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miércoles, 25 de marzo de 2026

Ministro de la ocupación exige anexar el sur del Líbano

Por Redacción Diario Sirio Libanés

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, expresó públicamente lo que el régimen de ocupación israelí practica en silencio desde hace décadas: la intención de borrar las fronteras internacionales reconocidas y apoderarse del sur del Líbano, sus tierras y su agua. El proyecto colonialista del "Gran Israel" avanza al amparo de una guerra de agresión y de complicidad calculada de las grandes potencias.

El ministro de Finanzas del régimen de ocupación israelí, Bezalel Smotrich, afirmó públicamente este 23 de marzo que Israel debería extender sus fronteras hasta el río Litani, anexando el territorio libanés comprendido al sur de ese curso de agua, mientras las fuerzas de ocupación intensificaban simultáneamente sus bombardeos sobre puentes y viviendas civiles en la región.

"Dije aquí definitivamente... en cada habitación y en cada discusión, también: la nueva frontera israelí debe ser la Litani", declaró Smotrich en un programa de radio israelí. La frase no fue dicha en el fragor de un debate sino con la frialdad de quien enuncia una política de Estado. El ministro agregó que la campaña militar en el Líbano "necesita terminar con una realidad completamente diferente, tanto con la decisión de Hezbollah como con el cambio de las fronteras de Israel", dejando en claro que la destrucción de la resistencia libanesa y la anexión territorial son, para su gobierno, dos caras de la misma moneda.

El Litani es el río más importante del Líbano. Nace en las montañas del este del país, atraviesa el territorio en dirección oeste y desemboca en el Mediterráneo. No es solo una referencia geográfica: es la principal fuente de agua dulce de un país que históricamente ha padecido la codicia hídrica israelí. El área comprendida entre el río y la frontera sur abarca unos 850 kilómetros cuadrados y es habitada por cerca de 200.000 personas, comunidades con historia, identidad y pertenencia a una tierra que el régimen de ocupación pretende vaciar y absorber.

Esta pretensión no es nueva . Israel invadió el Líbano en 1978 y nuevamente en 1982, en ambos casos con la proyección implícita de controlar esa franja sur y sus recursos hídricos. Entre 1982 y el año 2000, las fuerzas de ocupación mantuvieron presencia militar en el territorio libanés, hasta que la resistencia encabezada por Hezbollah logró forzar una retirada. 

Ese hecho histórico (la liberación del 2000) sigue siendo una herida abierta para la dirigencia extremista israelí, que nunca abandonó el objetivo de robar lo que en su visión expansionista considera suyo en sus aspiraciones imperiales del llamado "Gran Isael" desde el Éufrates al Nilo (es decir toda la Siria Natural que comprende los modernos: Siria, Líbano, Jordania, Palestina, medio Irak y una porción norte de Arabia Saudita más el Sinaí egipcio).

Lo que Smotrich formula como consigna política, el ejército israelí lo traduce hoy en destrucción sistemática. Desde el 2 de marzo, cuando el régimen de ocupación amplió su campaña de invasión terrestre y aérea en el Líbano —días después de lanzar una guerra junto a los Estados Unidos contra Irán—, los bombardeos han matado a más de 1.000 personas y desplazado a cientos de miles. 

Pueblos, rutas, puentes e infraestructura civil son destruidos con una lógica que trasciende la táctica militar: se trata de hacer el territorio inhabitable para sus pobladores y de cortar el sur del país del resto del Líbano. En particular, el ejército israelí ha procedido a demoler los puentes y pasos sobre el Litani, buscando aislar físicamente la zona que se pretende usurpar.

En ese contexto, los habitantes que se niegan a abandonar sus hogares quedan atrapados en condiciones de emergencia. Hanna Amil, alcaldesa de Rmeish, ciudad fronteriza de mayoría cristiana, describió la situación con crudeza: "Una o dos veces a la semana, un convoy del ejército libanés nos acompaña mientras tratamos de obtener bienes básicos de áreas cercanas." Y agregó: "Ya, no tenemos electricidad estatal, ni agua, y tenemos escasez de diésel. Si todas las rutas hacia el norte se cortan, quién sabe lo que podría depararnos el futuro." 

Las palabras de Amil condensan lo que la burocracia internacional prefiere llamar "crisis humanitaria", eufemismo que oculta lo que es en realidad una política de flagrante vulneración de la legalidad internacional mediante el vaciamiento forzado de la población y la impune usurpación de soberano territorio libanés.

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