Régimen israelí arrasa escuelas en el sur del Líbano y deja a medio millón de niños sin ciclo lectivo
Mientras el régimen de ocupación israelí sigue demoliendo escuelas, edificios públicos y bombardeando aldeas enteras en el sur del Líbano, más de 340.000 personas permanecen desplazadas y al menos medio millón de niños y jóvenes enfrentan un ciclo lectivo que no tiene dónde ni cómo empezar.
El inicio del año escolar 2026-2027, previsto para el 15 de septiembre, encuentra al sistema educativo libanés en una situación que la propia ministra de Educación y Enseñanza Superior, Rima Karami, calificó como "casi un milagro" de supervivencia institucional. La funcionaria reconoció que el arranque del nuevo ciclo será difícil e incompleto, pero afirmó que se trabajará para devolver a los alumnos a las aulas.
Sin embargo, las declaraciones de buena voluntad chocan con una realidad arrasada: unas 50 escuelas públicas libanesas fueron destruidas o sufrieron daños graves a causa de la guerra, y otras 200 registran deterioros de distinta magnitud. La UNESCO advirtió que la crisis podría afectar el año lectivo de al menos 100.000 niños.
Caso testigo
El caso de Aya, una joven de 18 años oriunda de la aldea fronteriza de Mais al-Jabal, en la región de Nabatieh, ilustra con nitidez el drama que atraviesan centenares de miles de familias. Desde finales de 2023, su educación no ha sido otra cosa que un encadenamiento de desplazamientos forzados y clases remotas. Después de que su familia tuviera que abandonar su pueblo, tomó clases a distancia.
Tras la guerra de 66 días entre septiembre y noviembre de 2024, volvió brevemente a un aula montada en estructuras prefabricadas. Cuando la guerra se reanudó en marzo de 2026, la familia se desplazó otra vez, esta vez a Maghdoucheh, donde cursó su último año de secundaria de manera remota. Ahora, con los bombardeos israelíes intensificándose en torno a la estratégica colina de Ali al-Taher, su familia se prepara para un nuevo éxodo, esta vez desde Kfar Jouz, donde se habían asentado tras la llamada tregua de fines de junio. Tres años de educación interrumpida, y ninguna certeza sobre las próximas semanas.
Agresión impune con centro en Ali al-Taher
La colina de Ali al-Taher se ha convertido en uno de los epicentros de la agresión israelí en el sur del Líbano. El 3 de septiembre, el ejército israelí declaró haber alcanzado el "control operacional" de un complejo subterráneo de Hezbollah construido a lo largo de dos décadas bajo esa formación montañosa, ubicada a unos 600 metros sobre el río Litani. Días después, las fuerzas de ocupación utilizaron 1.100 toneladas de explosivos para demoler el sistema de túneles. La operación, lejos de circunscribirse al supuesto "objetivo militar" declarado, provocó bombardeos sostenidos que devastaron aldeas vecinas y forzaron desplazamientos masivos en toda la zona de Nabatieh e Iqlim al-Tuffah, incluyendo a familias que apenas se habían reinstalado tras desplazamientos anteriores.
Instituciones educativas como blanco
La ministra Karami denunció que las instituciones educativas y sociales siguen siendo un blanco principal del enemigo israelí, y señaló que "esta destrucción sistemática de instituciones educativas y de cuidado demuestra, una y otra vez, que el enemigo busca dificultar el retorno a las aldeas ocupadas, porque las escuelas son centrales para que las familias permanezcan en sus pueblos". La lógica es transparente: sin escuelas no hay retorno, y sin retorno se consolida la ocupación de facto.
En julio, soldados israelíes saquearon tres escuelas en Bint Jbeil y Khiam antes de volarlas con explosivos, reduciéndolas a "pilas de cenizas", según la propia ministra. En agosto, el ejército libanés confirmó que tropas israelíes volaron una escuela pública, un jardín de infantes, una clínica de salud y el edificio municipal de Zawtar al-Sharqiyeh, localidad lindante con una de las "zonas piloto" pactadas en el acuerdo marco de junio mediado por Estados Unidos.
El drama se profundiza al interior de las propias escuelas que aún están en pie. De las casi 80 escuelas públicas que fueron utilizadas como refugio para desplazados, aproximadamente la mitad logró ser desocupada y reabrirá como centros educativos; unas 30 funcionarán parcialmente como aulas y parcialmente como refugios, y nueve siguen siendo utilizadas exclusivamente como albergues.
En la ciudad costera de Tiro, unas 200 familias viven hacinadas en una escuela pública donde los gimnasios fueron convertidos en dormitorios improvisados. En el pueblo de Srifa, los desplazados fueron trasladados de la escuela pública a una escuela privada local para liberar el espacio. En Bourj Qalaway, el Consejo del Sur planea instalar 17 aulas prefabricadas en el terreno donde estaba la escuela antes de que fuera destruida por los ataques israelíes.
La ministra Karami advirtió además que existen docentes que ya dieron clases y a quienes todavía no se les pudo pagar, y que podría haber demoras en conseguir los materiales educativos necesarios. El presupuesto del ministerio está desbordado, y las necesidades superan ampliamente los recursos disponibles.
Según la UNESCO, los ataques israelíes desde marzo desplazaron a más de 1,2 millones de personas en el Líbano, entre ellas 500.000 niños en edad escolar. Organizaciones como Save the Children, que trabajan en los refugios de Tiro, fueron contundentes. "Los niños con los que hablamos en los últimos días saben cuál es la solución. Es una solución política. No hay solución humanitaria aquí", declaró Danny Glenwright, presidente de Save the Children Canadá.
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