Aoun descarta nuevas negociaciones y visita el sur del Líbano
En medio de la destrucción provocada por la voladura israelí del complejo subterráneo de Ali al-Taher con 1.100 toneladas de explosivos, el presidente libanés viajó por sorpresa a Nabatieh y Zawtar al-Gharbiyeh.
El presidente libanés Joseph Aoun llegó el sábado sin previo aviso a la ciudad de Nabatieh, acompañado por el comandante en jefe del Ejército, general Rodolph Haykal, y altos mandos de seguridad. La visita, presentada por la Presidencia como un acto de "solidaridad" con los habitantes de la zona, tuvo lugar apenas dos días después de que las fuerzas de ocupación israelíes detonaran más de 1.100 toneladas de explosivos en la colina de Ali al-Taher, una operación que registró una magnitud de 4,1 en la escala de Richter.
Ante periodistas que lo abordaron durante su recorrido por la ciudad, Aoun fue categórico: "No hay nuevas negociaciones con Israel en este momento". La frase llegó horas después de que un funcionario del Departamento de Estado norteamericano confirmara a la agencia AFP y al medio Axios que la octava ronda de negociaciones entre el Líbano e Israel, prevista para la semana siguiente en Roma, había sido aplazada hasta octubre.
Las razones oficiales del lado estadounidense incluyeron las festividades religiosas judías y los preparativos para la Asamblea General de las Naciones Unidas, a los que se sumó la organización de la conferencia de París, convocada por Emmanuel Macron para el 17 de septiembre con el objetivo declarado de reforzar al Ejército libanés y ayudar a Beirut a "recuperar su soberanía". Sin embargo, una fuente libanesa cercana a las negociaciones fue más directa con el diario The National al señalar que "el momento no nos conviene", lo cual sugiere que el aplazamiento no fue solo logístico sino también político.
Aoun enumeró cuatro ejes que definió como "constantes nacionales": el retiro israelí del territorio libanés, la liberación de prisioneros, el regreso de los desplazados y la reconstrucción. Formulados así, como principios innegociables, los puntos marcan una posición que intenta diferenciarse tanto de la pasividad frente al régimen de ocupación como de la presión estadounidense para avanzar en un cronograma que, en la práctica, subordina la soberanía libanesa a la voluntad de Israel.
Las negociaciones directas con la ocupación, iniciadas con el patrocinio de Washington el 14 de abril en la capital estadounidense, desembocaron el 26 de junio en un acuerdo marco que prevé el retiro gradual de las fuerzas israelíes, el despliegue del Ejército libanés en las zonas desocupadas y el desarme de Hezbollah. No obstante, la resistencia libanesa rechaza desprenderse de sus armas, el retiro israelí se estancó, y las "zonas piloto" pactadas conviven con la realidad de una ocupación que no retrocede sino que se expande.
Desde Nabatieh, Aoun se trasladó a Zawtar al-Gharbiyeh, una de esas zonas piloto donde el Ejército libanés tiene presencia, y donde el presidente inspeccionó las unidades militares desplegadas y observó desde allí las posiciones de las fuerzas israelíes. La proximidad física entre ambos ejércitos da cuenta de lo frágil del escenario: Zawtar al-Sharqiyeh, la localidad vecina, fue escenario en agosto de demoliciones israelíes que incluyeron la voladura del edificio municipal, una escuela pública, un jardín de infantes y una clínica de salud. El propio Ejército libanés advirtió esta semana que las acciones israelíes amenazan la implementación del acuerdo marco, una declaración que, viniendo de una institución que Washington pretende convertir en garante de la soberanía en el sur, resulta particularmente significativa.
Durante su paso por el Hospital Gubernamental de Nabatieh, Aoun elogió al personal médico que sigue operando en una zona que la mayor parte de la población civil abandonó. Un residente que se acercó al presidente, captado por las cámaras de televisión locales, le transmitió un pedido que condensa el sentimiento de miles de familias: quieren sentirse seguros, quieren saber que sus hijos están a salvo tras ser atacados y desplazados.
Algunos habitantes de Nabatieh vienen reclamando que el Ejército refuerce su presencia en la ciudad para prevenir una eventual ofensiva terrestre israelí, una preocupación que se agudizó tras la caída de Ali al-Taher.
La visita de Aoun al sur cumple una función simbólica que no debe subestimarse —ningún presidente libanés había recorrido la zona desde que los bombardeos israelíes la transformaron—, pero el simbolismo tiene un límite claro. Los habitantes del sur del Líbano necesitan que la soberanía que se invoca en los discursos se traduzca en un retiro efectivo de las tropas de ocupación, en la reconstrucción de las escuelas voladas, en el retorno digno a sus pueblos y hogares.
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