Israel asesina civiles en Bekaa y exige negociaciones mientras ocupa suelo libanés
El régimen de ocupación israelí lleva más de 350 muertos desde el alto al fuego de noviembre de 2024, y no cesa. Bombardea mercados, edificios residenciales y campos de refugiados mientras Washington le exige a Beirut que se siente a negociar con su verdugo. La impunidad es total y la complicidad, estructural.
El régimen de ocupación israelí ejecutó en los últimos días una serie de ataques aéreos de una brutalidad inusual sobre el Valle de la Bekaa, en el noreste de Líbano, dejando un saldo de al menos 12 muertos y decenas de heridos, incluidos tres niños.
Los bombardeos impactaron las localidades de Riyaq, Bdnayel, Qasr Naba, Chmestar, Hrebta, Tamnine y Boudai, así como la cordillera de Nabi Chit y las alturas de Hermel. Un mercado en Baalbek fue parcialmente destruido. Entre las víctimas figura un adolescente sirio de 16 años, confirmó el Ministerio de Salud libanés.
Israel también atacó el mismo día el campo de refugiados palestinos de Ain al-Hilweh, en las afueras de Sidón, matando a otras dos personas. Las imágenes del lugar mostraron equipos de emergencia combatiendo un incendio entre los escombros de lo que era un edificio de apartamentos.
El portavoz militar del régimen israelí, Avichay Adraee, justificó los ataques con la retórica habitual: afirmó que los objetivos eran "centros de mando terroristas" de la unidad Radwan de Hezbollah en la zona de Baalbek. Sin embargo, como ocurre sistemáticamente, ninguna de estas afirmaciones fue corroborada de manera independiente, y las imágenes de los sitios atacados refutaron esa narrativa: edificios residenciales en llamas, un mercado destruido y víctimas civiles, entre ellas niños.
En el caso del ataque al campo de refugiados de Ain al-Hilweh, donde Israel alegó haber golpeado un "centro de mando de Hamas", la propia organización palestina rechazó la versión israelí y aclaró que el edificio atacado pertenecía a la Fuerza de Seguridad Conjunta del campo, encargada de mantener el orden entre las facciones. La descripción de "centro de mando" resultó ser, una vez más, el pretexto que Tel Aviv utiliza para atacar objetivos civiles con impunidad internacional.
Hezbollah confirmó la muerte de ocho de sus combatientes en los ataques, entre ellos el comandante Hussein Mohammad Yaghi, a quien la organización identificó con un término que utiliza con poca frecuencia, reservado para figuras de alto rango. En un comunicado, la resistencia libanesa señaló que sus miembros murieron "mientras defendían al Líbano y a su pueblo durante una traicionera agresión israelí contra la región de la Bekaa".
Mahmud Qamati, vicepresidente de la oficina política del movimiento, fue categórico en su discurso transmitido por Al Manar: "Lo que sucedió ayer en el Bekaa es una nueva masacre y una nueva agresión. ¿Qué otra opción tenemos para defendernos, para defender nuestra tierra, para defender nuestra patria? ¿Qué otra opción tenemos aparte de la resistencia? No tenemos otra."
El presidente libanés Joseph Aoun condenó los ataques calificándolos de "nueva violación" de la soberanía libanesa y de incumplimiento de las obligaciones de la ONU, e instó a los países que dicen respaldar la estabilidad regional, incluido Estados Unidos, a presionar para que haya un alto al fuego inmediato.
Por su parte, el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, fue aún más directo durante una reunión con el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier en Beirut: "Líbano y el pueblo libanés no quieren la guerra y no aceptarán la ocupación israelí de su tierra. No podemos sucumbir a estas violaciones y ataques diarios." Steinmeier, a su turno, expresó la oposición de Alemania a la ocupación israelí del suelo libanés, aunque sin compromisos concretos.
Estos ataques se inscriben en un patrón sistemático de violaciones del alto al fuego acordado el 27 de noviembre de 2024. Desde la entrada en vigor de esa tregua, más de 350 personas han muerto por fuego israelí en territorio libanés. El régimen de ocupación israelí continúa además ocupando al menos cinco posiciones estratégicas dentro del suelo soberano libanés en el sur del país, en flagrante contradicción con los términos del propio acuerdo y con la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en 2006.
Según un relevamiento citado por Al Jazeera, Israel ha violado el alto al fuego en más de 11.000 oportunidades desde su entrada en vigor, sin que ningún mecanismo internacional haya logrado frenar la agresión.
En este contexto de soberanía violada y agresión continua, Washington intensificó sus presiones para redefinir el marco de las negociaciones a través del llamado "mecanismo", el comité de monitoreo del alto al fuego liderado por Estados Unidos, que sesionó el miércoles en Naqoura tras una suspensión de aproximadamente dos meses. El objetivo de Washington no es oculto: forzar a Beirut a abandonar las negociaciones indirectas y sentarse a dialogar directamente con el Estado que la bombardea a diario.
Líbano ha rechazado esta exigencia de manera terminante, esgrimiendo razones que no admiten refutación: los ataques letales cotidianos del régimen israelí, la ocupación de territorio soberano, la ausencia de relaciones diplomáticas y la oposición masiva de la sociedad libanesa a cualquier forma de normalización.
Uno de los instrumentos de esa presión es la propuesta de crear una "zona económica" en el área fronteriza que, según reportes sin confirmar en Beirut, contemplaría representantes israelíes en su consejo de administración, lo que equivaldría a otorgarle al régimen de ocupación poder de decisión sobre territorio soberano libanés. El Estado libanés rechaza categóricamente este esquema, que entiende como un mecanismo de división interna y de provocación regional, y reafirma su adhesión a la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, que condiciona cualquier normalización con Israel al retiro de todos los territorios árabes ocupados desde 1967 y a la creación de un Estado palestino.
Mientras Beirut intenta sostener su reconstrucción institucional bajo una presión imperial sin pausa, el ejército libanés presentó ante una reunión preparatoria en El Cairo un informe detallado sobre sus necesidades operativas y logísticas de cara a la conferencia internacional de apoyo a las Fuerzas Armadas libanesas prevista para los próximos meses.
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