El invasor condiciona nuevamente su retirada del Líbano al desarme
Detrás del lenguaje técnico de las "condiciones de seguridad", el régimen de ocupación israelí construye una permanencia militar sin plazos en territorio libanés: cada exigencia declarada como cumplida es reemplazada por otra, en una mecánica que no busca garantizar fronteras sino imponer la normalización y arrancarle a un Estado toda capacidad de autodefensa.
El régimen de ocupación israelí anunció que no abandonará el sur del Líbano hasta que se cumplan requisitos que dependen únicamente de su propia decisión: el desarme de la resistencia libanesa y el fortalecimiento del Ejército del Líbano. Ninguna de sus autoridades fijó una fecha. Esa falta de plazos transforma la ocupación en un hecho abierto, sostenido sobre exigencias que Tel Aviv podrá declarar incumplidas cada vez que le convenga prolongar su presencia militar (léase: siempre).
Tres frentes, un solo plan
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, marcó el tono. Afirmó que sus fuerzas permanecerán en la autodenominada "zona de seguridad" con plena libertad de acción y que no se retirarán ni siquiera si Estados Unidos lo exige. Extendió, además, ese criterio a los territorios que Israel controla militarmente en el Líbano, en Siria y en la Franja de Gaza, donde sostuvo que sus tropas seguirán desplegadas "sin límite de tiempo". La frase revela una lógica imperial: la ocupación abandona todo carácter transitorio y se instala como un estadío permanente sobre tres estados a la vez.
Llevó esa posición al extremo al asegurar que Israel no cederá "ni un solo milímetro" antes de que la resistencia libanesa entregue sus armas. Y cuando el presidente estadounidense Donald Trump mencionó la posibilidad de una retirada, respondió con una declaración que expone el desprecio del ocupante por cualquier legalidad: "No pedimos permiso a nadie para entrar al Líbano y no necesitamos permiso para permanecer en el Líbano". Es la expresión más descarnada de una soberanía violada: un territorio ajeno se ocupa y se retiene sin más argumento que la fuerza.
A ese cuadro se sumó una nueva exigencia, esta vez desde Washington. El embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, sostuvo que las tropas israelíes permanecerán en el sur del Líbano hasta que el Ejército libanés "sea lo suficientemente fuerte como para ser la fuerza que garantice la seguridad". El dato confirma la coordinación de la intervención extranjera: es la misma potencia que financia y arma al régimen de Israel (y también al ejército libanés) la que ahora aporta el pretexto para sostener la ocupación.
El general de división retirado del Ejército libanés Abdul Rahman Chehaitli advirtió que los objetivos israelíes exceden por mucho una presencia militar. Según explicó, Tel Aviv busca un acuerdo militar y de seguridad entre ambos actores, la eliminación de todo aquello que define a Israel como enemigo y, finalmente, relaciones "como las que existen entre dos Estados cualesquiera". La ocupación, en esa lectura, es la palanca para forzar la normalización, con una reunión entre los presidentes libanés e israelí como meta central.
Chehaitli rechazó que la retirada pueda atarse al fortalecimiento del Ejército libanés, porque es el propio Israel el que obstruye el apoyo que esa fuerza necesita, y recordó que la conferencia de París terminó sin decisiones concretas. El Ejército, señaló, está plenamente preparado para cumplir sus funciones, pero no aceptará el rol de "destacamento de avanzada" que Israel le reserva: enfrentar primero a la resistencia libanesa para abrirle el camino al ocupante.
Sobre el reclamo de desarme, el militar libanés recordó que las decisiones que consagran el control exclusivo del Estado sobre las armas ya fueron adoptadas y que el Parlamento otorgó su confianza al gobierno por tercera vez, con el aval del Movimiento Hezbollah en particular. "La ocupación es el obstáculo que impide al Estado aplicar sus decisiones y asumir plenamente sus responsabilidades", afirmó. La conclusión desmonta el argumento israelí: no es la resistencia la que traba la reconstrucción institucional del Líbano, sino la permanencia de las tropas extranjeras.
Mientras tanto... más bombardeos
Mientras se discute su retirada, el ocupante no detuvo su ofensiva. En las últimas horas bombardeó Nabatieh en tandas sucesivas y, en uno de los ataques, apuntó contra los equipos de rescate que acudían al lugar; en Jiam ejecutó una gran operación de demolición y golpeó Mansouri y Kfar Tebnit, mientras su artillería castigaba los alrededores de otros pueblos del sur. Tras resultar heridos dos de sus soldados por un artefacto explosivo, responsabilizó a la resistencia libanesa y lanzó una nueva ronda de ataques.
Noticias relacionadas
-
Aoun descarta nuevas negociaciones y visita el sur del Líbano -
Régimen israelí arrasa escuelas en el sur del Líbano y deja a medio millón de niños sin ciclo lectivo -
Régimen israelí intensifica bombardeos y demoliciones en todo el sur del Líbano -
ONU advierte que 330.000 personas siguen desplazadas en Líbano
