De Damasco a Qandahar: Alepo se despide de las Monjas Franciscanas
En un momento en que la presencia cristiana disminuye en el país y las puertas de históricas instituciones se cierran, la ciudad siria de Alepo se despide de las monjas franciscanas con más de un siglo de presencia y pierde así parte de su milenaria memoria multiconfesional.
En Alepo, una ciudad conocida por su diversidad y convivencia, se despide una institución que trasciende generaciones, en un momento en que la presencia cristiana disminuye y las puertas de varias instituciones históricas se cierran.
La partida de Alepo, de las Misioneras Franciscanas de María no es simplemente el abandono de una comunidad religiosa ni la transferencia de la administración religiosa entre instituciones eclesiásticas. Marca, más bien, el fin de un capítulo que abarcó más de un siglo de presencia, trabajo y servicio. El hecho abre, simultáneamente, un amplio abanico de interrogantes sobre el futuro de las históricas instituciones cristianas en la ciudad y en Siria en general.
Desde 1914, las monjas franciscanas habían estado presentes en Alepo, y su nombre se asoció durante generaciones con la educación, la atención y el servicio social. Con la llegada a su fin de la presencia de las religiosas franciscanas, los monjes salesianos han asumido la responsabilidad del convento y algunas de las actividades restantes.
Integrantes del tejido social
Durante más de cien años, el convento no fue solo un lugar de culto o la sede de una comunidad religiosa; fue parte integral del tejido social y cultural de la milenaria ciudad siria de Alepo. Allí se forjó la crianza de generaciones de niños y jóvenes, brindándoles educación, atención y servicios sociales, en una institución que abrió sus puertas a los más vulnerables, convirtiéndose, con el tiempo, en parte de la memoria e identidad de la ciudad.
Durante los años de guerra impuesta a Siria, mientras Alepo sufría bombardeos, destrucción y desplazamientos, la Orden Franciscana continuó su labor humanitaria, abriendo sus puertas a los desplazados y participando en la prestación de ayuda y servicios educativos y sociales. Esto reflejaba el papel histórico de las instituciones religiosas cristianas al servicio de la comunidad, trascendiendo toda división política o sectaria.
Sin embargo, este capítulo ha llegado a su fin, en un momento en que la presencia cristiana en Alepo y Siria experimenta un continuo declive debido a las oleadas de emigración, la disminución de la población y la erosión de instituciones que, durante décadas, fueron parte esencial de la vida pública: escuelas, monasterios, asociaciones y centros educativos y de servicios sociales.
La milenaria diversidad siria en peligro
Mientras se fomenta un proceso que hace a Damasco cada vez más parecida a Qandahar (Afganistán), en el marco de una ola de crímenes y odio sectarios impulsados por un oscuro proyecto de transformación demográfica del tejido social sirio, la partida de las franciscanas suscita inquietudes que van más allá del destino de una sola institución.
El declive de las instituciones cristianas no significa simplemente la partida del clero y las monjas; significa la pérdida de personal, tradiciones, memoria social e instituciones que, durante décadas, formaron parte de la identidad y la diversidad de la sociedad siria, reflejada en sus pueblos y ciudades.
La importancia de esta partida se ve acentuada por la falta de una explicación pública sobre los motivos que llevaron al fin de la presencia de la centenaria comunidad monástica en Alepo. Esta partida, que se produce en una coyuntura política y social delicada, plantea interrogantes legítimos sobre el futuro de las históricas instituciones cristianas y si las transformaciones que se están produciendo en el país conducirán a un mayor declive de su presencia y papel.
Casualmente, estos acontecimientos coinciden con las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron —quien recientemente visitó Damasco— sobre su apoyo al pluralismo en Siria y su énfasis en la importancia de revitalizar las instituciones y escuelas cristianas francófonas; una paradoja que revela la creciente brecha entre la retórica política sobre la protección de la diversidad y la realidad social que lleva a las instituciones históricas a retirarse gradualmente de las ciudades sirias.
En Alepo, una milenaria metrópoli siria, históricamente reconocida por su diversidad religiosa y cultural, la partida de los franciscanos no parece ser un hecho aislado. Cada institución que cierra sus puertas, cada escuela que decae y cada comunidad religiosa que se marcha representa la pérdida de una parte del diverso y rico paisaje que convirtió a la ciudad en un modelo de pluralismo, coexistencia e interacción entre sus diversos componentes.
Artificial transformación del tejido social sirio
En el marco presente, la partida de las monjas franciscanas no debe reducirse a un asunto puramente eclesiástico o administrativo; sino que debe interpretarse como un indicador de las profundas transformaciones que artificialmente están afectando al tejido social y cultural de Siria, al ritmo de un continuo declive de instituciones históricas que desempeñaron un papel fundamental en la educación, la atención y el servicio comunitario.
Resulta evidente que la protección de la diversidad religiosa y cultural no se logra mediante meras declaraciones y eslóganes de oportunismo político, sino garantizando auténticamente un entorno seguro, legal y social que permita a todas las comunidades y sus respectivas instituciones den continuidad a su existencia y funciones, así como protegiendo el legado histórico que han contribuido a construir durante décadas o siglos, según el caso.
Lo que hoy abandona Alepo no es simplemente un grupo de monjas, sino una memoria que abarca en más de cien años a generaciones criadas en escuelas e instituciones asociadas a su nombre, y parte de la imagen misma de una ciudad conocida por su diversidad.
¿Marcará la partida de las franciscanas simplemente el final de un capítulo histórico, o será un nuevo episodio en el proceso de continua erosión de la milenaria presencia cristiana y sus instituciones en Siria?
En un país que ha perdido parte de su diversidad merced a los años de guerra terrorista impuesta y la consecuente migración, a lo que se han sumado los crímenes de odio sectario del último año y medio contra distintas comunidades cristianas e islámicas, la desaparición de una institución histórica de tal calibre no parece un hecho pasajero, sino más bien una nueva señal de alarma sobre el futuro de un pluralismo multiconfesional y pluriétnico, que siempre ha sido una de las más destacadas características identitarias de Siria y su pueblo.
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