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miércoles, 12 de abril de 2017

Golpe a Trump y a la seguridad mundial en Siria

Por Pablo Sapag M. (*)

La enésima crisis sobre el supuesto uso de armas químicas en Siria tiene un destinatario y no se llama Bashar Al Asad. Quien sale perjudicado en realidad es el presidente de EEUU y de paso la seguridad mundial. 

Desde antes de asumir el cargo, Donald Trump había dejado clara su voluntad de cambiar la peligrosa e ineficaz política intervencionista y desestabilizadora en Siria de su antecesor Obama.

Había dicho varias veces que en interés de la seguridad mundial el enemigo principal en Siria solo podía ser uno: el terrorismo del autro-proclamado Estado Islámico, la marca de Al Qaeda en Siria, Jabhat al Nusra y otros grupos etiquetados irresponsablemente por Obama y sus socios europeos como “rebeldes moderados”.

Ya en la Casa Blanca el mensaje fue reiterado y se abrió un canal de comunicación con Damasco a través de la representante demócrata en el Congreso de los EEUU, Tulsi Gabbard, quien llevó una carta personal de Trump a Bashar Al Asad.

Este respondió en el acto proporcionando a la congresista una vía telefónica abierta 24 horas para que Trump pudiera contactarlo. El estadounidense ya lo ha hecho. Le ha lanzado 75 millones de dólares en misiles cargándose así la única política medio seria que había iniciado desde que llegó a la Casa Blanca.

A pesar de no ser proclamada mediáticamente, en las últimas semanas la marcha atrás de Washington era evidente. En febrero EE UU congeló la ayuda financiera a muchos de los grupos que también usan el terrorismo y que operan precisamente desde la provincia noroccidental siria de Idlib.

Ello suponía el principio del fin de esas organizaciones que sin la ayuda financiera y de otro tipo de las potencias occidentales, las monarquías absolutas del Golfo y el régimen islamista turco no habrían existido. En realidad el episodio actual tiene más que ver con la necesidad de eliminar pruebas de esa colaboración por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses que Trump no ha sabido purgar.

Otra muestra del deshielo era el acuerdo alcanzado por fuerzas kurdas apoyadas por EEUU para ceder el control de varias localidades en el norte de Siria al Ejército regular sirio, impidiendo así que cayeran en manos de los yihadistas que apoya Turquía, incluso con fuerzas sobre el terreno.

En lo que se refiere al episodio en sí, resulta especialmente sospechoso. Primero porque Siria no tiene armas químicas. Fueron totalmente desmanteladas a partir de finales de 2013 cuando Siria se adhirió al tratado que las prohíbe. La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC) ha certificado oficialmente ese desarme y el cumplimiento de Siria de todas sus obligaciones en ese sentido. Con este oscuro suceso no es a Siria a la que se denuesta, es a esa organización internacional.

Por otro lado, el uso de armas químicas lanzadas desde el aire –en Idlib no hay presencia del Ejército regular sirio desde marzo de 2015- no provoca entre 55 y 70 muertes, sino cientos o miles. En caso de haberse usado, los miembros de la organización vinculada a Jabhat al Nusra, “Cascos Blancos”, difícilmente habrían podido estar moviéndose inopinadamente y sin equipos de protección adecuados entre las víctimas, como revelan las fotografías del supuesto ataque que con fines propagandísticos se han difundido profusamente.

Los agentes químicos de ese tipo de armamento se mantienen en suspensión aérea en el lugar de los hechos varias horas sino días. Si a eso se le suma que en la trama mediática del hecho encabezada por los desacreditados y hollywoodienses “Cascos Blancos”, también participa activamente el igualmente oscuro “Observatorio Sirio de los Derechos Humanos”, la credibilidad de esta acusación es nula.

Por último y desde una perspectiva puramente lógica, poco o nada ganaba Siria lanzando un ataque así en este momento, en el que se impone con claridad en los frentes críticos del conflicto armado. Tampoco cuando según reveló a quienes recientemente lo visitaron en Damasco y el tono de sus declaraciones, el presidente Asad estaba receptivo a contribuir a que EEUU pudiese salvar la cara tras su desastrosa política en Siria.

En cuanto a la versión rusa, no sería la primera vez que un arsenal de los grupos armados es atacado y libera sustancias químicas. Ha ocurrido varias veces a lo largo de la crisis siria.

Pese a todo Trump ha demostrado no estar al mando de los EEUU. Ha caído en la trampa que le han tendido sus propios servicios de inteligencia y sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, ha ordenado un estúpido e inútil ataque a una base aérea Siria.

Consigue con eso excitar a los medios de propaganda que alineados gratuitamente con la comunidad de inteligencia de EEUU le han hecho, en solo tres días, seguir el guión marcado. Peor incluso que Obama.

Se carga así lo único que había hecho bien dese que llegó a la Casa Blanca y lanza un peligrosísimo mensaje a los terroristas: el presidente de EEUU se cree cualquier mascarada que monten o les monten. En Siria y fuera de ella.

Por ahora, además de las víctimas reales de un hecho no aclarado, posiblemente deformado y explotado con fines propagandísticos, el gran perdedor es Trump y las modestas expectativas abiertas de que pudiera remitir un intervencionismo que tanto daño ha hecho a Siria, a su pueblo, pero también a un mundo que es hoy mucho más inseguro que ayer. A quienes le mueven los hilos en Washington y a los terroristas a su servicio, Trump los ha hecho grandes otra vez.

 

(*) Pablo Sapag M. es profesor-investigador de la Universidad Complutense de Madrid.

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