Estados Unidos e Israel planean despojar a Jordania de la custodia de la Mezquita Al-Aqsa
Lo que durante décadas se intentó consumar por la vía de los hechos —mediante asaltos de colonos, excavaciones subterráneas ilegales y restricciones a los palestinos— ahora se busca institucionalizar mediante un acuerdo diplomático entre Washington y Tel Aviv: arrebatarle a Jordania la custodia histórica de la Mezquita Al-Aqsa y transformar el tercer sitio más sagrado del islam en un "centro multireligioso" bajo control sionista.
Estados Unidos e Israel están "trabajando activamente" para despojar a Jordania de su custodia histórica sobre el complejo de la Mezquita Al-Aqsa en Jerusalén ocupada y persiguen un nuevo acuerdo que colocaría la gestión del venerado sitio islámico en estrecha alineación con los intereses israelíes, según múltiples fuentes citadas por Middle East Eye .
La custodia jordana sobre Al-Aqsa —que es, para ser precisos, la administración de los asuntos religiosos y civiles del recinto por parte de la organización islámica del Waqf, financiada por Ammán— tiene raíces que se remontan a 1924 y fue formalmente reconocida en el tratado de paz jordano-israelí de 1994. El plan en cuestión busca liquidarla de un plumazo.
Según fuentes estadounidenses, jordanas, palestinas y árabes del Golfo, el plan está siendo impulsado por Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, y por el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee. Bajo esta propuesta, la autoridad del Waqf Islámico respaldado por Jordania terminaría abruptamente y un nuevo organismo creado por el gobierno israelí declararía la Mezquita Al-Aqsa un "centro multireligioso". Huckabee, pastor evangélico y ex conductor de televisión con una larga trayectoria como lobbysta pro-Israel, habría sido el encargado de impulsar la implementación concreta del plan desde que asumió su cargo como embajador el año pasado.
Las consecuencias prácticas del acuerdo proyectado son de una gravedad extraordinaria. Bajo el nuevo esquema, Israel tendría una injerencia determinante en el nombramiento de imanes, predicadores y altos funcionarios de la mezquita, además de intervenir en la aprobación del contenido de los sermones del viernes.
Esto significa que el régimen de ocupación israelí pasaría a controlar qué se dice, quién habla y desde qué perspectiva se predica en uno de los lugares más sagrados del islam. El plan otorgaría también a los colonos ilegales israelíes "igual acceso" al sitio y permitiría formalmente la oración judía en grupos grandes. Los funcionarios palestinos advirtieron que estas medidas representarían "una escalada peligrosa" orientada a borrar el carácter exclusivamente islámico de la mezquita.
Funcionarios estadounidenses que hablaron con Middle East Eye señalaron que la administración Trump desearía ver a la Mezquita Al-Aqsa despojada de su identidad musulmana, convirtiéndola en una atracción turística histórica que albergue a las tres religiones abrahámicas. Esta formulación —la "coexistencia" como cobertura para la desislamización— es una estrategia que el sionismo ha aplicado sistemáticamente en distintos territorios palestinos: primero se vacía un espacio de su contenido cultural y político, luego se lo rellena con una narrativa de apertura y pluralismo que, en la práctica, beneficia exclusivamente al ocupante.
Bahréin, Egipto, Marruecos y los Emiratos Árabes Unidos ya fueron informados sobre la propuesta estadounidense. Arabia Saudita, que comparte vínculos profundos con Jordania, se habría opuesto al plan. Una fuente citada por MEE describió la custodia hachemita como "una piedra angular para la estabilidad regional" y advirtió que socavarla equivaldría a socavar los mismos principios de paz en la región. Jordania, por su parte, no emitió una declaración oficial pública ante los medios, aunque un funcionario jordano señaló que la posición de Ammán sobre la mezquita "se mantiene firme" y bajo custodia jordana, reconocida internacionalmente bajo tratados y acuerdos, incluyendo el artículo 9 del tratado de paz de 1994.
El plan no surge de la nada. Durante años, funcionarios jordanos y líderes palestinos han advertido que el arreglo histórico ha sido erosionado sistemáticamente por sucesivos gobiernos israelíes y grupos de extrema derecha que buscan un mayor control judío sobre el complejo. Las tropas israelíes han asaltado repetidamente la mezquita y agredido a fieles palestinos. Los colonos ilegales, respaldados por fuerzas del gobierno, asaltan el sitio casi a diario.
El complejo también lleva años en peligro por las excavaciones subterráneas ilegales emprendidas por Israel en busca del llamado "Templo de Salomón", parte de una agenda política disfrazada de arqueología. Lo que en otro tiempo era una violación de hecho del status quo ahora pretende convertirse en una violación de derecho, con aval de Washington.
En la actualidad, más de 20.000 viviendas de propiedad palestina en Jerusalén ocupada se encuentran bajo órdenes de demolición israelíes, y medios israelíes reportan que el régimen de ocupación avanza con planes para apropiarse de propiedades palestinas en las inmediaciones de la propia Al-Aqsa. El objetivo estratégico es evidente: judaizar Jerusalén no solo en los hechos, sino en el derecho internacional, reescribiendo los acuerdos que durante décadas contuvieron —imperfectamente, pero al menos formalmente— el avance del proyecto colonial sionista sobre la capital palestina.
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