ONU registra casi 95.000 casos de desnutrición infantil en Gaza en 2025
Las cifras difundidas por Naciones Unidas confirman que la política de asfixia impuesta por el régimen de ocupación israelí sobre Gaza no solo destruye viviendas e infraestructura, sino que avanza deliberadamente sobre la vida de los niños, utilizando el hambre, el frío y el bloqueo como instrumentos de castigo colectivo ante la mirada impotente —y muchas veces cómplice— de la comunidad internacional.
La Organización de las Naciones Unidas alertó que durante 2025 se identificaron casi 95.000 casos de desnutrición infantil en la Franja de Gaza, una cifra que refleja el colapso total de las condiciones de vida bajo el bloqueo israelí y los efectos prolongados de más de dos años de agresión militar. La advertencia fue realizada por la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), que describió la situación humanitaria como “extremadamente grave”, agravada ahora por el invierno y la destrucción masiva de refugios.
El portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, informó que solo en el último mes las agencias humanitarias examinaron a más de 76.000 niños y detectaron 4.900 nuevos casos de desnutrición aguda, incluidos más de 820 casos severos, los más letales si no reciben tratamiento inmediato. Con estos datos, el total acumulado de niños con desnutrición aguda en Gaza durante 2025 alcanzó niveles sin precedentes, incompatibles con cualquier noción de “alto el fuego humanitario”.
El impacto del hambre se ve multiplicado por las condiciones climáticas y la devastación urbana. Más de 1,1 millón de personas necesitan asistencia urgente, mientras lluvias y tormentas continúan dañando los precarios refugios improvisados tras la destrucción sistemática de barrios enteros. Aunque se distribuyeron carpas, lonas y mantas a unas 28.000 familias, la ONU reconoce que estas soluciones son apenas paliativos frente a una crisis estructural creada por el bloqueo y la demolición deliberada de viviendas.
Los niños son las principales víctimas. Desde el inicio del cese de fuego, se repartieron más de 310.000 kits de ropa de invierno infantil y 112.000 pares de calzado, además de instalarse 150 carpas especiales como espacios seguros para la infancia. Sin embargo, estas medidas no compensan la falta de alimentos adecuados, agua potable, atención médica regular y viviendas dignas, elementos básicos negados de manera sistemática por Israel.
En el plano educativo, la situación no es menos dramática. Las agencias de la ONU lograron habilitar 18 nuevos espacios temporales de aprendizaje para 35.000 estudiantes, alcanzando un total de 440 centros educativos provisoriosque asisten a unos 268.000 niños. Aun así, Dujarric denunció que las autoridades israelíes impiden el ingreso de materiales educativos, argumentando que la educación “no es una actividad crítica” durante la primera fase del alto el fuego, una afirmación que la ONU rechazó de manera categórica.
Consultado sobre la destrucción persistente en Gaza, el portavoz fue claro: “Queremos que se detenga la destrucción de lo poco que queda”. La frase resume una realidad inocultable: mientras se habla de treguas y reconstrucción futura, el régimen de ocupación israelí continúa arrasando el territorio y empujando a la población palestina —especialmente a sus niños— a una situación de supervivencia extrema.
Casi 95.000 niños desnutridos no son una consecuencia colateral ni un accidente humanitario. Son el resultado directo de una política de castigo colectivo, bloqueo prolongado y destrucción planificada, que convierte al hambre en un arma más del genocidio en curso contra el pueblo palestino, sostenido por la impunidad internacional y el respaldo político de las potencias occidentales con EEUU a la cabeza.
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