Impunidad sin parangón: Israel destruye el patrimonio milenario del Líbano
La sexta invasión israelí al Líbano desde 1978 está borrando del mapa sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, desde los templos romanos de Baalbek hasta la ciudad fenicia de Tiro, sin que los marcos legales internacionales de protección cultural logren frenar un solo bombardeo. Las bestias exhiben su rostro más salvaje…, total normalidad…
La agresión militar del régimen de ocupación israelí sobre territorio libanés, iniciada formalmente el 28 de febrero de 2026 como ampliación del frente de guerra abierto en la Franja de Gaza, ha alcanzado una dimensión que excede lo estrictamente bélico para convertirse en una crisis de patrimonio cultural sin precedentes en la región.
Enceguecido por su sed expansionista, el avance terrestre israelí, el más profundo en 26 años, no distingue entre objetivos militares y sitios protegidos por la legislación internacional. Templos grecorromanos, iglesias centenarias, mezquitas históricas, castillos medievales y represas de importancia ecológica han sido alcanzados por los bombardeos o directamente arrasados, según lo documentan imágenes satelitales, reportes periodísticos y los propios comunicados de la UNESCO.
El acuerdo de cese al fuego que debía regir entre el 27 de noviembre de 2024 y el 2 de marzo de 2026 resultó un chantaje. Según un informe publicado por la periodista Antonia Piñeiro en el portal ArchDaily, la evidencia de destrucción de localidades y sitios patrimoniales demuestra que nunca fue verdaderamente respetado. Desde marzo de 2026, la ofensiva se concentra en el sur del país con el objetivo declarado de controlar el territorio hasta el río Litani.
Los mapas oficiales publicados por el propio ejército israelí tras el acuerdo de cese al fuego del 17 de abril de 2026 muestran una zona de ocupación que cubre aproximadamente el 10% de la superficie total del Líbano, aunque diversas fuentes internacionales estiman que la ocupación real podría abarcar hasta una quinta parte del país. El 30 de mayo, las tropas israelíes cruzaron el río Litani por primera vez desde 2006, volando los puentes principales para aislar por completo el sur libanés, en una escalada que replica las tácticas de tierra arrasada empleadas en Gaza.
La destrucción ha golpeado con especial brutalidad a la ciudad de Bint Jbeil, donde según su propio alcalde más del 70% de la superficie urbana fue destruida y otro 20% sufrió daños parciales. Otros distritos gravemente afectados incluyen Nabatieh, el distrito costero de Tiro, la zona fronteriza de Marjayoun y, más recientemente, el valle oriental de la Bekaa.
Uno de los episodios de mayor carga simbólica ocurrió el 30 de mayo, cuando el ejército israelí tomó el Castillo de Beaufort, una fortaleza medieval ubicada en una colina estratégica cerca de Nabatieh, bajo el argumento de que se trataba de un bastión militar vinculado a Hezbollah. Se trata del mismo castillo que el régimen de ocupación capturó en 1982 y mantuvo bajo su control durante 18 años. El sitio había recibido en 2024 el máximo nivel de protección otorgado por la UNESCO, dentro de un listado que incluye cinco castillos de la región del Monte Amel, reconocidos como ejemplos notables del intercambio cultural y arquitectónico en el Cercano Oriente durante el período medieval. Pese a esa protección, fue bombardeado el 27 de mayo, tres días antes de su captura.
El caso de Tiro, la cuarta ciudad más grande del Líbano, ilustra con claridad la magnitud del ataque contra el patrimonio cultural libanés. Esta ciudad de 5.000 años de antigüedad, que fue el centro más importante del comercio marítimo y terrestre del Mediterráneo oriental en la época fenicia, viene siendo bombardeada de forma intermitente desde octubre de 2023. Los ataques aéreos han impactado a menos de 50 metros de las ruinas arqueológicas de época romana.
El 30 de mayo, el régimen de ocupación ordenó la evacuación masiva de la ciudad, desplazando a 160.000 personas y golpeando directamente sitios protegidos por la UNESCO. En Baalbek, los edificios otomanos cercanos al complejo de templos también fueron alcanzados en 2024. El sitio, que comprende templos de tradición grecorromana con vestigios aún más antiguos de origen fenicio, es considerado por la UNESCO un conjunto monumental de valor artístico excepcional.
La destrucción no se limita a los grandes sitios turísticos, la espiritualidad tanto islámica como cristiana del Líbano ha sido blanco preferencial de la agresión del régimen sionista: la Iglesia de San Jorge en Derdghaya, la Iglesia de San Jorge en Yaroun, la Mezquita de Kfar Tibnit y la Mezquita de Yaroun fueron bombardeadas en 2024, junto a numerosos santuarios menores. El 30 de mayo, la aviación israelí volvió a atacar Yaroun, dañando la cúpula de la histórica Iglesia de San Jorge.
A estos casos se suman el Castillo de Tibnin, el Castillo de Shamaa y la Qubbat de Duris, entre otros ejemplos de arquitectura medieval afectados. El daño abarca un arco patrimonial de milenios de historia: fenicio, romano, bizantino, cruzado y otomano. El bombardeo a la represa de Qaraooun en el valle de la Bekaa añade además un riesgo ecológico de enorme gravedad, con la posibilidad de inundación de toda la región circundante.
Bienvenidos a la Ley de la Selva
Frente a esta devastación, la comunidad internacional ha respondido con gestos de alcance limitado. Tras la solicitud formal del Líbano, la UNESCO otorgó protección reforzada provisional a 39 propiedades culturales, sumadas a las 34 que ya habían sido protegidas en 2024, y ha trabajado junto al Ministerio de Cultura libanés y la Dirección General de Antigüedades en el resguardo de colecciones arqueológicas y museísticas. En paralelo, el organismo realiza monitoreo satelital de sitios patrimoniales.
Sin embargo, como señala el propio reporte de ArchDaily, estos esfuerzos, aunque significativos en términos políticos y simbólicos, no han tenido ningún efecto disuasorio visible sobre la agresión militar. En un mundo en el que EEUU y sus aliados avanzan diariamente en la imposición de la “Ley de la Selva”, los impunes y brutales bombardeos israelíes sobre sitios protegidos continúan, dejando en evidencia que el marco jurídico internacional de protección cultural carece, hasta el momento, de capacidad real para detener la destrucción sobre el terreno.
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