Hezbollah rechaza el plazo de cuatro meses para el desarme y acusa al Gobierno de servir a Israel
La decisión del gabinete libanés de fijar por primera vez un plazo concreto para avanzar en el desarme, con un cronograma de cuatro meses renovables y foco en la zona al norte del Litani hasta el Awali, abrió una crisis política en Beirut. El Movimiento Hezbollah rechazó la medida, denunció que responde a las exigencias del régimen israelí en medio de bombardeos y violaciones a la soberanía libanesa.
El Movimiento Hezbollah respondió con un rechazo categórico al cronograma fijado por el gabinete libanés para avanzar en el desarme y denunció que la medida favorece al régimen de ocupación israelí en un contexto de ataques persistentes contra el territorio libanés.
La decisión oficial, que establece un plazo renovable de cuatro meses para que el Ejército implemente el plan, profundizó la fractura política interna y generó la retirada de ministros shiitas de la sesión de gobierno.
El gabinete otorgó a las Fuerzas Armadas un plazo inicial de cuatro meses, renovable según las capacidades operativas y la situación de seguridad, para avanzar en un plan que busca concentrar todas las armas bajo control estatal, particularmente en la franja al norte del río Litani hasta el Awali, en Sidón. La medida se inscribe en una hoja de ruta presentada en agosto de 2025 y formalmente respaldada en septiembre, aunque hasta ahora no contaba con un calendario definido.
El secretario general de Hezbollah, jeque Naim Qassem, calificó la decisión como “un gran error” y advirtió que “lo que está haciendo el Gobierno al enfocarse en el desarme sirve a los objetivos de la agresión israelí”. Sus declaraciones se produjeron después de que el ministro de Información, Paul Morcos, informara que el Ejecutivo tomó nota del informe mensual del Ejército y estableció el plazo con la posibilidad de extenderlo “según las capacidades disponibles, los ataques israelíes y los obstáculos sobre el terreno”.
Desde el bloque parlamentario del Movimiento Hezbollah, el diputado Hassan Fadlallah sostuvo que “no podemos ser indulgentes”, marcando una línea de firme oposición tanto al cronograma como al enfoque general adoptado por el Ejecutivo. La sesión de gabinete estuvo atravesada por fuertes tensiones políticas y concluyó con la retirada de los ministros shiitas, reflejando la profundidad del desacuerdo.
El trasfondo de la disputa se vincula con la ofensiva israelí en el sur del Líbano, que dejó amplias zonas del sur bajo severa destrucción.
La ocupación israelí asegura que el desarme de Hezbollah es una prioridad de seguridad y sostiene que cualquier capacidad militar fuera del control estatal representa una amenaza directa.
Para el Movimiento Hezbollah, discutir el desarme mientras continúan los ataques y las violaciones a la soberanía libanesa implica debilitar la capacidad defensiva del país frente a un impune adversario con superioridad militar y respaldo de EEUU.
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