El Vaticano rechaza la “Junta de Paz” unilateral de Trump
La negativa de la Santa Sede a integrar el esquema impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump expone las tensiones en torno a un mecanismo que concentra poder en Washington y desplaza el rol de Naciones Unidas.
El Vaticano confirmó que no participará en la denominada “Board of Peace” promovida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para supervisar la administración y reconstrucción de Gaza tras meses de genocidio israelí. El anuncio fue realizado por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado y máxima autoridad diplomática de la Santa Sede, quien subrayó que el organismo no se ajusta a la naturaleza institucional del Vaticano.
“La Santa Sede no participará en la Junta de Paz debido a su naturaleza particular, que evidentemente no es la de otros Estados”, afirmó Parolin. El funcionario agregó que una de las principales preocupaciones es que la gestión de crisis internacionales “debe estar ante todo en manos de las Naciones Unidas”, insistiendo en que ese ha sido un punto central en la posición vaticana.
La iniciativa fue presentada por Trump tras el alto el fuego alcanzado en octubre pasado en Gaza. Según el mandatario estadounidense, la junta —que él mismo presidiría— tendría inicialmente la tarea de supervisar la gobernanza temporal del territorio palestino devastado por la guerra y luego ampliaría su alcance a otros conflictos globales. La primera reunión está prevista en Washington.
Diversos expertos en derechos humanos y analistas internacionales señalaron que la estructura propuesta por Trump se asemeja a un esquema de administración colonial, al colocar a una potencia extranjera al frente de la supervisión política de un territorio ocupado y arrasado por la guerra. También fue criticada la ausencia de representación palestina en la conformación del organismo, lo que refuerza la percepción de que se trata de un mecanismo diseñado sin el consentimiento del pueblo directamente afectado.
Italia y la Unión Europea anunciaron que enviarán representantes en carácter de observadores, aunque sin integrar formalmente la junta. Otros aliados occidentales de Washington han optado por mantener distancia, en medio de dudas sobre la legalidad y legitimidad del esquema.
La guerra del régimen de ocupación israelí contra Gaza ha dejado más de 72.000 palestinos asesinados, provocado una crisis de hambre generalizada y desplazado a la totalidad de la población del territorio. A pesar del alto el fuego, los ataques israelíes continúan, con nuevas víctimas civiles registradas en las últimas semanas. Múltiples expertos, académicos y una investigación de Naciones Unidas sostienen que la ofensiva constituye un genocidio, acusación que Israel rechaza mientras mantiene su política militar.
El papa León XIV, primer pontífice estadounidense y crítico de varias políticas de Trump, ha denunciado reiteradamente la situación humanitaria en Gaza y reclamado el fin de la violencia. La Santa Sede, observador permanente ante la ONU y con amplia tradición diplomática, rara vez integra órganos políticos creados por Estados individuales.
La decisión del Vaticano deja en evidencia las reservas que genera la propuesta de Trump, percibida como un intento de concentrar la conducción política de la posguerra bajo liderazgo estadounidense, desplazando el marco multilateral y el derecho internacional.
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