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jueves, 18 de junio de 2026

EEUU firma con Irán un acuerdo que obliga a detener el asedio israelí sobre el Líbano

Por Redacción Diario Sirio Libanés

Según lo consignado por el llamado Memorándum de Islamabad, suscripto este jueves entre Washington y Teherán bajo mediación pakistaní queda expuesto como tras meses de amenazas, bombardeos y fanfarronería, la Casa Blanca termina aceptando un cese de hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano, mientras el régimen de ocupación israelí denuncia el pacto como una "traición" y prepara abiertamente su sabotaje.

El Memorándum de Entendimiento firmado electrónicamente por el presidente iraní Masoud Pezeshkian y su par estadounidense Donald Trump consta de catorce puntos y establece, en su primera cláusula, "el fin inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano". 

La fórmula obliga a Estados Unidos a retirar fuerzas del entorno iraní, levantar el bloqueo naval en un plazo de treinta días, emitir exenciones del Tesoro para la exportación de crudo iraní, productos petroquímicos y los servicios bancarios, aseguradores y de transporte asociados, liberar activos congelados y aportar, junto a socios regionales, un fondo de reconstrucción y desarrollo económico de al menos 300.000 millones de dólares destinado a Irán. 

A cambio, Washington no obtiene una sola concesión sustantiva: el compromiso iraní de no desarrollar armamento nuclear ya estaba pactado desde la administración Obama, y el programa misilístico y el apoyo a los movimientos de resistencia de la región —Hezbollah y las organizaciones palestinas entre ellos— quedan expresamente fuera del alcance del documento.

El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, anunció oficialmente la firma y precisó que el texto entra en vigor de inmediato: "Como primer paso, Irán reabrirá instantáneamente el Estrecho de Ormuz y Estados Unidos levantará de inmediato el bloqueo naval". El vocero de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, subrayó que la cláusula inicial menciona tres veces al Líbano y enfatiza el respeto a su soberanía e integridad territorial, y sostuvo que para Teherán garantizar el alto el fuego y el cese de la guerra en territorio libanés tiene la misma jerarquía que los puntos vinculados directamente a Irán. 

A partir de este jueves se abre un período de sesenta días de negociaciones técnicas en Ginebra, encabezadas por el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el vicepresidente estadounidense JD Vance, durante el cual deberá cerrarse el acuerdo definitivo.

La magnitud del retroceso norteamericano se mide en cada cláusula. Estados Unidos se compromete a respetar la soberanía y la integridad territorial de Irán y a no interferir en sus asuntos internos, ya que es Washington el que mantiene tropas, bases y portaaviones rodeando el territorio persa. 

Washington se obliga, además, a trabajar activamente por el levantamiento de todas las sanciones —de la ONU, del Organismo Internacional de Energía Atómica, primarias y secundarias—, mientras que el Tesoro estadounidense deberá emitir exenciones inmediatas para que el crudo iraní circule libremente por los mercados internacionales. 

En el punto referido al Estrecho de Ormuz, Teherán se compromete a garantizar el paso seguro de buques comerciales durante sesenta días "sin cargo alguno": un detalle que Estados Unidos celebra como concesión iraní, cuando en rigor implica que Washington reconoce por primera vez el derecho soberano de Irán a cobrar por el uso de un estrecho que antes nunca había arancelado. Cada artículo, leído en frío, es una concesión a Teherán.

Estratega de cartón

El origen de lo que a todas luces se exhibe como un bochorno para Washington, está en el grosero error de cálculo imperial de fines de febrero que termina en un fracaso. Hasta ese momento, Trump exhibía una posición de fuerza: había impuesto al régimen sionista la suspensión de los bombardeos sobre Gaza, había frenado el intercambio de misiles con Irán y se presentaba como pacificador de la región. Asesorado por los sectores más belicistas y por el propio Netanyahu, decidió en cambio abruptamente lanzar junto a Tel Aviv una ofensiva militar contra territorio iraní, convencido de que el pueblo persa derrocaría a su gobierno tras las primeras bombas. 

Lo que siguió fue lo contrario: Teherán cerró el Estrecho de Ormuz, asumió bajas con determinación política, anunció que tenía planificada la sucesión de cualquier dirigente que cayera, y simplemente resistió. Estados Unidos no se atrevió a desplegar tropas terrestres —el recuerdo de Afganistán, Irak y Libia pesa demasiado, y Trump sabía que no podía mostrar ataúdes de soldados estadounidenses en plena campaña de medio término—, el precio del crudo se disparó, las encuestas internas se desplomaron y la Casa Blanca pasó de la amenaza al pedido de negociación en cuestión de semanas.

A medida que Washington negociaba contra reloj, Trump intentó sostener la ficción de un triunfo. Anunció reiteradamente acuerdos que Irán desmentía a las pocas horas, hasta que el texto definitivo difundido oficialmente por ambas partes hizo imposible cualquier maquillaje. Funcionarios estadounidenses, citados por CNN, intentaron entonces minimizar el alcance del memorándum describiéndolo como un mero "documento político" y aludiendo a supuestos compromisos de trastienda sobre el programa nuclear iraní que el texto no recogería. La maniobra discursiva no convence a nadie: el papel firmado en Islamabad es el que rige, y consagra a Estados Unidos en el rol del agresor fallido que paga la reconstrucción del país al que pretendió bombardear.

Ira saboteadora

La reacción del régimen de ocupación israelí termina de confirmar la dimensión del descalabro imperial. Funcionarios de Tel Aviv calificaron el acuerdo como una "traición" de Trump, denunciaron que no se les permitió acceder al texto completo y, según reportes de su propia prensa, ya preparan escenarios para forzar el colapso del pacto, incluyendo la amenaza pública de un nuevo ataque contra territorio iraní. 

En el interior de la sociedad israelí crece la pregunta incómoda: para qué se libró la guerra de agresión, para qué se asesinó a miles de civiles libaneses y palestinos, para qué se violó sistemáticamente la soberanía de los Estados vecinos, si el saldo final es un Irán con sanciones levantadas, 300.000 millones de dólares en camino, activos descongelados y una potencia misilística intacta. Netanyahu, que afronta elecciones en tres meses, queda sin la cobertura política y militar que le brindaba Washington, mientras que el sostén económico estadounidense —del que depende el aparato militar israelí— se utiliza ahora como instrumento de disciplinamiento para forzar el repliegue del Líbano.

El tablero global y regional

El acuerdo se inscribe, además, en un reordenamiento global más amplio que avanza al compás de la decadencia de la máxima potencia militar mundial. El eje político-ideológico que articulaban Trump, Netanyahu, Viktor Orbán —ya derrotado en las urnas húngaras— y el presidente argentino Javier Milei atraviesa una crisis acelerada, mientras Giorgia Meloni se distancia de la deriva belicista y se realinea con el europeísmo. La consigna del secretario de Estado Marco Rubio, que prometía "retomar el poder que teníamos sobre el mundo" sin culpa y sin matices, queda hoy expuesta como bravuconada vacía. 

La firma de Islamabad desnuda la fragilidad de un proyecto imperial que pretendía reinstaurar, por la fuerza, una tutela colonial sobre el mundo árabe e islámico, y que en cambio termina firmando por escrito su propia incapacidad de doblegar a Irán por la vía militar.

Para el Líbano, el memorándum implica una oportunidad concreta de detener la agresión sostenida del régimen de ocupación israelí, recuperar la soberanía violada de manera sistemática durante los últimos años y abrir un proceso de reconstrucción institucional y material largamente postergado.

Para la región en su conjunto, el documento abre un horizonte en el que la impunidad internacional con la que operó Tel Aviv durante décadas comienza a encontrar límites políticos verificables, que de ahora en más dejarán aún más en evidencia las pulseadas internas de la actual Administración estadounidense y su real grado de sometimiento al lobby sionista local.

Mientras tanto, los pueblos de la Región Árabe y Asia Occidental, así como el resto de los pueblos del mundo, incluyendo gran parte del pueblo estadounidense, siguen observando con cautela cada paso de este proceso.

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