Convocatoria popular busca acabar con la ocupación e imponer el derecho de retorno al Sur libanés
El llamamiento popular a dirigirse a Nabatieh bajo el lema "La tierra es nuestra" refleja la creciente indignación en el sur libanés contra la ocupación israelí y la disminución de la confianza en las soluciones oficiales.
Ante la continua agresión israelí contra el sur del Líbano y la expansión de la ocupación de los territorios meridionales, los llamamientos populares a la acción sobre el terreno se están intensificando, en particular el del grupo "La tierra es nuestra" para dirigirse a la ciudad de Nabatieh, un paso que refleja un cambio en el sentir popular: de la espera a la confrontación con ideas y voces, y de la dependencia del Estado al intento de imponer una nueva ecuación sobre el terreno.
El movimiento de autoconvocados, iniciado solo por dos jóvenes, rápidamente obtuvo un masivo respaldo, adquiriendo un carácter colectivo que reflejaba la ira acumulada de las personas desplazadas, atrapadas entre la agresión constante y la casi total ausencia de autoridad estatal.
La convocatoria especifica la mañana del martes 16 de junio como la hora de concentración en Zahrani, para luego dirigirse a la estatua de Sabbah en la ciudad de Nabatieh y marchar hacia el edificio del gobierno municipal. Esta ruta tiene un peso simbólico que trasciende la mera protesta, representando un intento de romper el bloqueo impuesto a la región.
Los organizadores no ocultan los riesgos que rodean al movimiento, dadas las amenazas de la ocupación y sus constantes ataques contra cualquier movimiento civil en el sur. Sin embargo, el mensaje fue claro: «Salimos con el torso desnudo y una determinación inquebrantable, portando nuestra voz y nuestro derecho, y le decimos al mundo que el pueblo de esta tierra sigue aferrándose a ella, y que regresar a ella es un derecho inalienable que no se perderá con el tiempo». Esto indica que el movimiento se basa en la opción de la resistencia pacífica, aunque el precio sea alto.
El movimiento impulsado por la organización “La Tierra Es Nuestra” establece objetivos inmediatos, principalmente «quebrar el bloqueo» y reivindicar el derecho al retorno a las aldeas, junto con demandas políticas relacionadas con un alto el fuego, la retirada completa del invasor israelí y la reconstrucción. Asimismo, hizo un claro llamamiento a las fuerzas de seguridad y militares libanesas para que apoyen a la ciudadanía y brinden protección a este movimiento, en una nueva prueba para la posición del Estado entre sus obligaciones internas y las presiones políticas derivadas de la situación sobre el terreno.
Mientras tanto, los testimonios de los participantes reflejan la magnitud de la brecha entre los ciudadanos y las autoridades. Uno de ellos declaró: «El Estado vende falsas ilusiones sobre negociar por el Sur y esforzarse por expulsar al enemigo de nuestra tierra, pero en realidad, nos ha vendido al enemigo israelí. Además de expulsar al ocupante, acordó en Washington expulsar a los sureños. Que el Presidente de la República y el Primer Ministro sepan que permaneceremos en esta tierra mientras haya tomillo y olivos, mientras haya plántulas de tabaco y espigas de trigo, pero ellos se irán, y la historia los condenará por toda la eternidad».
Otros vieron la medida como una "última oportunidad" para presionar al Estado a cambiar su postura. Estas posiciones son inseparables de la experiencia de los últimos meses, durante los cuales se ha arraigado la convicción generalizada de que la respuesta oficial no ha estado a la altura de las circunstancias.
Memoria de la liberación
La esperada movilización civil evoca, en su trasfondo, experiencias pasadas de resistencia popular contra la ocupación, sobre todo lo ocurrido en la ciudad de Arnoun en 1999, cuando los activistas lograron romper el cerco e imponer una nueva realidad. También resurge el discurso del mártir Sayyed Hassan Nasrallah, en el que enfatizó que la decisión de regresar a las aldeas no corresponde a la ocupación, sino al propio pueblo de la tierra.
Hoy, la escena se repite bajo una forma distinta, pero con el mismo significado: una lucha por la tierra y la toma de decisiones. Entre un Estado ausente o vacilante y una ocupación que impone su realidad por la fuerza, los “hijos de la tierra” se movilizan para intentar redefinir los límites, aunque ello deba ser a través de un camino plagado de peligros.
En conclusión, esta medida no puede separarse de un contexto más amplio de cambios en el sentir del pueblo del sur, donde la acción popular prima sobre la espera, y se plantea nuevamente la cuestión fundamental de: quién decide sobre la tierra y quién determina el momento del retorno.
La respuesta a esta interrogante, según sugiere este movimiento popular, ya no se puede posponer.
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