últimas noticias
Tribuna y debate
viernes, 23 de enero de 2026

De la deconstrucción del conflicto a la reingeniería de la conciencia: ¿Cómo se eliminó a la Siria natural de la ecuación de la confrontación?

Por Dra. Nabila Afif Ghosn

Cuando el miedo se vuelve más fuerte que la idea, el sectarismo más fuerte que la nación y el poder más fuerte que la causa, el conflicto pierde su significado y se convierte en un mero recuerdo o un eslogan vacío.

Cuando la caída no es militar sino cognitiva

El mayor peligro que enfrenta la Gran Siria y su pueblo ya no proviene únicamente de la superioridad militar de la entidad sionista, sino de un proceso más profundo y peligroso: el desmantelamiento de la conciencia política y la redefinición de amigo y enemigo.

Lo que ha ocurrido en las últimas dos décadas no han sido meros conflictos internos o guerras civiles, sino una reestructuración integral del marco del conflicto, transformándolo de una confrontación con un claro proyecto colonial en una red de conflictos internos que consumen a las sociedades y las despojan gradualmente de cualquier rol histórico.

En primer lugar, la centralidad del conflicto se ha derrumbado y ha sido reemplazada por animosidades internas.

El conflicto con la entidad sionista siempre ha sido un eje unificador, no por ser un conflicto emocional, sino por ser una lucha por la tierra, la soberanía y la existencia. Sin embargo, lo que ha ocurrido es la descentralización de este conflicto y su reemplazo por nuevas narrativas que hacen que el "enemigo interno" sea más inmediato y peligroso que el enemigo externo.

En este contexto, la ocupación ya no es un estándar moral o político; más bien, se ha normalizado la idea de que el verdadero peligro reside en la otra secta, el otro grupo religioso o la otra etnia dentro de la Gran Siria. Así, el conflicto se transformó de confrontar un proyecto externo en guerras internas de desgaste, libradas bajo lemas contradictorios, pero todas conducentes al mismo resultado: el desmantelamiento de cualquier unidad nacional o étnica capaz de resistencia.

Segundo: La ilusión de protección y la producción de dependencia.

Cuando los grupos se ven empujados al borde del miedo existencial, resulta fácil convencerlos de que la prioridad no es la liberación, sino la supervivencia. Aquí surgió una nueva lógica: protección a cambio de abandonar la lucha.

Todo grupo, cuando se siente amenazado, comienza a buscar un patrón externo, incluso si ese patrón es parte del problema mismo.

Dentro de esta ecuación: algunos grupos se convencen a sí mismos de que la entidad sionista es un "factor de equilibrio", no un enemigo. Otros grupos ven el conflicto con ella como un lujo que no pueden permitirse.

Segmentos enteros se retiran de cualquier compromiso nacional con el pretexto de la pérdida de derechos o la ausencia de un Estado justo.

Pero el resultado no es una protección genuina, sino más bien una dependencia multifacética, donde todos son gestionados desde el mismo techo, incluso si cada parte se engaña a sí misma creyéndose una excepción.

Tercero: El islam político y el cambio de rumbo

Esta transformación no puede entenderse sin considerar el papel desempeñado por los movimientos islamistas políticos, no como un bloque monolítico, sino como un campo que ha sido infiltrado y reutilizado.

En lugar de que la religión sirviera como fuerza moral y movilizadora contra el colonialismo y la hegemonía, se redujo a conflictos de identidad internos y se transformó en una herramienta para las luchas de poder.

En este proceso, el discurso de liberación de la tierra retrocedió en favor de un discurso de victimización sectaria.

Las narrativas sectarias se amplificaron hasta el punto de la mitificación, mientras que los crímenes de la entidad sionista fueron casi completamente ignorados.

El enemigo fue redefinido como el “vecino distinto”, no como el “ocupante distante”.

Así, el conflicto con la entidad sionista dejó de ser un motor político, convirtiéndose en un asunto pospuesto o silenciado, e incluso en una carga.

Cuarto: La exclusión de los componentes naturales de Siria del conflicto

La consecuencia más peligrosa de este proceso fue la exclusión de componentes sociales enteros de la ecuación del conflicto, no solo mediante decretos oficiales, sino también mediante la marginación psicológica y política sistemática.

Cuando un grupo se siente no reconocido como ciudadano con plenos derechos, o que el Estado ya no lo representa, es fácil empujarlo hacia la neutralidad o buscar garantías externas. Así, la lucha nacional se transforma en algo que no le concierne, convirtiéndose en una carga adicional.

En este sentido, el peligro ya no se limita a los acuerdos o entendimientos, sino que reside en el colapso de la idea misma de conflicto en la conciencia colectiva de los pueblos de la Gran Siria.

Quinto: De la ocupación a la gestión del caos

Bajo esta fragmentación, la entidad sionista ya no necesita guerras totales ni ocupación directa. Basta con: gestionar el equilibrio de poder entre los grupos para que no surja la unidad; impedir la formación de una fuerza nacional unificada que trascienda sectas y etnias; y mantener niveles de armamento y conflicto suficientes para el caos, no para la liberación.

El caos aquí no es un fracaso, sino un estilo de gestión. Toda entidad débil, temerosa y dividida es una entidad controlable, independientemente de las consignas que enarbole de soberanía o resistencia.

Conclusión: La pérdida que no se mide solo por la tierra

La mayor pérdida sufrida por la Gran Siria no es solo la pérdida del Golán, ni el simple revés para la causa palestina, sino la pérdida de su brújula. Cuando el miedo se vuelve más fuerte que la idea, el sectarismo más fuerte que la nación y el poder más fuerte que la causa, el conflicto pierde su significado y se convierte en un mero recuerdo o un eslogan vacío.

Recuperar la capacidad de enfrentar al enemigo no comienza con las armas, sino con la reconstrucción de la conciencia: una conciencia que rechaza la división de las sociedades, considera la ciudadanía como un prerrequisito para la pertenencia y restaura la causa palestina a su legítimo lugar como estándar moral y político, no como moneda de cambio.

Sin esto, el pueblo de la Gran Siria permanecerá atrapado en un ciclo de conflictos internos, mientras que el verdadero enemigo solo necesita gestionar esta fragmentación y esperar sus consecuencias.

 

 

 

► La Dra. Nabila Afif Ghosn es socióloga, politóloga y psicóloga social, así como investigadora en Ciencias Sociales con décadas de experiencia en docencia académica en Sociología y Cultura en la Univ. Americana de Beirut (AUB), la Univ. Rafik Hariri y la Univ. de Artes Ciencia y Tecnología (AUL) del Líbano. Con sólida presencia en las redes y medios especializados es una intelectual de referencia sobre temáticas del Creciente Fértil.

Noticias relacionadas

  • Memoria saqueada
    Memoria saqueada
  • La intervención en Venezuela es una operación de salvamento del petrodólar
    La intervención en Venezuela es una operación de salvamento del petrodólar
  • El Centro Islámico se expide ante campaña islamofóbica en redes
    El Centro Islámico se expide ante campaña islamofóbica en redes
  • Operación Otomana: el plan secreto que cambió el mapa de Siria
    Operación Otomana: el plan secreto que cambió el mapa de Siria
Ver más
Seguinos en

Editorial

Siria y su lucha por la Independencia

Tras más de un siglo desde la caída del Imperio Otomano, posteriores décadas de imperialismo franco-británico y la permanente injerencia del Occidente colectivo sobre el destino de los estados nacionales formados en su territorio, la milenaria Nación Siria sigue luchando hoy por la auténtica independencia.

Ver más
Fachada