Gaza arrasada: cifras de destrucción masiva confirman una política de aniquilamiento
Los números ya no dejan margen para eufemismos: la demolición sistemática ejecutada por el régimen de ocupación israelí en Gaza después del alto el fuego no responde a objetivos militares sino a una estrategia de devastación total, expulsión forzada y reconfiguración territorial basada en la impunidad internacional.
Más de 2.500 edificios fueron destruidos en Gaza desde octubre, es decir, un promedio de más de 40 estructuras por día en pleno alto el fuego. Así lo confirma un análisis de imágenes satelitales realizado por Planet Labs y citado por el New York Times, que documenta la eliminación completa de barrios enteros, tierras de cultivo e infraestructura básica en el sector oriental de la Franja.
Las demoliciones se concentran al este de la denominada “Línea Amarilla”, una división impuesta por Israel tras el alto el fuego, donde el ejército mantiene control total. Esa zona, que antes albergaba decenas de miles de palestinos, hoy es un desierto de escombros. En barrios como Shujaiya, las imágenes muestran un antes con manzanas urbanas completas y un después reducido a terreno arrasado, sin distinción entre viviendas, escuelas, fábricas o calles.
El impacto humano es directo y brutal. Cada edificio demolido representa familias enteras expulsadas definitivamente de sus hogares, en un contexto donde casi el 90% de la población de Gaza —más de 1.8 millones de personas— ya se encuentra desplazada internamente. La destrucción de invernaderos y tierras agrícolas profundiza además la catástrofe alimentaria: Gaza pierde capacidad de producción local mientras el bloqueo israelí impide el ingreso regular de alimentos, agua potable y combustible.
“Israel está borrando áreas enteras del mapa”, afirmó el analista político gazatí Mohammed al-Astal. “No hay ninguna justificación de seguridad. Es una demolición total, diseñada para impedir el retorno de la población palestina”. La caracterización es compartida incluso por voces del propio aparato militar israelí. Shaul Arieli, ex comandante del ejército, fue categórico: “Esto es destrucción absoluta. No es selectiva, es todo”.
Tel Aviv sostiene que las demoliciones buscan eliminar túneles de Hamas y viviendas supuestamente minadas. Sin embargo, las cifras contradicen esa narrativa: miles de estructuras civiles arrasadas sin combate activo, en zonas ya despobladas por desplazamientos forzados previos. El propio ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dejó en claro el objetivo político al declarar que las demoliciones continuarán “hasta el último túnel”, reduciendo a Gaza a un territorio inhabitable.
Desde el inicio del genocidio, funcionarios israelíes han manifestado abiertamente su intención de expulsar a la población palestina fuera de Gaza. Documentos filtrados del Ministerio de Inteligencia israelí, fechados en octubre de 2023, identificaron como “opción preferida” la transferencia completa de los más de 2,3 millones de habitantes de la Franja hacia el Sinaí egipcio. La destrucción masiva posterior no hace más que materializar ese plan.
La barbarie se complementa con proyectos de recolonización. En diciembre, el enviado estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner impulsaron un plan de reconstrucción de 11.000 millones de dólares para edificar una “metrópolis de alta tecnología” sobre las ruinas de Gaza, una propuesta que asume como hecho consumado la expulsión del pueblo palestino y la eliminación de su derecho al retorno.
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