La revolución también es ambiental
En tiempos de crisis económica y movilización social, un grupo de activistas libaneses planta árboles por todo Beirut para transformar, también, los espacios públicos de la capital.
Durante más de tres semanas, los libaneses han salido a las calles de todo el país para mostrar su disconformidad con la esfera política y el control del poder en el país del cedro, en medio de una crisis económica que avanza.
Tras la renuncia de Saad Hariri el pasado martes, por primera vez en días, la Plaza de los Mártires quedó semi vacía. Sin ningún manifestante, una ONG libanesa siguió trabajando en la revolución. Ellos la llaman “la revolución ambiental”.
Más de diez personas retiran baldosas de concreto desde el suelo; detrás de ellos, decenas de macetas con árboles nativos libaneses esperan a ser trasplantados. Los voluntarios están dirigidos por Adib Dada, fundador de theOtherDada , una firma de arquitectura enfocada en el medio ambiente.
Debido a la privatización desenfrenada y la planificación urbana casi inexistente, Beirut tiene pocos espacios públicos y los espacios verdes corren riesgo de desaparecer. Se estima que la capital libanesa tiene 0,8 metros cuadrados de espacio verde por residente, muy por debajo de los 9 metros cuadrados per cápita recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A principios de este año, Dada y su equipo plantaron 800 árboles y arbustos en las orillas de concreto del río Beirut. “Pero este proyecto es diferente”, asegura.
"Decidimos que ya que estamos en modo revolución, tomemos estos espacios vacíos y plantemos en ellos", dijo el arquitecto.
"La forestación urbana es la mejor forma en que las ciudades tienen que lidiar con el cambio climático", explicó Dada. “Es un esfuerzo de base. Nos estamos reapropiando de nuestros espacios públicos con el tipo de vegetación que queremos, de manera sostenible ”.
El proyecto de forestación, así como otros proyectos similares para recuperar el centro de la ciudad, como el auge del arte callejero , "son todas manifestaciones de que la gente quiere recuperar este espacio", dijo Mona Harb, profesora de Estudios Urbanos y Política en la Universidad Americana de Beirut.
Sin embargo, Harb advirtió que sostener el reclamo del espacio más allá de las protestas sería un desafío, dado que el área del centro es en gran parte propiedad de compañías inmobiliarias privadas.
Dada es consciente de que las autoridades pueden deshacer el arduo trabajo de su grupo como resultado de no haber pasado por los canales adecuados, pero espera que el proyecto eventualmente sea autosuficiente y actúe a su favor.
Para Sara, una joven de 21 años que se graduó de la Universidad Americana de Beirut, su participación en el proyecto es una declaración sobre sus condiciones de vida.
"Estamos protestando por diferentes causas en el país", explicó. "No se trata solo de corrupción y economía, también se trata del medio ambiente y de las muy malas condiciones que afectan nuestra vida cotidiana".
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