Librería Finistres: la cultura como espacio de diálogo y resistencia
Entre libros ultrajados en Barcelona, una escritora silenciada durante una ceremonia en Frankfurt, festivales suspendidos, discursos modificados, artistas de todo el mundo censurados, cuestionados y perseguidos y bibliotecas reducidas a escombros, existe una única disputa: quién tiene derecho —y quién no— a producir, conservar y difundir la memoria que permite, a través del arte, visibilizar el padecimiento de toda la nación palestina.
Para empezar, la cultura palestina no existe solamente en los territorios donde se desarrolla el genocidio, sino que también sobrevive en una novela, en un poema, en una biblioteca, en un living comedor o en una película proyectada en un festival veneciano. El poder de la palabra, que asusta a los victimarios más que los 78 años de ocupación y exterminio, es otra de las caras que suele tener la cobardía.
En mayo de este año la librería Finestres Palestina abrió sus puertas en Barcelona. Ubicada en el barrio catalán de Gràcia, el espacio reúne unos cuatro mil libros en castellano, catalán, árabe, inglés y francés. Entre los títulos que se encuentran hay literatura, ensayo, poesía, arte, narrativa, teatro, gastronomía, cómics y literatura infantil, además de títulos sobre colonialismo, derechos humanos, lengua árabe y procesos opresivos y de liberación.
El poder de la palabra
La historia de Finestres y los libros sobre Palestina ya había quedado marcada por un episodio de vandalismo en junio del año pasado cuando una persona arrojó deliberadamente café sobre una treintena de ejemplares. En ese sentido, Sergi Ferrer-Salat, presidente de las Fundaciones Ferrer, conjunto en el que se engloba la Fundación Finestres, sostuvo que si el sionismo “controla el relato, nosotros contribuimos a la toma de conciencia colectiva”.
Las cámaras de seguridad registraron el ataque. Entre los libros dañados estaban La insumisa de Gaza, de Asmaa Alghoul y Sélim Nassib; El mundo después de Gaza, de Pankaj Mishra, e Historias de Gaza, de Mikel Ayestaran. La librería denunció el hecho ante las autoridades y lo calificó como un ataque contra la libertad de expresión y la voz del pueblo palestino. Pero, además, dejó entrever el incansable compromiso opresor contra las voces que se alzan contra el colonialismo.
En ese sentido, la directora ejecutiva de la UNRWA, Raquel Martí advirtió que en este momento de “desinformación y noticias falsas, es fundamental tener un lugar para profundizar en la historia de Palestina. Descubrir no sólo su sufrimiento, sino su riqueza cultural”.
Lo que parece un hecho menor, no lo es
Para dimensionar el asunto, cualquier hecho relacionado con el genocidio a cielo abierto más cruel de la historia reciente, adquiere una nítida dimensión apenas se nota toda una serie de hechos ocurridos en instituciones culturales de distintos países. En los últimos años, escritores, exposiciones, festivales, conferencias y debates relacionados con la causa Palestina fueron cancelados, postergados o sometidos a presiones. En ese sentido, estrellas de Hollywood (el reino de la escena publicitaria sionista) como Mark Ruffalo, Javier Bardem, Emma Stone y Susan Sarandon, entre otros, alzan constantemente la voz ante la inevitable exposición digital de la suerte que corren, día a día, los habitantes de Palestina ocupada.
Palestina duele, también asusta
La discusión no se limita a la censura estatal, también involucra universidades, editoriales, instituciones culturales, patrocinadores y organizadores de eventos. Uno de los casos más conocidos fue el de la escritora palestina Adania Shibli que, en 2023, debía recibir el premio LiBeraturpreis por su novela “Un detalle menor” . La distinción fue postergada luego de la respuesta a la opresión el 7 de octubre de aquel año, donde la eterna victimización israelí utilizó como pretexto para el asesinar a más de veinte mil niños palestinos en los últimos tres años. La suspensión de la ceremonia provocó una importante reacción internacional con una carta firmada por más de mil quinientos escritores entre los cuales se encontraban, Annie Ernaux (Nobel de Literatura 2022), Abdulrazak Gurnah y Olga Tokarczuk.
La novela de Shibli , aclamada por la crítica, quedó en el centro de una discusión sobre los límites entre la crítica literaria, la representación de la violencia y la censura cultural.
En 2024, el teatro HOME de Manchester canceló inicialmente el encuentro literario Voces de la Resiliencia (Voices of Resilience), dedicado a las experiencias de palestinos que habían escapado de Gaza. Los organizadores dijeron que el teatro había alegado cuestiones de seguridad. Después de que cerca de un centenar de artistas retiraran sus obras de una exposición como protesta, el establecimiento no tuvo más alternativas que restituir el evento.
En Australia, la State Library Victoria suspendió talleres de escritura para adolescentes en los que iba a participar el poeta Omar Sakr, conocido por sus expresiones públicas de apoyo a Palestina. La institución invocó cuestiones de "seguridad infantil y cultural", pero los trabajadores de la biblioteca denunciaron que el caso no se trataba más que de censura y discriminación.
La situación llegó a un extremo todavía más visible en 2026, cuando la Semana de los Escritores de Adelaide (Adelaide Writers' Week ) fue cancelada después de que más de 180 escritores y participantes se retiraran en protesta por la exclusión de la escritora y académica australiana-palestina Randa Abdel-Fattah. Los organizadores habían justificado la decisión por "sensibilidades culturales". Dicha censura terminó con la renuncia de la directora del festival y de la junta directiva.
La disputa también ha alcanzado a escritores que no viven en Palestina. La escritora palestino-estadounidense Susan Abulhawa presentó una denuncia por discriminación contra la Oxford Union después de que, según sus abogados, la institución modificara la grabación de un discurso suyo pronunciado en 2024 durante un debate sobre Israel y Palestina. El Centro Europeo de Soporte Legal (ELSC) sostiene que fueron eliminadas partes sustanciales de su intervención.
Libros, instituciones y espacios culturales como blanco
Para no dejar de lado la dimensión más devastadora de la ofensiva contra la cultura palestina en la Franja de Gaza, los informes de la ONG PEN America y organizaciones de bibliotecarios documentaron la destrucción de bibliotecas, archivos, universidades, editoriales, imprentas, librerías y otros espacios culturales en la zona.
El informe titulado “Todo lo perdido” (All That Is Lost ) señaló que la campaña militar israelí provocó la destrucción total o parcial de todas las universidades, centros de educación superior de Gaza y al menos once bibliotecas. También documentó la destrucción de editoriales, imprentas y librerías, entre ellas la conocida librería Samir Mansour .
La organización Bibliotecarios y Archivistas con Palestina (Librarians and Archivists with Palestine ) documentó la destrucción completa de la biblioteca Diana Tamari Sabbagh, en el Centro Cultural Rashad al-Shawa, donde se perdieron decenas de miles de libros.
Asimismo, el mencionado informe recuerda que la pérdida cultural palestina no comenzó en 2023 y menciona el saqueo de unos 30.000 libros y manuscritos palestinos durante la Nakba de 1948 y la confiscación de archivos de la Organización para la Liberación de Palestina durante la invasión israelí del Líbano de 1982.
El frente audiovisual
La 83ª edición del Festival de Cine de Venecia, uno de los más prestigiosos de Europa y el mundo, se vio conmocionada días atrás luego de la proyección del film “NAZA” , de los documentalistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, integrantes del equipo de la premiada No Other Land .
Filmado de manera clandestina, NAZA (acrónimo en hebreo de “daños colaterales”) reúne testimonios anónimos de veinticuatro soldados y miembros de los servicios de inteligencia israelíes y examina los sistemas utilizados para seleccionar a civiles palestinos como objetivos habilitados en la Franja de Gaza.
El estreno produjo un fuerte impacto político y cultural. El público de la Sala Grande ovacionó la película durante 25 minutos, una de las recepciones más prolongadas registradas en el festival. Además, el registro fue galardonado con el Premio Especial del Jurado, escaso reconocimiento según los críticos, ya que se esperaba también el “León de Oro”, para la producción del mismo. Sin embargo, al recibir el premio, Abraham subrayó que “la destrucción de Gaza había sido documentada desde el comienzo por periodistas palestinos” y denunció que muchas de esas voces habían sido silenciadas.
Como era de esperarse, la réplica del aparato sionista fue inmediata. El primer ministro del régimen israelí Benjamin Netanyahu, prófugo de la justicia internacional luego que la Corte Penal Internacional (CPI) pidiera su detención en 2024 por crímenes de guerra , calificó a NAZA de "incitación" y la vinculó con el “antisemitismo internacional”. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, cuestionó la película y pidió investigar posibles filtraciones de información. El ministro de Cultura, Miki Zohar, llegó a reclamar que los directores fueran despojados de su ciudadanía. En paralelo, manifestantes y sectores de la derecha israelí pidieron sanciones contra los cineastas y se registraron amenazas contra ellos.
En tanto, los realizadores defienden la película como una investigación periodística basada en testimonios confidenciales y sostienen que las revelaciones merecen ser conocidas por la sociedad israelí y global.
Esto sucede en paralelo con la vergonzosa desvinculación del telonero principal de la gira internacional del artista musical Ed Sheeran, Macklemore y el posterior abandono de la gira por parte de otros artistas como Aaron Rowe, Lukas Graham, Finneas y Beoga quienes abandonaron el tour en solidaridad con el reconocido rapero. Sobre esto, más un pobre pedido de disculpas de Sheeran y una tibia justificación social, sigue sobre la mesa el poder que tiene la palabra como un válido modelo de expresión.
Palestina duele, todos los días. Sin embargo, cada vez son más aquellos que, a pesar de cancelaciones, persecución mediática y censuras internacionales, levantan la voz en nombre de un pueblo, avasallado y sometido por décadas a un proceso de invasión y colonización de su tierra, al que también buscan sesgarle su cultura, precisamente por ser el terreno donde su causa exhibe la justa esencia de su lucha y por ello encuentra una ejemplar solidaridad de alcance global.
Palestina libre, desde el río hasta el mar.
► Manu Campi es periodista de investigación, cronista, escritor y conductor de radio. Investigación exclusiva para DSL.
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