nada tiene que ver con la Historia y que cambia a capricho del interesado, incluidos muchos sirios que sin rechistar han permitido que el 6 de Mayo, Día de los Mártires en recuerdo de los patriotas sirios colgados en la plaza pública por los turcos en 1916, haya sido eliminado del calendario de festividades nacionales. Todo para no molestar al “gran estado” turco ni afectar su “memoria histórica e intereses nacionales”. Como se eliminó el 6 de Octubre, que conmemoraba la única victoria siria sobre Israel, la de 1973, en este caso, para no importunar a los sionistas, su memoria e intereses.

Animada por la sorprendente e inusual franqueza del ruso, la periodista turca no pudo evitar preguntarle si van a entregar a Bashar al-Asad a las autoridades instaladas y sostenidas por ellos y sus socios en Damasco. El normalmente enigmático Lavrov contestó: «Este asunto no se ha planteado desde hace mucho tiempo. Nuestros socios conocen perfectamente las circunstancias que rodearon la llegada del presidente al-Asad y su familia a la Federación Rusa en diciembre de 2024».

Sus socios en el expediente sirio, además de turcos, estadounidenses, británicos, franceses, alemanes, israelíes, qataríes y saudíes son también las fuerzas de Golani. En septiembre de 2025 él propio Golani confirmó en una entrevista que: «cuando llegamos a Hama, se llevaron a cabo negociaciones entre nosotros y Rusia. Al llegar a Homs los rusos se mantuvieron al margen de la batalla y se retiraron por completo de la escena militar como parte de un acuerdo entre nosotros y ellos». Algo similar volvió a decir el presidente interino y otras autoridades instaladas en Damasco en una película propagandística y de factura hollywoodiense estrenada con motivo del primer aniversario de su inverosímil viaje y fantástico asentamiento en la capital siria.   

De conflicto armado a guerra

Pero lo más relevante del excurso de Lavrov vino a continuación, al señalar que «en aquel entonces Siria se encontraba en plena guerra, con intensos combates urbanos y un ambiente de gran tensión. Su vida corría peligro inminente. Por razones puramente humanitarias, se le ofreció refugio. Él lo aceptó. Como podrán observar (si siguen nuestra política interna), Bashar al-Asad ya no juega ningún papel en la vida política siria».

Contrasta la descripción de Lavrov de “plena guerra, con intensos combates urbanos y un ambiente de gran tensión”, que en realidad no se vivía en Siria desde al menos 2018, con la idea proyectada en dicha película propagandística de un más o menos apacible y fulgurante paseo de 12 días desde Idlib a Damasco de la milicia Hay’at Tahrir al Sham. Recorrido en el que apenas habría habido escaramuzas serias entre los yihadistas y las insólitamente desaparecidas fuerzas del ahora fenecido Ejército Árabe Sirio, las mismas que durante catorce años los mantuvieron a raya a un inmenso coste de vidas sirias. Salvo que Lavorv se estuviera refiriendo no a las acciones de barbudos combatientes locales y extranjeros en tenidas variopintas desplazándose en camionetas pick-up, si no a las de fuerzas armadas estatales, las únicas que legalmente pueden librar guerras, definidas como legítimos mecanismos de resolución de conflictos entre estados.

El ministro ruso, que estudió relaciones internacionales, debería saber que todas las guerras son conflictos armados, pero no todos los conflictos armados son guerras, ni los que se dan entre estados ni los internos. Cabe preguntarse, entonces, si lo de Siria no ha sido más bien la guerra de una coalición de estados –incluido el ruso- en contra del ahora desaparecido Estado sirio. Guerra desatada al no coincidir los intereses de esa alianza con los del Estado sirio. Si no lo ha sido, se parecería mucho. A falta de declaración formal, bastaría la existente desde 1948 entre la Siria de entonces y un Israel miembro de esa coalición anti siria y junto con Turquía gran beneficiado del cambio de régimen estatal en una Siria en la que, como los turcos, los sionistas actúan hoy sin contrapesos locales. 

Sin pruebas de vida de Asad

También llama la atención la fecha esgrimida por el mañoso político ruso. Lavrov dice que Asad llegó a su país en diciembre de 2024. Sin embargo, medios rusos informaron profusamente que el 28 de noviembre de 2024 el Presidente sirio había ido a Moscú para pedir a su homólogo Vladimir Putin ayuda política y militar para enfrentar una ofensiva yihadista, que siguió a los avances militares de Israel en Gaza, Líbano y más allá. De ese viaje relámpago y de resultados inciertos habría vuelto a Damasco, aunque desde entonces, nunca más se supo de un Asad cuya vida Lavrov ha admitido ahora “corría peligro inminente”. Por esa amenaza no precisada en su autoría, momento y lugar, los rusos le habrían ofrecido refugio, aunque solo “por razones humanitarias”, lo que quiere decir que políticamente hace rato que Rusia había decidido la suerte de una Siria donde ha conservado sin ningún problema sus dos bases militares, negocios e influencia. Todo de la mano de sus “socios”.

A diferencia de lo ocurrido con el venezolano Maduro, al que nada más ser aprehendido en Caracas se le ha visto al menos dos veces en los Estados Unidos, en estos quince meses desde su última aparición pública los rusos jamás han ofrecido prueba de vida alguna de un Bashar al-Asad del que durante los catorce años de conflicto armado siempre se supo dónde estaba. Eso sí, los rusos ahora ya admiten que solo la amenaza directa e inminente a su vida condicionó los hechos o la versión rusa de los mismos. Aunque siguen sin ofrecer evidencias de vida ni precisan quién amenazaba directamente la del mandatario sirio, con esta versión de Lavrov los rusos desvirtúan la propaganda aparecida en medios anglo estadounidenses y reproducida profusamente en los del resto del mundo. Mensajes persuasivos sobre una inverosímil e inconsecuente espantada de Asad repetidos una y otra vez y según necesidades de un guion cambiante a tenor de la volatilidad de la situación siria, sobre todo la que tiene que ver con la seguridad.

Narguile, envenenamientos y oftalmología

Convenientemente, en estos catorce meses han aparecido inverosímiles historias en la prensa, sobre todo británica. Entre otras y sin aportar prueba alguna, la de un Asad que, aunque no fumaba, supuestamente dejó su casa rumbo a Moscú la madrugada del 8 de diciembre de 2024 después de fumarse tranquilamente un narguile, ritual sirio para relajadas situaciones de esparcimiento, no para cuando la vida corre “peligro inminente” y en “plena guerra, con intensos combates urbanos y ambiente de gran tensión”. O que en Rusia, y después de haber estado al borde de la muerte por envenenamiento en un par de ocasiones, Asad se dedica a estudiar por libre oftalmología, especialidad médica que ostenta desde que se graduó en la Universidad de Damasco y en la que se perfeccionó en Londres hace treinta años. En caso de que en Moscú su vida ya no enfrente una amenaza inminente, se dedicaría a eso y a otros hobbies al haber supuestamente perdido todo interés por jugar cualquier papel en la vida pública siria, aunque solo sea para dar su versión de los hechos para que los sirios puedan tomar decisiones por sí mismos y con toda la información posible. Qué menos. Sería su obligación dar explicaciones al haber sido 24 años y medio jefe del Estado desaparecido en diciembre de 2024 tras 78 años de existencia. Pero quién sabe. Lo único cierto es que ni a él ni a su esposa, la sunnita Asma al-Ajras, que a principios de 2024 se le diagnosticó una leucemia mientras se recuperaba de un cáncer mamario, se les ha visto, ni en Rusia ni en ninguna otra parte.  

Aunque todo sigue siendo bastante extraño, raro, ya empiezan a quedar claras algunas cosas. Si algún día los sirios pueden volver a comer sin apuros, pagar la luz, confrontar ideas en el Parlamento, superar el virus del odio étnico-sectario y tribal, prescindir de la sharia o ley islámica como principal fuente de jurisprudencia y reguladora de todos los aspectos de la vida siria, pero sobre todo decidir por sí mismos; las confesiones a medias de Lavrov podrían tener un valor para ellos. Quizás en el futuro les ayuden a conocer y a reconciliarse con la Historia y de paso superar esa “memoria” impostada construida a golpe de propaganda, censura y los imperecederos intereses imperiales de Rusia y Turquía y los de sus socios, dentro y fuera de Siria. Mumken.      

 

 

 

 

► Pablo Sapag M. es investigador y Profesor Titular de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile y de otras universidades de América Latina, Europa y Oriente Medio. Es autor de “Siria en perspectiva” (Ediciones Complutense), cuya nueva edición con lo sucedido los últimos dos años en Siria, Líbano y Palestina puede encontrarse en formato e-book (aquí ) o formato físico (aquí ).

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